
La dignidad recobra su lugar


La presencia en Brasil del presidente cubano, Raúl Castro, convirtió las citas efectuadas entre el 15 y el 17 de este mes, en el centro de la atención de los 33 líderes latinoamericanos y caribeños reunidos en el balneario de Costa de Sauípe, en Salvador de Bahía, pero también del pueblo humilde del revolucionario Tiradentes y de los centenares de corresponsales locales y extranjeros reunidos en el estado del candomblé y del Señor de Bonfim, del aceite de dendé, la literatura de Jorge Amado y la música de Caetano Veloso.
La expectativa tenía sus razones, pues esa fue la primera visita oficial de Raúl Castro a Brasil, país unido a la isla antillana por razones históricas y culturales, y porque, en esa oportunidad se realizó el ingreso oficial de Cuba al Grupo de Río, lo que, de hecho, dignificó a la región al ofrecer el lugar que le corresponde a ese país, por derecho propio, en la comunidad de naciones, sin presiones de potencias foráneas.
El respeto, solidaridad y cariño con que fue acogido el Presidente cubano en tres de las Cuatro cumbres efectuadas donde estuvo presente, y su posterior viaje a Brasilia, la capital federal, por invitación del presidente Luiz Inacio de Silva, como cierre de oro de esos fructíferos días de trabajo, son demostrativos de las transformaciones políticas e ideológicas que se sustentan hoy en la región, donde se trabaja por alcanzar la integración y la unidad como un solo bloque, respetando las diferencias de distinto rango existente entre la comunidad, entre ellas las asimetrías económicas.
América Latina y el Caribe, como un solo territorio (ya comienza a alejarse el separatismo sudamericano en temas de comercio y negocios) han comenzado un largo camino en el proceso de integración regional, algo impensable hace una década, en el que por encima de las distintas líneas de pensamiento político, religioso, culturales, y de cualquier otra índole (diversidad que enriquece y une) permite que se vislumbre la posibilidad del establecimiento de un diálogo sin prejuicios con las grandes potencias que dominan bloques, como la Unión Europea, o países como Estados Unidos, China y Rusia.
Para dar este paso concreto que fue la Primera Cumbre de Integración y Desarrollo, los principales líderes regionales han ido entretejiendo un soporte socio-económico que se fue conformando mediante uniones binacionales, de grupos, y de bloques, hasta crear las condiciones para la cita convocada por el ex líder metalúrgico brasileño Lula da Silva, fundador del Partido de los Trabajadores, ex preso político de la dictadura militar y ahora devenido uno de los presidentes más populares en la historia de la gigantesca nación sudamericana, de unos 180 millones de habitantes.
Las reuniones previas a la Cumbre de Integración y Desarrollo (la del Mercado Común del Sur), la de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), y la del Grupo de Río tuvieron como centro, y resulta imposible escapar de esa temática en las actuales condiciones internacionales, la crisis financiera del sistema capitalista, la más grave de los últimos 80 años y sus previsibles consecuencias para los países y pueblos del subcontinente, donde viven mas de 550 millones de personas, 220 millones de ellas bajo la línea de pobreza.
Nada de lo ocurrido en Salvador de Bahía, y así lo refirieron varios oradores en distintos momentos, hubiese pasado sin la existencia de la Revolución Cubana, que el próximo día primero celebra su 50 aniversario. Cuba, una pequeña y digna Isla, con su firmeza, solidaridad y amistad hacia los pueblos del Tercer Mundo se ha granjeado el respeto no solo en la región latinoamericana y caribeña sino a nivel mundial, que le reconoce y reciproca, como ocurrió en Brasil.
Mas de una vez Lula da Silva lamentó la ausencia física de Fidel Castro, en las reuniones de Salvador de Bahía, pues la aguda visión política del líder de la Revolución Cubana vislumbró, en décadas pasadas, el presente latinoamericano, alertando sobre la necesidad de la unidad, denunciando la inmoralidad del pago de la deuda externa (tal como ahora también reclama el presidente de Ecuador, Rafael Correa), brindado la colaboración de su pueblo, también pobre, a los mas necesitados del continente.
DESPUÉS DE LAS PALABRAS, ESTARÁN LOS HECHOS
Importantes temas para el futuro regional se trataron en las cuatro Cumbres efectuadas en Salvador de Bahía, una bella ciudad costera fundada en 1514, y primera capital de Brasil.
En los documentos emanados de esas citas quedó evidenciada la necesidad de conformar una estructura capaz de dar respuestas únicas a las fuertes organizaciones mundiales, como la del Comercio, Naciones Unidas, y las presiones emanadas de Estados Unidos, que nunca se conformará con perder su traspatio político, en la que posee 12 bases militares y centenares de empresas, algunas grandes trasnacionales, y otras adquiridas durante la etapa económica neoliberal en la región.
De ahí que se adoptaran acuerdos en las reuniones presidenciales, que tendrán inmediata ejecución.
Por ejemplo, el MERCOSUR aprobó la entrada como miembro pleno de Venezuela en la organización, lo cual inyecta nuevos bríos a ese grupo integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, y Chile y Bolivia como asociados.
En ese entorno, el presidente Correa, también invitado, propuso tres bases económicas para contrarrestar las negativas consecuencias que puede traer para el subcontinente la crisis financiera del capitalismo, entre ellas la puesta en marcha del Banco del Sur, la creación de un fondo de reservas conjunto y una nueva arquitectura financiera, con una moneda común, esta última ya planteada en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), de fundar el Sistema Único de Compensación Regional (Sucre).
En la Cumbre de UNASUR, una entidad con sólo dos años de fundada, y que ya dio muestras de su consolidación durante la reciente crisis política creada por la contrarrevolución en Bolivia, se adoptó la fundación el año próximo de su Consejo Sudamericano de Defensa, que contrarresta la presencia de los soldados norteamericanos en territorios suramericanos, entre otros dictámenes.
El Grupo de Río, una de las instituciones internacionales de mayor importancia, dio entrada oficial a Cuba como miembro pleno, en un gesto de absoluta soberanía, con lo que cumple el acuerdo adoptado en México en su anterior reunión.
La extensa Declaración Final de la I Cumbre, así como otros documentos complementarios, son demostrativos de que América Latina y el Caribe dejaron atrás el pensamiento colonialista que aún persiste en estos días, (no puede olvidarse las presiones que ejercen las administraciones estadounidenses sobre esos territorios) e incluso, que por primera vez se inserten las dos áreas geográficas como una entidad sin fronteras, en diálogos francos y en busca de soluciones conjuntas.
El texto, suscrito por los 33 dignatarios o sus representantes, señala en uno de sus párrafos que "la integración política, económica, social y cultural de la región constituye un factor necesario para avanzar hacia el desarrollo sostenible y el bienestar de sus ciudadanos".
De suma importancia es la reafirmación de los líderes del subcontinente y del Caribe del compromiso "con la defensa de la soberanía y del derecho de todo Estado a construir su propio sistema político, libre de amenazas, agresiones y medidas coercitivas unilaterales".
En ese sentido, la I Cumbre emitió una Declaración Especial en la que rechazó el bloqueo económico, financiero y comercial que Estados Unidos aplica contra Cuba desde hace más de 50 años. La tercera parte de la población cubana, estimada en algo mas de 11 millones de personas, nació bajó esta extrema medida que ha intentado matar por hambre y enfermedades a la población de la Isla.
Los Presidentes solicitaron al gobierno norteamericano "que cumpla con los dispuesto en 17 resoluciones sucesivas aprobadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas y ponga fin al bloqueo (…)".
Exigió, en particular "al gobierno de los Estados Unidos que, con carácter inmediato detenga la aplicación de las medidas adoptadas en el curso de los últimos cinco años con el objetivo de fortalecer y profundizar el impacto de su política de bloqueo (…), además de oponerse de la forma mas enérgica a la aplicación de leyes y medidas contrarias al Derecho Internacional, como la Ley Helms-Burton.
Fueron estos días de especial regocijo para Cuba y su pueblo, que supieron soportar con dignidad el aislamiento que, aún en contra de las grandes masas latinoamericanas y caribeñas, la sometió Estados Unidos con el apoyo de los entonces gobiernos títeres del área.
También lo fueron para quienes, dando muestras de absoluta soberanía, saldaron con la Isla una deuda histórica. Los gestos y simpatías que rodearon al Presidente cubano y a su delegación, corroboraron que Washington cada día pierde el terreno que le va quedando en esta área geográfica, donde se buscan soluciones propias sin la sombra del águila imperial.
El año 2008, a pesar de los peligros que acechan y los obstáculos que aún quedan por superar concluye, por primera vez desde que comenzaron sus guerras independentistas hace 200 años, con América Latina y el Caribe con la frente en alto, como advertencia clara y explícita al nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama, de que sea cuales sean en la práctica sus proyecciones hacia esta región, ahora las respuestas serán diferentes.
Y dentro de dos años, cuando los líderes latinoamericanos y caribeños celebren su segunda cumbre para la integración y el desarrollo, ya se verán, seguramente, las diferencias emanadas de una nueva línea de pensamiento basada en la solidaridad, con el ser humano como prioridad.
Lídice Valenzuela
























































































