Maldad y adversidad

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El hecho de que la economía cubana no dependa y ni esté directamente conectada a la norteamericana y que el país no utilice financiamiento de los organismos crediticios internacionales controlados por el imperio, es una ventaja para afrontar la crisis, pero no un blindaje.

De muchas maneras y por multitud de vasos comunicantes, el desempeño económico de la Isla se vincula a la economía mundial.

Cuba importa y exporta; más lo primero que lo segundo. Compra en el extranjero la mayor parte de los alimentos y el combustible que utiliza, materias primas para su industria, metales, insumos y semillas para la agricultura, los vehículos, los medios de transporte y la maquinaria para la construcción, la minería, la explotación forestal, las artes de pesca, los textiles y numerosas materias primas. El país necesita del extranjero capitales, tecnologías y mercados.

En su condición de país pequeño, pobre y tercermundista, Cuba es parte de la regla y no una excepción. Lo excepcional es que Cuba es el único Estado que soporta un bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos, acompañado de una perenne hostilidad política e incluso de la amenaza militar.

A lo largo de 50 años, diez presidentes y 14 administraciones norteamericanas han elaborado un sistema de vigilancia, persecución y represión súper sofisticado y una tupida red de leyes y decisiones ejecutivas para perseguir no sólo el comercio exterior de la Isla, sino también sus actividades científicas, sociales, culturales, deportivas o académicas. Nunca antes ni durante tanto tiempo los norteamericanos tuvieron prohibido viajar a un país.

Estados Unidos no permite la venta a Cuba de productos o equipos de patente norteamericana fabricados con licencia en el extranjero ni el acceso a mercado norteamericano de mercancías que contengan materias primas cubanas.

No existe precedente de una operación de robo de cerebros tan masiva y dilatada como la efectuada por Estados Unidos que a lo largo de cincuenta años, en calidad de exiliados o emigrantes, legales e ilegales, captó a decenas de miles de médicos, ingenieros, arquitectos, científicos, periodistas, abogados profesores, deportistas, entrenadores, artistas y todo tipo de personas con habilidades excepcionales que fueron beneficiados con ayudas económicas, reconocimiento de los títulos, licencias para ejercer y, mediante la Ley de Ajuste Cubano, la concesión automática de la residencia y en pocos años de la ciudadanía.

El bloqueo estadounidense no se detiene en el umbral de lo humano y llega a la crueldad al limitar e incluso prohibir que los emigrados envíen remesas de dinero a sus familiares y viajen a su país, ni siquiera para atender urgencias familiares.

Estados Unidos ha codificado las relaciones familiares cubanas, excluyendo del parentesco a tíos, sobrinos y primos y suprimiendo algo tan universal y sagrado como la amistad. A los cubano-americanos les está prohibido visitar a sus parientes y ayudar a un amigo y se llega al absurdo de destinar más personal en el Departamento del Tesoro para vigilar el embargo a Cuba que para perseguir al terrorismo.

El bloqueo norteamericano a Cuba no es sólo un conjunto de acciones económicas, comerciales o financieras que persiguen un fin político, sino una obsesión, un comportamiento enfermizo que persiste a pesar de no ofrecer resultados tangibles y de producir efectos humanos terribles. Ese bloqueo es más criminal porque, en virtud de presiones e imposiciones se suma al mismo a los aliados de Estados Unidos, especialmente a la Unión Europea.

Cuba que para enfrentar el bloqueo, a partir de los años sesenta, fue obligada a cambiar su parque industrial y todo el transporte, las plantas eléctricas, los aviones, las locomotoras y los barcos, la tecnología para las comunicaciones y la radiodifusión, la maquinaria agrícola, las rotativas y las imprentas, los sistemas de pesas y medidas e incluso las herramientas de mano, para sustituir el equipamiento norteamericano por sucedáneos soviéticos; cuarenta años después, ante la desaparición de la URSS, fue obligada a repetir la ingente tarea.

Ninguna Nación, en ninguna época realizó dos reconversiones tecnológicas totales en la misma generación.

Al bloqueo y la crisis económica se sumó la adversidad. En diez días dos gigantescos huracanes afectaron de modo catastrófico a diez de las 14 provincias del país ocasionando perdidas a la economía nacional y al patrimonio de las personas por más de 5000 millones de dólares.

Con las infraestructuras energética, vial y de comunicaciones quebrantadas, el fondo habitacional dañado sensiblemente, el parque industrial duramente afectado y la agricultura demolida, Cuba se enfrenta a la recuperación sin que el bloqueo económico haya cedido un ápice, sino todo lo contrario.

Lejos de mostrar generosidad o como mínimo decencia, Estados Unidos y algunos de sus aliados tratan de aprovechar la tragedia para obtener mezquinas ventajas políticas y, en lugar de deponer o flexibilizar sus prohibiciones comerciales, las utilizan para tratar de chantajear a Cuba, convirtiendo a los que sufren en rehenes de su política.

Jorge Gomez Barata

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