
El Nido del halcón


Cuando los demócratas dieron inicio a lo que muchos consideran la Convención Nacional más importante en los últimos 40 años, las tensiones se incrementan en el Cáucaso.
El domingo un barco de guerra estadounidense, el primero de cinco que debe arribar esta semana a la convulsa región, ancló en el puerto de Batumi, en Georgia, mientras el Parlamento de Rusia decidió ayer, por unanimidad, solicitar al presidente Dimitri Medvedev que reconozca la independencia de las dos provincias separatistas de la ex República de la Unión Soviética.
La nave que traslada “ayuda humanitaria” a Georgia, está equipada con misiles crucero Tomahawk, que puede trasladar ojivas convencionales y nucleares, así como dispone de un avanzado sistema de radar.
Por su parte, el Gobierno de Osetia del Sur advirtió que el Gobierno georgiano concentró tropas en su frontera.
El Presidente galo, Nicolas Sarkozy, con singular premura, convocó a una reunión especial de líderes de la Unión Europea para el próximo lunes con el fin de determinar los pasos a adoptar por el bloque con relación a la ayuda a Georgia y al futuro de las relaciones con Rusia. Francia ostenta la Presidencia rotativa de la UE.
En nuestro continente, como si los demócratas hubiesen ajustado sus cronómetros a la clausura de los XIX Juegos Olímpicos, comenzó la Convención Nacional del Partido que muchos consideran la más trascendente desde la que tuvo lugar en Chicago en 1968, la cual había sesionado en medio de fuertes protestas por la guerra de Vietnam, de agudas tensiones raciales, del trauma social por los asesinatos de Martin Luther King y de Robert Kennedy y con el Partido quebrado por la división.
En la primavera de 1968, Robert Kennedy, quien había dirigido con éxito la campaña presidencial de su hermano, discrepaba abiertamente de la política de Lyndon B. Johnson, en particular en lo relativo a la guerra de Vietnam y comenzó una intensa labor para ser designado como candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata.
Como es conocido Johnson había asumido la Presidencia de Estados Unidos, de acuerdo a los preceptos constitucionales, en noviembre de 1963, inmediatamente después del asesinato de John F. Kennedy.
Pero, en junio de 1968, Robert Kennedy fue asesinado también. Después de obtener significativos triunfos en las primarias de los estados de Indiana y Nebraska, sufrió un atentado en Los Angeles el día 5 de ese mes, precisamente, cuando celebraba la victoria obtenida en California. Murió al día siguiente.
Dos meses antes había sido asesinado el líder negro Martin Luther King.
Tanto Robert Kennedy, como Luther King, fueron víctimas de sendas conspiraciones, para poner fin a lo que se consideraba el florecimiento de un proyecto de idealismo liberal en Estados Unidos, que había brotado con inusitada fortaleza a principios de la década del 60. La ultraderecha fascista no los perdonó.
La desaparición del hermano del Presidente John F. Kennedy provocó una escisión entre los seguidores del vicepresidente Hubert Humphrey, abrazado a las banderas del continuismo, particularmente como partidario de la guerra en Vietnam y de Eugene McCarthy, que se oponía al conflicto bélico en la península de Indochina y mantenía una posición muy crítica respecto al Gobierno. Cuando el primero fue electo, con la participación determinante de la dirección del Partido y los privilegios de los “superdelegados”, surgió un profundo sentimiento de irritación en sus filas.
Ahora el Partido Demócrata ha pasado por una larga y espinosa carrera entre sus principales aspirantes a la nominación, con importantes fracturas en la unidad de la organización; en tanto las tensiones raciales, las guerras de Iraq y Afganistán, así como la bomba de tiempo de Georgia, entre otros conflictos, le sirven como telón de fondo al escenario internacional en que se desarrolla la Convención, por demás, en medio de una crisis económica casi galopante.
No es casual que se haya informado que la senadora por Nueva York, Hillary Clinton, reunirá a los delegados que ganó en las primarias, compuestos en su mayoría por mujeres, adultos mayores y votantes de la clase trabajadora, para que apoyen la candidatura de Barack Obama.
Pero el objetivo no se presenta nada fácil, pues seguidores de Clinton se muestran reticentes a dar su apoyo a Obama. Los delegados de Kentucky anunciaron que votarán por la ex primera dama cuando su nombre sea sometido a consulta.
En un gesto simbólico, la campaña de Barack Obama accedió a que el nombre de Hillary Clinton se sometiera a votación en la Convención.
Algunos de los votantes de la Senadora han amenazado por cambiar de camiseta y formalizar un grupo que se denomina “Demócratas por McCain”.
Según una encuesta publicada ayer por el diario USA Today, sólo el 47% de los que votaron en las primarias por Clinton lo haría en noviembre por Obama y casi un 30% votaría por John McCain o se abstendría en las urnas.
Por la brecha abierta entre los demócratas se podría escurrir la posibilidad de acceder a la Presidencia. Por lo cual la lucha por la unidad del Partido es fundamental, especialmente cuando los comicios presidenciales están a la vuelta de la esquina.
En fin, en Beijing, la explosión de miles de luminarias y el toque de cientos de tambores precedieron a la extinción del fuego olímpico y aunque Bush logró una merecida Medalla de Oro en alcoholismo, en uno de los estadios de la capital china, bien podría haber sido el primero en el Olimpo de la guerra, sitial compartido con otros muchos medallistas del Pentágono, la CIA y la Casa Blanca.
Si bien es cierto que se cerró el Nido del pájaro, no es menos cierto que se mantiene, ardiente, el Nido del halcón.
Pedro Díaz Arcia

























































































