blog de Jesus Dueñas Becerra

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Profesor Luis San Juan Pérez (1916-2004)


“[...] No hay gusto mayor, no hay delicia más grande, que la vida de un hombre que cumple [...] su deber”. José Martí.

El profesor Luis San Juan Pérez, figura cimera de las ciencias médicas y psicológicas caribeñas, falleció en la ciudad de Santa Clara el día 20 de abril de 2004, como consecuencia de una afección maligna, que tronchó la vida de quien dedicara más de seis decenios de su fecunda existencia al ejercicio de la medicina en el Hospital Psiquiátrico Provincial Docente de Santa Clara, así como a la enseñanza de la psicología y la psiquiatría en la Universidad Central de Las Villas y en la Universidad Médica de Villaclara, respectivamente.

l doctor San Juan fue uno de los dos profesionales de la medicina que integraron el claustro docente de la Escuela de Psicología, fundada en 1961 en el Alma Mater villareña, en cuyas aulas aprendí a amar y respetar a quien fuera médico por vocación, psicólogo por devoción, educador ejemplar y excelente persona humana.

El profesor San Juan era un hombre de carácter apacible, pausado en el hablar y cuidadoso en el decir, mientras que su discurso académico, en tanto acariciaba el intelecto y el espíritu de los alumnos dejaba en la memoria sensible de los futuros médicos y psicólogos gran cantidad de incógnitas que debían despejar a través de toda la vida.

Con suavidad, pero con firmeza, el doctor San Juan les advertía a quienes se lamentaban de las dificultades inherentes al estudio de la Neuroanatomía y la Neurofisiología (disciplinas incluidas en el diseño curricular de la carrera), que era inconcebible que un psicólogo no conociera las bases neurobiológicas del psiquismo humano.

Y en cuanto al Psicodiagnóstico de Rorschach, que debían percibir ese método de investigación de la personalidad, diseñado por el genio único e irrepetible del eminente psiquiatra suizo, como un “rompecabezas”, en el que cada pieza desempeña una función específica, pero en íntima y estrecha relación con las demás piezas y con el todo. [1]

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Profesor Fidel Ilizástigui Dupuy (1924-2005)


“[...] Es hombre digno, [...] el que [...] merece al morir elogios del pueblo en que nació”. José Martí.

El Doctor en Ciencias Fidel Ilizástigui Dupuy, quien fuera Vicerrector Docente de la Universidad Médica de La Habana, falleció el día 14 de febrero del 2005, en el capitalino Centro Ibero-latinoamericano de la Tercera Edad, donde se hallaba recluido desde hacía algún tiempo debido a su precario estado de salud.

Durante más de medio siglo, el también Profesor Emérito de esa emblemática institución de educación médica superior se entregó en cuerpo, mente y alma al ejercicio de la medicina y el magisterio; profesiones que honró con su recto proceder y percibió como fuentes inagotables de humanismo y espiritualidad.

Desde el triunfo de enero de 1959, el eminente médico y profesor interiorizó e incorporó a su conducta ética y profesional, que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”.

Por ende, dedicó su preclara inteligencia y noble espíritu a la enseñanza de la ciencia y el arte de curar, así como a la cálida defensa de la Revolución Cubana.

El doctor Ilizástigui Dupuy fue uno de los grandes cultores del método clínico, principio rector que guía, tanto la sacrosanta práctica médica como la actividad pedagógica en el contexto de la docencia médica superior.

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Master en Ciencias Leonardo García Pérez (1957-2004)


“Maestro y discípulo establecen una relación sagrada [...]”. Proverbio Oriental

El master en Ciencias Leonardo García Pérez, destacado educador, logopeda y psicólogo cubano, falleció en Asunción, capital de Paraguay, el día 28 de octubre de 2004, como consecuencia de una grave afección pulmonar, que cegó la preciosa vida de quien, en el primer semestre del 2005, defendería el grado científico de Doctor en Ciencias Psicológicas en la Facultad de Psicología de la bicentenaria Universidad de La Habana; caro anhelo que, lamentablemente, no pudo ver convertido en realidad.

En 1979, conocí a García Pérez en el Consejo Científico del Ministerio de Salud Pública, en la sesión solemne en que se les otorgó el título de Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría a los doctores Eduardo Bernabé Ordaz, director fundador del Hospital Psiquiátrico de La Habana, y Elsa Gutiérrez Baró, directora fundadora de la Clínica del Adolescente.

La impresión inicial que me produjo ese joven, caracterizado por su madurez y amplitud de miras, fue la de una persona con grandes intereses cognoscitivos y una espiritualidad poco común, que a tan temprana edad ya era maestro primario, licenciado en Educación, y acariciaba la idea de ingresar a la Facultad de Psicología para graduarse de psicólogo y especializarse en clínica.

No cabía duda alguna de que estaba en presencia de un ser humano emprendedor, que con esfuerzo y sacrificio, trabajo y estudio, logró materializar en la práctica (criterio de la verdad), la mayoría de sus sueños juveniles.

En 1983, cuando cursaba el tercer año de la carrera de Psicología en la capitalina Alma Mater, García Pérez y yo nos re-encontramos, y a partir de ese momento, maestro y alumno establecieron una cálida relación profesional y afectiva, que sólo Tanatos pudo interrumpir, pero no destruir, porque su grato recuerdo dejó, tanto en mi memoria poética como en el componente espiritual de mi inconsciente, una huella indeleble que me acompañará… hasta que pueda “seguir viaje” y reunirme con él en el espacio infinito, a donde van los buenos que aman y crean.

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Doctora Margarita Prendes Varela (1922-2004)


“La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida (…)”. José Martí.

La salud mental caribeña ha sufrido una sensible pérdida con el deceso de la doctora Margarita Prendes Varela, quien falleció en La Habana el día 11 de junio de 2004, luego de una fecunda vida dedicada al ejercicio profesional de la psiquiatría; especialidad a la que se consagró en cuerpo, mente y espíritu durante más de medio siglo.

La doctora Prendes Varela pertenecía, por derecho propio, a esa generación de psiquiatras y psicólogos, integrada -entre otros- por los doctores Gerardo Nogueira Rivero, José Pérez Villar, René Vega Vega, Noemí Pérez Valdés y Rafael Crespo, quienes al triunfo de la Revolución Cubana desempeñaron una meritoria función en el campo de la salud mental infanto-juvenil.

La doctora Prendes Varela laboró en el servicio de Psiquiatría Infantil del Hospital Psiquiátrico de La Habana durante los años 60 del pasado siglo. Posteriormente, el doctor Eduardo Bernabé Ordaz, director-fundador de nuestra institución, la designó jefa de la Consulta Externa, y luego, Vicedirectora del Departamento de Tratamientos Especializados, donde la doctora Prendes Varela concluyó su vida laboral activa unos años antes de decir “hasta mañana”, lo que, según José Martí, “se debe decir al morir, y no ¡adiós!” [1]

La destacada psiquiatra caribeña fue miembro del Consejo de Dirección y de la Comisión Editora de la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana, en cuyas páginas publicó los resultados de sus pesquisas teórico-prácticas, tanto en el terreno de la salud mental infanto-juvenil como en el de la psiquiatría general, entre otras responsabilidades encomendadas por el doctor Bernabé Ordaz, y que siempre cumplió con amor, firmeza y eticidad.

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Doctor Juan A. Portuondo (1927-2009)


“El cubano ama [...] a los que pasean por el mundo la gloria de su patria”. José Martí.

>El doctor Juan A. Portuondo, uno de los más prestigiosos rorscharchistas y psicoanalistas de Iberoamérica en el pasado siglo, falleció en Barcelona el 17 de agosto último.

El doctor Portuondo fue profesor de Psicodiagnóstico de Rorschach en la Escuela de Psicología de la Universidad Masónica “José Martí” [1, 2, 3, 4] desde que ese plantel privado de educación superior abrió sus puertas en 1956, hasta que desapareció del sistema educacional caribeño, como consecuencia de la Ley de Nacionalización de la Enseñanza, promulgada en 1961 por el Gobierno Revolucionario. [2]

Después del triunfo de la Revolución Cubana, el doctor Portuondo integró la recién estrenada nómina de psicólogos que comenzaron a prestar sus servicios profesionales en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde fue jefe del Servicio de Psicología hasta 1970 y aplicó el Psicodiagnóstico de Rorschach a una cantidad considerable de pacientes recluidos en ese centro,

Valiosa información que el doctor Portuondo [5, 6, 7, 8] utilizó como “materia prima” para escribir no sólo los artículos publicados en la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana, sino también los más de veinte libros editados en España, y que recogen su vasta experiencia clínico-docente con ese método de investigación de la personalidad, científica y artísticamente diseñado por el ilustre psiquiatra suizo.

Lamentablemente, no pude conocer en persona al doctor Portuondo, porque cuatro años antes de mi llegada al Hospital Psiquiátrico de La Habana, él ya residía en Barcelona, donde fundó y dirigió, poco tiempo después de su arribo a la Península Ibérica, el Centro Internacional de Psicología y Psicoanálisis, donde se dedicó a trabajar, enseñar y escribir sobre Rorschach y Psicoanálisis clásico, directo, actual, individual y de grupo.

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Doctor Francisco Domingo Duarte Castañeda (1927- 2003)


“Morir, no es acabar”.José Martí.

En el año del sesquicentenario del natalicio de José Martí y el deceso de Félix Varela, el alma noble y bondadosa del doctor Francisco Domingo Duarte Castañeda se fundió, en cálido abrazo, con el Espíritu Universal, tantas veces citado en la obra literaria y periodística del más universal de los cubanos.

El doctor Duarte Castañeda comenzó a trabajar en el Hospital Psiquiátrico de La Habana en los años 60 del pasado siglo, y durante más de 4 décadas se entregó en cuerpo, mente y espíritu al ejercicio de la Psiquiatría en nuestra querida institución, donde ha dejado una huella indeleble, tanto en el contexto del periodismo científico como en el campo de la rehabilitación psicosocial, de la que fuera, junto al doctor Eduardo Bernabé Ordaz, nuestro director-fundador, uno de sus máximos representantes.

Desde su llegada a nuestro centro laboral, el doctor Duarte Castañeda desempeñó diversas funciones: jefe del servicio “Paco Cabrera” y del Servicio Especial de Rehabilitación, miembro del Consejo de Dirección y de la Comisión Editora de la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana, así como profesor de postgrados sobre Rehabilitación Psicosocial y Terapia Ocupacional, entre otras responsabilidades asignadas por el doctor Bernabé Ordaz hasta que su estado de salud se lo permitió, ya que como secuela de una afección cardiovascular (que padeció desde 1979 hasta que falleció), su capacidad laboral quedó muy limitada.

No obstante, continuó trabajando hasta el final de sus días en el Departamento de Tratamientos Especializados (DTE), donde fuimos compañeros de labor durante 11 años (1988-1999).

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II Simposio Internacional de Ciencias Sociales en La Habana

La doctora María Isabel Domínguez, directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), dependencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, pronunció las palabras de apertura del II Simposio Internacional CIPS 2009, que se ha celebrado del 10 al 12 de este mes, en el hotel Acuario, en Marina Hemingway, en la capital cubana.

La doctora Domínguez García dio la más calurosa bienvenida a los 150 delegados e invitados, nacionales y extranjeros (europeos, latinoamericanos y africanos), y después, explicó cómo estaba estructurado el evento, en el que profesionales de las ciencias sociales de la mayor de las Antillas expondrían los hallazgos de sus pesquisas en los campos de la psicología y la sociología, fundamentalmente.

El doctor José Juan Ortiz, representante de UNICEF en la República de Cuba, agradeció la invitación en nombre de ese organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y destacó la función “clave” desempeñada por los científicos sociales en el cabal cumplimiento de los derechos de la niñez, la adolescencia y la juventud cubanas.

Entre otras cosas, señaló el aporte decisivo de los especialistas cubanos al desarrollo de las ciencias sociales en nuestra geografía insular, ya que los resultados de sus investigaciones en esas disciplinas científico-humanistas devienen paradigma para el resto de los países de Nuestra América (como la denominara José Martí).

Por último, el doctor Juan Triana, profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana, impartió la conferencia magistral “Crisis global, economía cubana y perspectivas de desarrollo”.

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José Martí precursor de la complejidad -Libro completo de Orlando Licea Díaz-

En este trabajo, en el cual el peso fundamental corresponde a la palabra de Martí, se ha tratado de buscar las causas por las cuales el pensamiento martiano desbordó ampliamente su época.

Una tesis fundamental sostiene, y es la convicción de que en el fondo de la predicción de un fenómeno cualquiera, tiene necesariamente que existir la comprensión de su esencia real, y en Martí las predicciones son muchas y variadas, tantas, que no pueden explicarse por una simple intuición.

El intento que pongo a consideración de los demás no es nuevo. Fue escrito en 1978, como una especie de ejercicio para profundizar en la comprensión de la obra de Martí, tarea a la que me había dedicado con entusiasmo desde tres años antes.

Luego de varios intentos fallidos por publicarlo, fue a parar al baúl de los papeles viejos. Y allí estuvo hasta fecha muy reciente, en que tuve tiempo y ocasión de retomarlo

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Doctor Pablo de Jesus Arcos Pino "In memoriam"


“[…] Los buenos no mueren”. José Martí.

El historiador y narrador caribeño, Enrique de Cepeda, profesor de la Universidad Médica de La Habana, me “disparó” -cual saeta envenenada que hirió el centro mismo de mi yo afectivo y sin que mediara preparación psicológica previa- la triste noticia relacionada con el súbito deceso del doctor en Ciencias Históricas, Pablo de Jesús Arcos Pino (EPD), quien fuera su profesor en la maestría en Historia Contemporánea, la cual cursara en el Centro de Altos Estudios “Don Fernando Ortiz”, y además, “amigo fraterno”, según sus propias palabras.

Cuando recibí esa infausta mala nueva, que conmovió los cimientos de mi ser -ya vulnerable por los muchos años vividos y por mi estado actual de salud- el también traductor e intérprete de lengua inglesa, extrañado y sorprendido a la vez, me preguntó: “Doctor, usted por casualidad conocía al profesor Arcos Pino […], ya que su reacción emocional me ha dejado preocupado y perplejo.

*Esta evocación literaria del doctor Pablo de Jesús Arcos Pino fue escrita en respuesta a una sugerencia del profesor Enrique de Cepeda.

Después de exhalar un suspiro, descrito por José Martí como algo íntimo, que brota de lo más hondo del alma humana, le contesté: claro que lo conocí y muy bien, porque tuve el privilegio de ser su compañero de curso cuando él, a principios de los años 60 del pasado siglo, estudiaba la especialidad de Historia en el Instituto Superior Pedagógico “Félix Varela”, de Villa Clara, y yo cursaba el último año de la extinguida carrera de Pedagogía en la Universidad Central de Las Villas…, pero teníamos dos asignaturas comunes: Economía Política y Materialismo Dialéctico e Histórico.

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Morir es seguir viaje

Cuando se trata de José Martí, cualquier cosa que se haga, se diga, o se piense, ha de ocupar un lugar secundario, tanta es su luz y su tamaño, que su presencia opaca a cuanto se le acerque.

En esta ocasión, se trata de la visión que un espíritu artístico tuvo, del instante de la herida mortal que segó la parte física de una presencia definitiva e infinita. Para Lara, Martí recibe su mortal carga sin un mínimo de tensión, en un estado de iluminación sublime, consciente de su necesidad, luego del cumplimiento ineludible de un destino.

Martí no debió de morir, nos dice la poesía y la música. Lara, al recrear a Valderrama, nos sugiere también que hizo su obra -magna y anticipadora en todo-, que cumplió, y acaso superó, su capacidad de sufrimiento y perfectibilidad, y luego: simplemente partió. Sería egoísta querer dejar para él, lo que a otros tocó, toca y tocará.

Ante esta bien lograda obra, lo importante no es la belleza, el color ni la forma, sino el impacto que produce la rememoración de una existencia dedicada por entero al bienestar y el decoro de los seres humanos, para lo cual, en el breve espacio de una corta vida, nos dejó las pistas y los caminos.

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