Colombia: Ahora más que nunca


El país más “poderoso” de la tierra, EE.UU., se encuentra sumido en la más profunda crisis económica, militar, ecológica, ética, climática y alimentaria. Las grandes corporaciones financieras de Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y otros países se han quebrado. Los Estados han tenido que correr en su auxilio para inyectarles sumas multimillonarias del erario público para salvarlas.
Las instituciones financieras que impusieron la política neoliberal, el FMI y el BM que predicaron la ineficiencia del Estado, hoy acuden a él sin ningún reparo.
La falacia de que las inversiones extranjeras le traerían desarrollo y progreso al país ha quedado al desnudo. Todo lo contrario, al apoderarse de las riquezas nacionales como el petróleo, el carbón, el níquel, las esmeraldas, el banano, el café, el oro, han empobrecido la nación, llevándose para el exterior todo el producido y dejando a nuestro pueblo en absoluta miseria.
Cuántas escuelas, centros de salud, carreteras, universidades y millones de empleos se habrían podido crear con todo el dinero y las materias primas que se han llevado las multinacionales ¡Pero no! La ambición de unos pocos y la codicia de los gobernantes de turno, llevó a entregarles todo por unos pocos pesos, a los voraces capitales extranjeros, con la mentira que eran inversionistas que venían a salvar el país.
Para poder llevar a cabo esta entrega adoptaron “la apertura económica” como política del Estado, legislaron, arruinando a los productores nacionales, obligando al país a importar los alimentos que tradicionalmente ha producido, como el arroz, la papa y el maíz.
El país está en bancarrota, una tonelada de arroz que costaba 195 dólares hace diez años hoy cuesta 1.200, dólares, igual ocurre con otros alimentos vitales para la población. ¿Quién va a pagar este aumento? el pueblo consumidor.
Esta política antipatriótica de la oligarquía colombiana asesorada por el Imperialismo yaqui es la que ha criticado las FARC y todo el movimiento de oposición y de masas en Colombia. Y por esto, hemos sido desplazados, perseguidos, detenidos, secuestrados, torturados, asesinados y obligados a tomar las armas para defender nuestras vidas.
Desde su fundación en 1964, las FARC han hecho propuestas para salir de la violencia política y la crisis económica. En la Plataforma para un Gobierno de Reconstrucción y Reconciliación Nacional aprobada en 1993 en la 8º Conferencia y la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia, aprobada en la 9º Conferencia en el 2007. Dicen:
“Invitamos a todos los colombianos que anhelan una patria soberana, en desarrollo y en paz, a trabajar por la conformación de un nuevo Gobierno Nacional, Democrático, Bolivariano, hacia el Socialismo.”
En el punto Nº 6 de la plataforma dice: “Rechazo a la política Neoliberal. Desarrollo y modernización económica con justicia social. El estado debe ser el principal propietario y administrador de los sectores estratégicos: el energético, las comunicaciones, los servicios públicos, vías, puertos y recursos naturales en beneficio del desarrollo económico-social equilibrado del país y las regiones”
“Se procurará la ampliación del mercado interno, la autosuficiencia alimentaria y el estímulo permanente a la PRODUCCIÓN, a la pequeña, mediana y gran industria a la autogestión, la microempresa y a la economía solidaria”
“La gestión económica oficial se debe caracterizar por su eficiencia, su ética, su productividad, y su alta calidad. Habrá participación de los gremios, las organizaciones sindicales, populares, entes académicos, y científicos en la elaboración de las decisiones sobre la política económica y social, energética y de inversión estratégicas”. Este es uno de los doce puntos que recoge los intereses sentidos del pueblo colombiano.
En estos momentos de crisis económica, ética y moral, de antidemocracia, de asesinatos de dirigentes sindicales cívicos y populares, de falsos positivos de los militares para presentar resultados, de ministros comprometidos con el narcotráfico y la parapolítica, de persecución a los defensores de los Derechos Humanos y la paz, es urgente que unamos esfuerzos para entre todos buscar una salida que nos lleve a la paz con justicia social.
Juan Leonel Pérez y Luís Pedro Lizcano
























































































