
A rey muerto, rey puesto


En un dramático giro en su política respecto a Iraq, el Presidente norteamericano accedió a concretar fechas para retirar más tropas de la nación árabe. El inesperado anuncio se produjo en los momentos en que el candidato demócrata, Barack Obama, partía hacia tierras afganas, en un periplo por países del Medio Oriente y Europa y, Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, arribaba, por tercera vez al territorio iraquí, desde que asumió el cargo en junio del 2007.
Obama, con sus visitas a Afganistán, Iraq, Jordania, Israel, Alemania, Francia y Gran Bretaña trata de "mejorar sus credenciales" en política exterior, sector en el que, junto a los aspectos relativos a la seguridad nacional, se le atribuye falta de experiencia.
Les faltó al senador negro y a Brown una cita, previa, en las islas Azores, donde se planeó la guerra contra Iraq; pero, ya se verán en Londres.
Gran Bretaña, que es el más fiel aliado de Estados Unidos en las aventuras de conquista del Medio Oriente, entre otras, está ajustando el colimador en los umbrales de las elecciones presidenciales de noviembre.
Pero, cabe la pregunta: ¿A quién beneficia la decisión de "Dirty Bush" de una retirada de tropas de Iraq, a la cual se había opuesto con terquedad?
Lo primero que debemos tomar en cuenta, a la hora de adelantar algunos criterios, es que todo cuanto se diga o se haga, en los próximos meses, tendrá un insoportable tufo electoral.
Aunque se insiste en que la decisión del mandatario norteamericano complica el panorama para ambos candidatos presidenciales, me atrevería a decir que la medida se inclina por su seguidor republicano, quien, por razones obvias, se mantiene a cierta distancia de su tutor, como Obama de su ex guía espiritual.
Se podría pensar que el cambio de la hoja de ruta de Bush podría beneficiar a Barack Obama, quien ha abogado por una retirada de las tropas de Iraq en un plazo de 16 meses, cuando el republicano McCain ha defendido, a lo largo de su campaña, mantener la presencia militar en el país mesopotámico.
Hasta se podría pensar que esta tesis estaría respaldada por las declaraciones del Primer Ministro iraquí, Nuri al-Maliki, quien en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel y publicada el sábado, afirmó que apoyaba la propuesta del aspirante demócrata a la Presidencia de Estados Unidos respecto a la retirada de las tropas estadounidenses, que calificó como un "cronograma perfecto".
Si bien es cierto que es la primera vez que Maliki apoya un calendario para el retiro de los soldados, advirtió que sus comentarios no representaban un respaldo a la candidatura de Obama.
Maliki, que las tiene bien feas con la indeseable presencia de militares invasores, cuestionado hasta por muchos de sus seguidores, mataría así dos pájaros de un tiro: se mantendría con todo el apoyo de Estados Unidos y sus aliados, y calmaría un tanto los ánimos de quienes lo condenan por querer entregar la soberanía del país a una potencia extranjera.
Con paso apresurado, Barack Obama afirma que McCain sólo ofrece una extensión de la política bélica de Bush, con la prolongación de la guerra contra Iraq, lo que ha impedido que los soldados sean enviados a Afganistán, donde se reagrupan las fuerzas de Al Qaeda.
Pero, aquí entran las sutilezas. En realidad, McCain declaró el sábado que si bien la situación en Iraq "ha mejorado mucho", la guerra en Afganistán ha experimentado un "giro negativo que hay que revertir rápidamente", y concluyó con la sentencia de que "ha sido el aumento de tropas en Iraq el que nos ha enseñado el camino hacia la victoria sobre los talibanes".
O sea, que si se retiran tropas de Iraq no es por la presión de los opositores en Estados Unidos y de la presión pública internacional ni por la resistencia de la insurgencia, sino porque las fuerzas gubernamentales iraquíes pueden controlar la situación, precisamente, debido al enorme contingente de tropas estadounidenses que ha "garantizado" la seguridad interior.
McCain está por un cambio de prioridades en los caminos de la guerra y su estrategia, por lo menos la declarada, y consiste en dar a los generales estadounidenses, en Afganistán, lo que necesitan: duplicar las tropas afganas a 160,000 unidades, de manera que el país pueda proporcionar seguridad a sus ciudadanos por sus propios medios.
Este impresionante incremento de fuerzas militares se haría, en parte, con más efectivos de las fuerzas de la OTAN y de Estados Unidos.
En definitiva, con diferentes jergas, la política es una y la misma: el enorme operativo militar de Estados Unidos en el Medio Oriente, pretende dar continuidad a la guerra por el petróleo y garantizar, a todo costo, el dominio de importantes enclaves en la región, so pretexto de la lucha "contra el terrorismo".
¿Obama o McCain? ¡Qué importa!
Los halcones del Pentágono se frotan las manos, piensan con toda razón que: "A rey muerto, rey puesto".
Pedro Díaz Arcia























































































