Venezuela: ¿Final de una guerra no declarada...?

Imagen de Viejoblues

Cuando se habla del “arte de la guerra”, claro, se da por entendido que como en toda forma de expresión artística, dicho arte se presenta de muy diversas maneras. Durante toda una etapa histórica el ejercicio de tal arte tenía como requisito una declaración previa, generalmente proveniente de un monarca contra un colega suyo.

Pero como todo en la vida está sometido a la ley del cambio, lo de moda hoy, lo actual en esta materia, es hacer la guerra sin decirlo.

Consecuencia de todo esto es que también se puede eventualmente, si resulta necesario, hacer las paces sin llegar a decirlo tampoco. Cosa que al parecer, y ojalá sea cierto, es lo que los gobernantes actuales de Estados Unidos se proponen intentar ahora respecto a nuestro país.

Muy significativo de una nueva maniobra diplomática yanqui en este sentido, me pareció de inmediato un curioso artículo de prensa bajo la firma del embajador del Baby Bush en Caracas, míster Patrick Duddy, con título de “Fecha para reflexionar” y publicado desde luego en su diario El Nacional.

La fecha, obviamente, es la del 4 de julio. Allí el muy inocente embajador dice: “Espero ver una cooperación más estrecha entre Estados Unidos y Venezuela en el futuro.” Aunque no nos dice cuan cerca o lejano puede estar ese futuro.

Todo esto tiene un tufillo electoral, en mi opinión, y se refiere a la lotería que en noviembre próximo ha de jugarse, casi simultáneamente, allá en la meca del capital monopolista y acá en esta petrolera parte de su traspatio.

En otras palabras, el nuevo presidente de Estados Unidos –blanco o negro, no importa- estará prácticamente obligado a diferenciarse por lo menos en apariencia de la desastrosa política tanto externa como interna de su alocado antecesor. Lo que ocurrirá en Washington esta vez, será algo más que el típico cambio de guardia bipartidista.

Pues lo que ahora mismo está ocurriendo allá, según lo que el propio aparato informativo monopolizado nos deja entrever, puede ser un simple aviso de la tempestad económica que se avecina. En síntesis, una crisis de tal magnitud que no ha podido ser atajada con el desmesurado incremento del gasto armamentista al calor de las aventuras bélicas en Afganistán e Iraq, cada día más repudiadas por el pueblo estadounidense.

Se ha hecho evidente, de pronto, que la sociedad estadounidense ya está necesitando reajustes profundos, de índole hasta revolucionaria, para poder darle a ese pueblo mayores libertades y acceso a una vida libre de guerras. La presente crisis es una gran oportunidad para su avance en esa dirección.

En cuanto a nosotros los venezolanos, y que no lo dude el embajador Duddy, lo que esperamos de la actual crisis es que el futuro gobierno de Estados Unidos resultante de la elección presidencial próxima –bien sea de un blanco o de un negro, repito, eso no es asunto nuestro- llegue a entender por fin que, en el plano de las normales relaciones entre Estados, ellos y nosotros somos iguales y nos debemos mutuo respeto.

Es decir, que Washington cuanto antes le ponga un cese incondicional a estas continuas amenazas suyas en contra nuestra. A una guerra no declarada que nos viene haciendo desde hace no menos de siete años. Sí, ya es hora de reflexionar, sin duda míster Duddy.

Jerónimo Carrera

Viejoblues, un espacio libre ∆