blog de Eduardo Persico

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Renovada barbarie contra las inmigraciones

Siempre la tarea literaria incide en el pensamiento colectivo; de perfil o con artilugios verbales distante de la realidad que comenta, igual todo escriba aporta a la tarea de historiadores y sociólogos.

En un contexto de ficción es fiable navegar por la nostalgia del amor ausente o la comarca lejana en nuestro exilio, y eso que tantas veces pareciera tan ficticio como un sueño, igual nunca es una mentira.

Como tampoco son las perpetuas inmigraciones por hambre de tantas multitudes exigidas a cambiar su lugar en el mundo. Mucho se ha novelado que lejos del terruño toda alienación se contamina y se profundizan hábitos que quizá nunca antes fueron ejercitados; y esa tal vez sea una de las ‘grandes molestias’ que las sociedades estables soportan con las inmigraciones. Qué vamos, ¿cómo ese tipo anda aquí con esa ropa colorinche?

La humanidad se entrama y reconoce gracias a que cada palabra arrastra su propia memoria, pero entre sus dirigentes es común no aceptar pertenecer a nuestra especie y sectariamente actúan según etnia, categoría social o condición económica.

Más demás causas tan banales como esas ante la inevitable condición de hombre, que igual a cualquier ejemplar de otras especies conocidas, si no come se muere y sin aparearse se extingue; dos categóricas certezas que ningún personaje xenófobo del primer o último mundo puede ignorar.

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Evita en el Club de los Ingleses

- Señora, si usted viene de España a estudiar nuestra historia se supone que algo de nosotros ya conoce y yo no puedo agregarle demasiado. Recuerdo la llegada de Perón en el ‘45, cuando Evita visitó mi barrio, que mucho de cuanto ocurrió me confunde y para empezar le recito ‘Evita murió el 26 de julio de 1952 a las veinte y veinticinco’, y ese sábado no hubo baile ni en las reuniones familiares.

Toda la gente respetó aquella muerte ‘aunque esta noche a los Bomberos vendría D’Arienzo y la entrada valía diez pesos’, protestamos en el café y el dueño nos gritó ‘menos broma, pendejos, que esto es algo serio’. Así que nos fuimos a tomar mate y pasar la noche en grupo y aburrirnos de escuchar que había muerto la Jefa Espiritual de la Nación.

‘Se sabía, estaba muy enferma’ dijimos y sin notarlo fuimos hablando del asunto. ¿Usted sabe que al morirse Evita, las obreras de las textiles que se llenaban los pulmones de pelusa, o las explotadas fosforeras de Avellaneda que trabajaban once horas por día lloraron a Evita con lágrimas verdaderas?

Esa mujer las hizo respetar, ella, tan joven, treinta y tres años, a quien muchos la nombraban Esa Puta Mujer del Látigo y escribieran en una pared ‘viva el cáncer’. Un deseo que al fin, usted sabe, es un buen dato sobre los argentinos…

Ya le digo, esa noche pasó y luego ya cansados de música sacra las cosas derivaron en ser un casino gigante. Meta póker, truco y dados sin diferencias entre peronistas y Contreras, y en tanto al velatorio acudieran millones de personas otros apostaban guita a lo que fuera.

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“Zona de miedo” y un Óscar (in)esperado

La ceremonia número 82 de entrega de los premios de la Academia, el pasado domingo 7 de marzo, estaba marcada, sin duda, por la competencia entre dos películas radicalmente distintas entre sí: “Avatar” y “Zona de miedo”.

Por eso se habló de la lucha de David contra Goliat y de las posibilidades de la costosa producción de James Cameron frente al trabajo independiente de su ex esposa Kathryn Bigelo.

Al final, el filme de Bigelow se llevó seis estatuillas y dejó en el ridículo a “Avatar”, tan mencionada, requerida e “inflada” por la crítica debido a sus logros tecnológicos, muy a pesar de su historia morosa y redundante. Lo cierto es que ambos filmes reproducían una competencia entre cierta formalidad y cierto afán por la aventura.

De “Zona de miedo” se puede decir que es un producto no digamos “riesgoso” pero que acude a una experiencia de veras traumática: la vida de un soldado norteamericano en Irak cuyo trabajo es desactivar bombas, una actividad que lo sitúa en un constante borde y que, como vemos en algún momento de la película, está ligada a la propia disfuncionalidad de su familia.

Con justicia, habría que preguntarse por qué, en esta muestra de un hecho tan duro, sin embargo quienes han sido víctimas de una invasión -es decir los pobladores de Irak- aparecen desde el silencio y la clandestinidad o son mostrados sólo como enemigos o seres peligrosos.

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El odio

Sí, el tema de estas líneas es el odio. Planteado así, de manera tan seca y contundente, quizás y ante todo deba reconocerse que es más propio de cientistas sociales que de un simple periodista u opinólogo.

Pero, precisamente porque uno es esto último, registra que su razonamiento respecto del clima político y social de la Argentina desemboca en algo que ya excede a la mera observación periodística.

Hay –es probable– una única cosa con la que muy difícilmente no nos pongamos todos de acuerdo, si se parte de una básica honestidad intelectual. Con cuantos méritos y deficiencias quieran reconocérsele e imputarle, desde 2003 el kirchnerismo reintrodujo el valor de la política, como ámbito en el que decidir la economía y como herramienta para poner en discusión los dogmas impuestos por el neoliberalismo.

Ambos dispositivos habían desaparecido casi desde el mismo comienzo del menemismo, continuaron evaporados durante la gestión de la Alianza y, obviamente, el interregno del Padrino no estaba en actitud ni aptitud para alterarlos. Fueron trece años o más (si se toman los últimos del gobierno de Alfonsín, cuando quedó al arbitrio de las “fuerzas del mercado”) de un vaciamiento político portentoso.

El país fue rematado bajo las leyes del Consenso de Washington y la rata, con una audacia que es menester admitirle, se limitó a aplicar el ordenamiento que, por cierto, estaba en línea con la corriente mundial.

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El instituto Cervantes se caga en el castellano

Parece ser que todos los veranos los diarios tienen que ocuparse del tema del castellano, llamado también español. Y siempre los que hablan del tema son, casualmente, los españoles. Nosotros lo hemos hecho un par de veces con artículos que tuvieron cierta resonancia, al menos en los ámbitos académicos y de difusión de ideas.

Es sabido desde Aristóteles que la virtud es un término medio entre dos extremos opuestos, así frente a la vanidad - el creerse y hablar más de lo que realmente se es- está la pusilanimidad -esto es, echarse tierra encima, hablar forma peyorativa sobre los méritos propios-. Pues bien, esto último ocurre con los supuestos defensores de la lengua castellana desde el Instituto Cervantes.

Este año le tocó el turno a la directora del Instituto Carmen Cafarell quien muy suelta de cuerpo afirmó al presentar el Anuario el español en el mundo que “en Brasil el español ocupa el cuarto puesto como lengua extranjera en dura competencia con el italiano y el chino mientras que el francés y el alemán retroceden en sus posiciones”. ¿Pero quién asesora a esta señora, los ingleses? Esto es una mentira ex profeso, es una mentira a designio.

Vamos a responderle palabra por palabra para que no queden dudas. En primer lugar el español es un sustantivo que designa a los ciudadanos de España, nuestra lengua es la lengua castellana o el castellano. Así nos lo enseñaron a nosotros desde la escuela primaria.

En Brasil el castellano no es considerado una lengua extranjera sino una lengua cohabitante con el portugués. La cohabitación de ambas lenguas se prueba y se ve en el hecho que en las universidades del Brasil no exista profesor que no hable el castellano.

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Aparición de la Otra

Aquel viernes la mujer cerró su estudio contable y viajaría a la costa sin manejar su auto. Ya saliendo de Buenos Aires en el último asiento de un ómnibus, a media tarde presintió el fin del verano.

Ella andaba cerca de cumplir cincuenta años, temible divisoria entre mujeres, y aquello también rondaría la inevitable discusión que tendría con su marido en la casa de veraneo. Algo nada agradable.

Unos futbolistas en los asientos cercanos quizá le aturdirían el viaje pero el hombre a su lado, sobre el pasillo, le sonrió que los muchachos viajaban cerca y le ofreció acomodarle el bolso en el portaequipaje. ‘Sí, gracias’ dijo y no sospechó nada en la tibia demora sobre su mano.

Por una hora larga fueron cambiando frases de ocasión: ella habló de su hija de veinte años y no mencionó estar casada con un político ‘siempre en campaña’, y el hombre, algo menor, reconoció ser un perpetuo viajante ‘por ahora en seguros’ y divorciado hacía mucho tiempo.

El ómnibus iba a buen ritmo hacia cuando el día cae plomizo sobre el campo, y al descender el grupo futbolero y acallado el murmullo, los dos quedaron en el último asiento lejos y apartados del resto.

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Aborto y pederastia

Estos días se habla de los más de 160 millones de euros que los obispos de Irlanda van a pagar por los abusos deshonestos, cometidos por curas, frailes y monjas, contra niños y niñas de aquel país.

Este vergonzoso asunto da más que hablar entre nosotros precisamente ahora, cuando en España se discute lo del aborto, sabiendo que Irlanda es un país donde el aborto está prohibido.

Irlanda ha sido tradicionalmente muy católica y en ella las decisiones de la Iglesia católica se han hecho notar con fuerza durante siglos. Lo cual da pie para sospechar que la jerarquía católica ha presionado, sobre conciencias y autoridades, para conseguir dos cosas: mantener la prohibición del aborto y conseguir el ocultamiento de la pederastia de los clérigos.

Señal, según parece, de que en las altas instancias de la Iglesia católica se considera que es más grave interrumpir un embarazo que abusar deshonestamente de un niño.

Si lo primero se castiga con excomuniones y lo segundo se oculta con amenazas (para que no se sepa) y otros oscuros procedimientos, la cosa está clara: el Vaticano es implacable con el pecado del aborto y tolerante (hasta donde puede) en lo que se refiere al delito de pederastia.

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La imbecilidad nunca será operable

En América Latina no parece casual el trato que los medios de comunicación le aplican a cada gobierno que contradice su interés.

No es novedad que al menos los grandes diarios y cadenas televisivas se vinculan económicamente con algún monopolio de la información y así son los resultados: no entrelinean ni un renglón de la instalación de bases norteamericanas en Colombia, el presidente de Bolivia es ‘el indio Morales’, el de Venezuela es el ‘dictador’ Chávez, cada funcionarios brasilero o argentino es ‘polémico’ y ese ignoto fulano que derrocó al gobierno constitucional de su país, es santificado como ‘el presidente de Honduras en ejercicio’.

Y hasta ahí sus calificaciones, sin mucho desgaste, de quienes últimamente se pavonean y exhiben en las cámaras por estos pagos sudamericanos.

En principio, la primera víctima ha sido la objetividad de los medios, que deambula herida de muerte por cuanta empresa difusora que fabrica impúdicamente su versión interesada en cada asunto.

Esto que por siempre fuera menos estridente pero nunca novedosa, hoy denota una parcialidad que antes luciera menos ofensiva, menor y hasta diluida, que por esta década ha tomado impulsos de comedieta barata.

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A propósito de ‘Lunfardo en el Tango y la Poética Popular’


Lunfardo en el Tango y la Poética Popular, un libro de Eduardo Pérsico.

No abundan los intelectuales que nos hablen con el conocimiento de Eduardo Pérsico sobre el Tango, el Lunfardo y otros perfiles de nuestra manifiesta identidad.

Al comienzo habrán sido dos hombres en una calle del suburbio, o la necesidad de pasar un secreto de modo que ningún otro pueda entenderlo. Una frase oída y luego cambiada o modificar un nombre porque la palabra usada no servía o alcanzaba.

Los orígenes pueden haber sido muchos y que las expresiones después se confundieran y formaran ese lenguaje marginal no en los libros pero sí en las palabras cotidiana Con el paso del tiempo los eruditos las aceptarían y serían corrientes en el comercio lingüístico de nuestra tierra, si al fin el lenguaje está en la calle y no sólo en los diccionarios y enciclopedias.

Aquí el autor define al Lunfardo como “un código entre dos sin que se entere un tercero”, y esta definición sugiere un juego de dobles significados, el de escabullir y mostrar otra moneda para que alguien se lleve la equivocada.

Y de esto sabe mucho el autor, ya que su largo ejercicio en el cuento y la novela se basa en decir lo que no digo, falsificar y confundir al lector; para llevarlo por otro camino y también darle testimonio de una vida y un tiempo del que no podemos escabullirnos.

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Un emotivo encuentro

Si Atlanta jugaba con Rácing no sería bueno atropellarse con la multitud y habían decidido juntarse en el bar cercano a la cancha.

El Ruso llegó un poco atrasado, entretenido por un amigo que le regalara una entrada, dijo, y los tres salieron caminando por Dorrego.

-Hoy ganamos, Ruso - dijo el Bebe palmeándole el hombro.
-Dios te oiga, pero Racing viene primero – agregó Alberto cuando del subterráneo de Corrientes surgió un malón flameando una bandera.
- ¿Así que vos ya tenés la entrada, Ruso?
- Sí.

En la puerta del edificio donde vivía el Bebe un remolino de gente los separó y al cruzar la vía, Alberto preguntó.

- Che Bebe, ¿y el Ruso?
- No sé, andará por ahí adelante.

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