Día internacional de la hipocresía

Ayer, 20 de Noviembre, fue el día internacional del niño. No sé exactamente qué se celebra o qué se intenta señalar en esta fecha, pero como pasa en navidad, pareciera que por un segundo, el mundo es bueno y rosado.

Se presumen los millones que tal o cual institución ha donado para quíen sabe qué buena obra en un país desconocido.

Se llenan las bocas de los patrocinadores, cajas de ahorros, bancos, multinacionales… nos restriegan cifras aderezadas con imágenes de niños beneficiados.
Se impone también lo que aún falta por hacer y el mensaje de que con nuestro esfuerzo, es decir, nuestro dinero, aún se puede hacer más. ¿Más?

Cada año mueren en el mundo 11 millones de menores de cinco años, y el hambre es la causa de seis millones de estos fallecimientos según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de Naciones Unidas.

Aunque no todos los niños mueren estrictamente de hambre, la falta de alimentos causa más de la mitad de las defunciones por trastornos neonatales, diarrea, neumonía o sarampión. Una cifra que supera los 16.000 niños diarios.

Más muertes que las causadas por ningúna catastrofe natural, o por cualquier acto terrorista. Muertes terribles y con niveles máximos de sufrimiento y de injusticia que puede verse multiplicada por 3 a causa de la crisis económica actual que ve como se extingue el famoso 0,7 que en realidad era un 0.2.

La guerra de Irak ha costado hasta el momento (según el Congreso de los EEUU) más de 460.000 millones de dólares. Cada misil "tomahawk" cuesta cerca de los 2 millones de dólares. El precio de un submarino nuclear "Trident" es tres veces el presupuesto de la OMS para acabar con el paludismo a escala mundial. Pero esos niños deben celebrar que el primer mundo se acuerda de ellos al menos un día al año.

La marca Danone anuncia que donará una semilla, UNA semilla, por cada uno de sus productos que se compre en el supermercado. El valor en dinero de una sola semilla es difícil de cuantificar pero digamos que menos de un céntimo.

Dicen que quieren llegar a mil millones de semillas y yo me pregunto: ¿Cuánto ha costado esa campaña publicitaria en radio, prensa y televisión? ¿Cuántos beneficios obtendría Danone si se llega a la cifra de productos vendidos que desean?

Si Danone o cualquier otra multinacional quisiera realmente dar semillas le saldría más rentable simplemente comprar los cien costales de semillas y enviarlos. Las cifras son enormes pero seamos realistas ¿cuántas semillas hay en un costal? Si cada una de ellas va a suponer un producto comprado a la marca, estamos realmente ante un lucrativo negocio, del que los pobres serán los menos beneficiados.

Otra marca de productos femeninos dice que va a enviar una vacuna por cada paquete de compresas… (redondeando digamos que cada vacuna cuesta alrededor de un euro y ninguna farmacéutica regala un sola de ellas) dinero que va a UNICEF, pero el presupuesto de UNICEF no se desglosa por donativos individuales y va todo a un mismo saco, que luego la ONU reparte a discreción.

Dudo mucho que se pudiera rastrear cada dólar o euro de cada compresa. Sin hablar de que para enviar vacunas o semillas o cualquier otro tipo de ayuda a un país necesitado hay que pedir permisos al gobierno correspondiente, pasar aduanas, conseguir transportes… y eso en el mejor de los casos porque son muchos los países que simplemente no aceptan la ayuda así, sin más. No es tan simple.

Hacer llegar diez camiones enteros de ayuda humanitaria a un lugar en conflicto es casi una odisea imposible. Pasa por dejar la mitad por el camino en manos de mafias, milicias o funcionarios corruptos… pero ¡qué bonito queda en la publicidad! ¡Cómo mejora la imagen de una marca! ¡Cómo suben las ventas!

Los niños pobres son una mina de oro para los publicistas y sus clientes. Por desgracia utilizarles no es delito. El chantaje emocional es una simple estrategia. Lo malo es que no podemos criticar demasiado porque al menos estas multinacionales hacen “algo”. Otras simplemente ignoran la pobreza.

No creamos que la infancia del primer mundo y anexas se libra de estar bajo las zarpas de este neocapitalismo salvaje. La educación es pésima, casi nula.

Los niños viven pegados a una pantalla entre 2.500 y 3.000 horas al año y en aumento. La alimentación de los que pueden comer es casi McDonalds aderezado con pasteles de chocolate.

Mal criados y consentidos les dejamos a merced de medios de comunicación cuyo trabajo roza el lavado de cerebro. Decirle a un niño que lea un libro es casi un castigo.

Pero volvamos al tercer mundo; aunque la crisis nos quiera alejar de él. Nos creemos que con apadrinar un niño (otra de las grandes estafas del momento) ya está todo resuelto. Ya hemos cumplido.

Así, cuando las imágenes de hambrientos salgan en la tele podamos cambiar de canal con un poquito menos de remordimiento. Ojos que no ven… y realmente no ven. ¿Alguna vez han visto?

No sé qué se celebra en el “día internacional del niño” pero creo que solo sirve para presunción de tres o cuatro interesados, para que se despilfarren millones en publicidad y tres burócratas y medio hagan conmovedores discursos.

El día internacional no ha servido para frenar ni en una sola las muertes por hambre o sed. No ha parado las guerras, ni abierto las fronteras. Es simplemente eso, una fecha más en este absurdo calendario adornado con 365 “días de…”.

Se supone que los niños son el futuro de la humanidad. No me extraña que la humanidad cada día tenga menos futuro.

Pablo Jato
World Image Press

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