La ciencia, un reto al periodista

Imagen de El coloso de Macoris

Apoyándonos en el axiomático criterio conceptual donde se establece que: “La ciencia es un importantísimo elemento de la cultura espiritual, la forma superior de los conocimientos humanos.

Es un sistema de conocimiento en desarrollo, los cuales se obtienen mediante los correspondientes métodos cognoscitivos y se refleja en conceptos exacto , cuya veracidad se comprueba y demuestra a través de la práctica social”, ( A. Spirkin M. B. Kedrov), y que la ciencia, “ constituye un sistema históricamente formado de conocimientos ordenados cuya veracidad se comprueba y se puntualiza constantemente en el curso de la práctica social”, ( Diccionario Filosófico de M.M. Rosental y OP. F. Ludin).

Nos adentramos en la búsqueda afanosa de las respuestas científicas que nos sitúe cualitativamente en la cúspide del conocimiento mas exacto posible, en la obtención de soluciones nítidas a los múltiples problemas planteados que se manifiestan en el ente del exigente proceso social de la sociedad, que ordena y reglamenta la investigación constante y sistemática, en aras de ampliar los conocimientos y lograr respuestas claras.

Por lo tanto; la ciencia requiere de una disciplinada disposición y voluntad de trabajo permanente. Compromete su valorización y condiciona su divulgación.

Necesita más que de la diafanidad y la sensatez; de una contundente y profunda actitud crítica, de permanentes desafíos, de cotidiano reto ante los logros obtenidos; de apremiantes dudas, de la implacable prueba con la realidad que encierra la necesaria e imprescindible práctica social.

La ciencia está atenazada dialécticamente al “conocimiento verificable”. Se pueden dar en ella factores exógenos resultante del azar, verbigracia, el descubrimiento de los Rayos X realizado por Rontgen, o la Ley de la Gravitación Universal formulada por el físico inglés Isaac Newton, pero en sentido general, y obviando las excepciones, la ciencia como tal no puede depender de circunstancias ni de coyunturas.

Su accionar y desarrollo está circunscrito a un riguroso método que la concatena y entrelaza con formas, actitudes, criterios, evaluación, análisis, comparaciones, investigaciones, ideas, explicaciones, producción científica, proceso crítico, estudios de laboratorio, aplicación, comprobación, y, sobre todo, con la práctica de conocimiento, elevando a la ciencia al privilegiado sitial de un objetivo concepto creativo, procesado y acabado.

El físico alemán Wilhelm C. Roentgen fue galardonado con el primer Premio Nóbel de Física, en 1901, por su descubrimiento de una radiación invisible más penetrante que la radiación ultravioleta, a la que denominó rayos X.

La conclusión del producto científico ya elaborado, trabajado, procesado, situado en la categoría que sobrepasa la mera apreciación de “verdad teórica”, superada con la exposición tangible del conocimiento práctico, al rebasar el intrincado proceso que espontáneamente se le ha yuxtapuesto; no es más que la culminación gradual dada en el estudio y absoluto dominio que se debe tener de las leyes, fórmulas e hipótesis recorrido que presupone el parto científico.

La ciencia al entrar al complejo y complicado proceso del conocimiento público camina sobre el movedizo terreno del debate, del cuestionamiento, de la prueba práctica, de evidenciarse científica y tecnológicamente, concomitantemente con el curso de esta situación inherente pasa a ser atracción informativa y noticiosa; consumo publicitario y propagandístico, punto de partida, y, de sostenimiento, para robustecer y /o afirmar” verdades”.

Por lo tanto, la ciencia surge con un solemne compromiso; con el deber y la responsabilidad de explayar sus interioridades, de expresarse sin tapujos, libre de tabúes y prejuicios dogmáticos, exponiéndose con su práctica comprobación, al juicio público.

Al inapelable juicio critico valorativo de la exigente opinión pública y creencia popular. Al llegar a esta fase de su desarrollo; a esta etapa de su recorrido, la ciencia en cuanto como producción científica se convierte en, lamentable, propiedad social pública de toda la humanidad, que pasa a poseerla celosamente.

La ciencia es un engendro de la humanidad que la ha parido conjuntamente con su intrínseco desarrollo dialéctico, y al ser un producto generalizado de la humanidad, la ciencia entra al inescrupuloso avatar de la confrontación pública. “La ciencia no es ya el patrimonio de un grupo, lo que se llamaba la aristocracia de la inteligencia, sino de una comunidad de masas, de la totalidad del género humano”. (Ciencia y Periodismo. Manuel Calvo Hernando, Madrid, España)

Cuando la ciencia ocupa esta condición sine qua non en su supervivencia y proyección, la ciencia, o mejor dicho, el producto científico, es asaltado por el “siempre insatisfecho” periodista o comunicador social.

Este, se ve impelido a actuar apegado comercialmente a informales normas y reglamentaciones sumamente vulnerables, comprometido con una ética pública, y sometido a la marrullería de la caprichosa e indecente impersonalizada competencia de intereses encontrados.

La ciencia como ente público, necesita del concurso periodístico para su amplia y vasta divulgación. Cada acontecimiento científico apareja una serie de reportajes y producción periodística.

Es el periodista la vía expedita para llevar la producción científica al público consumidor, este es, el principal responsable noticioso de difundir; de dar a conocer, de informar noticiosamente a través de los diferentes medios de comunicación, radial, televisivo, cine, escrito, etc., sobre el logro científico.

Al pasar por el cedazo periodístico, el producto científico adquiere la connotación necesaria para entrar al libre juego de ser una “mercancía” noticiosa. Sobre esta realidad se manifiesta la estrecha ligazón, la interrelación que debe existir entre el hombre de ciencia y el periodista, como un todo armónico y estructurado.

Al sistematizarse como realidad procesada, la creatividad científica asume una especial cualidad que la expande racionalmente en función de sus necesidades públicas.

Al entrar aquí, es manejada, ordenada y hasta cierto punto regularizada por el agente responsable de su divulgación noticiosa a través de los medios de comunicación.

El periodista es el primero que se ha adueñado del producto científico y lo hace con ahínco, vehemencia y definida voluntad competitiva. La razón: es el vehículo más apropiado para dar a conocer a través de los medios de comunicación de masas el ya elaborado y “terminado” producto científico, porque como bien dice AAAT. Gisolf, “El producto es un mensaje científico”, y Manuel Calvo Hernando nos dice que: “Uno de los deberes de los científicos-no necesariamente de todos-, es poner a disposición del público profano los hechos y las teorías de su ciencia”.

Como se ve, existe una conexa intersección que encadena y asocia la responsabilidad del científico con el comunicador social: divulgar la acción científica. “Estamos en la Era de la Ciencia y, por tanto, el reflejo de la actualidad científica y tecnológica en los medios informativos es, o debería ser, la Gran Noticia, la explicación diaria del Universo, el instrumento de participación de la gente en esta singular aventura de la especie humana que es el conocimiento científico y su aplicación técnica”.

“En los decenios finales del siglo XX y en los umbrales del 111 milenio, la actualidad periodística no es ya sólo la información, sino su vertiente explicativa, educativa y también, el pensamiento, el mundo, el hombre y sus contradicciones, los problemas que nos ocupan y a veces nos aterran, los hechos naturales que nos conmueven”. (C.P.M.C.H)

Esta acertada aseveración coincide con el criterio expuesto sustancialmente por Aspirkin M. B.Kedrov, cuando nos señala al respecto que: “La ciencia es un sistema de conceptos acerca de los fenómenos y leyes del mundo externo o de la actividad espiritual de los fenómenos y leyes del mundo externo o de la actividad espiritual de los individuos, que permite prever y transformar la realidad en beneficio de la sociedad.

Una forma de actividad humana históricamente establecida, una “producción espiritual” , cuyo contenido y resultado es la reunión de hechos orientados en un determinado sentido, de hipótesis y teorías elaboradas y de las leyes que constituyen su fundamento, así como de procedimientos y métodos de investigación”.

El recorrido de ese espacio catalizador de hipótesis, teorías, tesis, opiniones, etc., proceso exterior que posibilita un encuentro preconcebido entre la ciencia ya como producto de consumo noticioso, informativo, educativo, concienciar, orientador y la sociedad; aplicándose la máxima de que:

“La ciencia científica tiene por objeto hacer partícipe al público de la gran aventura de la ciencia y en la alta dignidad del conocimiento y quienes tienen a su cargo esta especialidad informativa desarrollan su trabajo en las fronteras del conocimiento, con las servidumbres que tal situación impone” . (C.P.M.C.H).

En efecto, apremia el embate competitivo dado en el ente de la necesidad innovadora y creativa que demanda el avance tecnológico e industrial, social, económico, cultural y hasta político de los tiempos actuales.

He aquí la simbiosis que atenaza la ciencia con su divulgador: el periodista, que al ahondar en los recodos de esta rama del saber y del conocimiento humano, se especializa, adquiriendo el cientificismo cultural al respecto, una singular condición basada en el manejo constante de datos informativos, actuando como un agente protagónico de la divulgación científica, catapultando la objetiva comprensión de que:

“ El objeto fundamental de la comunicación científica acorde con el enfoque internalista es informar sobre los descubrimientos científicos las nuevas teorías, los nuevos conocimientos y la nueva imagen de la naturaleza que la ciencia nos ofrece a cada momento” . (Miguel Ángel Quintanilla, Ciencia e Información en una Sociedad Democrática).

En otra palabra, participar a la gente del neonato episodio encontrado.

Este “enfoque internalista” , constituye para el periodista que se asocia con la ciencia, un comprometido reto adornado por el tenaz esfuerzo y la inquebrantable voluntad de actuar profesionalmente, concomitantemente con una acuciosa actitud en procura de obtener la documentación, los datos, la precisa información y el cabal conocimiento que entraña semejante reto.

La ciencia es exigente y muy comprometedora, pero el público consumidor de la información, así como la sociedad como un todo son mucho más exigentes. Siempre presiona la indagación y nunca se muestra “satisfecho”.

La ciencia está obligada a ceñirse a esquemáticos procesos de disciplina, orden, programación y rigurosa dedicación, ello es una constante del conocimiento, del saber; capacidad, tecnología, y muy encarecidamente la imperiosa necesidad de tener pleno dominio de las leyes que rigen el conocimiento científico, obligado tramo a abordar para poder explicar la interpretación y conocimiento del hecho científico.

Poder apreciar en toda su dimensión científica la realidad del Universo, los fenómenos del mundo; entender mediante la verdad científica, cómo se desarrolla cualquier hecho o acontecimiento; el “por qué se realiza”, el salto cualitativo en los razonamientos, fenómenos lógicos que conduzcan a la convicción del análisis del delicado campo de la ciencia.

Enrique Cabrera Vásquez

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