El bloqueo a Cuba: los leones y los perros


En 1978, como parte de los diálogos entre el gobierno cubano y personalidades de la Comunidad Cubana en el Estados Unidos, se restablecieron los viajes de los emigrados cubanos a la Isla, que se realizaron durante casi 20 años, con alrededor de 100 000 viajeros anuales. Con más de 10 vuelos diarios, La Habana se convirtió en una de las ciudades mejor comunicadas con Miami.
En aquel contexto desde Estados Unidos se activó lo que ellos llaman el Carril II de la Ley Torricelli, destinado a incentivar los “contactos pueblo a pueblo” que produjo un incremento de los intercambios académicos, culturales, religiosos y otros, que aumentaron el número de cubanoamericanos que frecuentaban la Isla. Paulatinamente la presencia de emigrados que visitaban o pasaban temporadas en Cuba se convirtió en un hecho normal.
En tales circunstancias, a pesar de que el bloqueo persistía y no se dejaba de reclamar por su levantamiento y de luchar contra sus efectos, al menos en el plano familiar el ambiente era auspicioso y bien mirado podía ser percibido como un elemento de distensión.
Era demasiado bueno para persistir. En 1994, estimulado por el oportunismo político que lo llevó a aprovechar la situación adversa en la Isla y aguijoneado por la contrarrevolución de origen cubano que entonces controlaba Miami, Bush jaló el mantel y en un gesto de crueldad, mediante órdenes ejecutivas limitó las visitas de los cubanoamericanos a sus familiares y casi suprimió el envío de ayuda económica.
Barack Obama, el hombre que siendo candidato al Senado criticó el bloqueo a Cuba, no por inhumano sino por formar parte de una política fallida y que durante su campaña por la Casa Blanca se comprometió a cambiar esa situación, recientemente anuló las prohibiciones dictadas por Bush en 1994 en lo relativo a los viajes y las remesas, sin precisar nada acerca de otros intercambios y dejando intacto el entramado del bloqueo, incluyendo la prohibición que pesa sobre los norteamericanos de viajar a la isla.
La medida dictada por el presidente favorece a los emigrados cubanos en los Estados Unidos y a sus familiares y amigos en Cuba, donde cualquier acto de distensión es bien recibido aunque es imposible no reconocer que el presidente se ha quedado corto. Suprimiendo una fiera quedan cuatro.
1- Aunque sea gradualmente Estados Unidos debe avanzar en la normalización de las compras por parte de Cuba de medicinas, alimentos, fertilizantes, piensos, plaguicidas, así como materias primas y tecnologías para producirlos. Eliminar la discriminación en las formas de pago y ampliar la lista a diversos materiales y equipos que contribuyen a paliar los daños ocasionados por los recientes huracanes.
2- Suspender de inmediato las transmisiones de radio y televisión hacía Cuba, restablecer la situación existente en 1985 y proponer el intercambio de programas, entre ellos el restablecimiento de las frecuencias de la Voz de los Estados Unidos, actualmente usurpadas por Radio Martí.
3- Declarar oficialmente que Estados Unidos no aspira a cambiar el régimen político existente en Cuba, no elabora planes de agresión militar y reiterar la directiva del presidente Ford prohibiendo que funcionarios o agencias del gobierno de los Estados Unidos se involucren en conspiraciones para asesinar a gobernantes extranjeros.
Cuando Estados Unidos exprese su disposición de conversar con el gobierno cubano acerca de la Base Naval de Guantánamo, el hombre que era amenazado por cuatro leones podrá bajar los brazos, respirar aliviado y conversar. Así es de sencillo.
Jorge Gomez Barata
























































































