Cronología de una hazaña

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Cuba prosiguió con la Campaña de Alfabetización. Nada se detuvo. El Socialismo emergió victorioso en la América de José Martí y Simón Bolívar y el Comandante en Jefe Fidel Castro pronunció entonces una frase que pudiera servir de epitafio al imperio: "Desde Playa Girón, los pueblos de América son un poco más libres…"

Yuri Gagarin se convertía en el primer ser humano en ascender a los espacios siderales y contemplar más cerca que nadie a las estrellas. Era el miércoles 12 de abril de 1961 y la Humanidad entera festejaba jubilosa la noticia de ese logro científico y político que acababa de lograr la después inexplicablemente desaparecida Unión Soviética.

Los cubanos estábamos entre los que aplaudimos aquel acontecimiento y uno de nosotros, Arnaldo Tamayo Méndez, después el primer cosmonauta latinoafricano, comenzaba en China sus estudios de urgencia para hacerse piloto de combate.

Quizás muy pocos sepan que uno de sus instructores políticos de entonces era el más tarde mundialmente famoso Don Francisco Repilado, Compay Segundo.

En Cuba se desarrollaba la Zafra del Pueblo, ya sin la cuota que el país tenía asegurada anualmente en el mercado estadounidense, pues el gobierno yanqui había suspendido de un plumazo aquel acuerdo comercial, para comenzar sus intentos de asfixiar por hambre y calamidades a los cubanos, como habían intentado antes, cuando la primera intervención militar en 1898.

Otros, los más jóvenes, en número superior a los 100 000, llevaban la luz de la verdad por valles y montañas, simplemente armados con manuales, lápices, cartillas y faroles, para cumplir la promesa de declarar a fines de ese año a Cuba como Primer Territorio Libre de Analfabetismo en América.

Conrado Benítez era el nombre de esta pléyade de educadores bisoños. Este muchacho, negro y joven, alfabetizaba en las montañas del Escambray, al centro del país, cuando fue vilmente asesinado por bandas armadas y suministradas desde Estados Unidos.

13 DE ABRIL

La Habana despertó como de costumbre aquel jueves. Pero desde la mañana, agentes a sueldo de la CIA daban los últimos toques a las petacas incendiarias que colocarían en la Tienda por Departamentos El Encanto, en plena calle Galiano, en el centro de la Capital cubana.

Al final de la tarde aparecieron las llamas y el humo se adueñó de todo el inmenso local, una edificación de los años 40, que fue literalmente devorado por el fuego.

La trabajadora Fe del Valle, jefa de un salón de ventas, se percató de que había dejado en la oficina la recaudación que de forma voluntaria los trabajadores del establecimiento hicieron para ayudar a los Círculos Infantiles, fundados precisamente tres días antes, el 10 de abril, para que las mujeres cubanas comenzaran a emanciparse con su incorporación plena a la vida social, mientras sus pequeñines eran bien cuidados y alimentados por las asistentes en esos centros de nueva creación.

Sin escuchar a los que le indicaban el peligro de volver a entrar al edificio, se llenó de valor y fue devorada por las llamas.

El día 14 fue su sepelio. Pero todo no había hecho más que comenzar: otros golpes arteros ya estaban en marcha, porque los yanquis no perdonarían jamás a un pueblo que se declarara libre de su tutela imperial.

15 DE ABRIL

Amanecer de viernes. Aproximadamente a las 06:00 HRS, aviones con insignias de la Fuerza Aérea revolucionaria comenzaban a bombardear los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con el objetivo de destruir en tierra a los pocos y maltrechos aparatos heredados por la Revolución, que ya carecían de piezas de repuesto, porque los yanquis se negaban a suministrarlas.

Días antes, el Comandante en Jefe, en previsión de que podría ocurrir algo semejante, ordenó el despliegue de aquellos aviones y con ello se evitó que fueran destrozados.

Los artilleros antiaéreos, con sus ametralladoras Cuatro Bocas checas y chinas y cañones de 37 mm, repelieron a los B-26 agresores en los aeródromos atacados.

En Ciudad Libertad, uno de esos jóvenes milicianos, Eduardo García delgado, fue alcanzado por la metralla yanqui en el torso. Sintió que iba a morir y antes de hacerlo, extrajo fuerzas de su Dignidad y con su propia sangre, en la madera de una puerta, escribió como un símbolo eterno el nombre de FIDEL.

Ambos episodios fueron el preludio de lo que ocurriría horas después: los yanquis tratarían de aplastar a la revolución Cubana, aún no socialista, y el pueblo seguiría como símbolo de libertad a su Comandante en Jefe.

16 DE ABRIL

En el sepelio de las víctimas por los bombardeos de la mañana anterior, Fidel denunció ante el mundo que los yanquis eran los culpables únicos de tal vandalismo. Y en ese mismo escenario, donde apenas un año antes había enarbolado la consigna de Patria o Muerte al despedir el duelo de los caídos en el sabotaje yanqui al vapor francés La Coubre en el puerto habanero, el Comandante en Jefe proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana, la de los humildes, por los humildes y para los humildes.

Con las notas del Himno Nacional en los labios, los fusiles FAL, M-52 y metralletas en alto, decenas de miles de soldados rebeldes, policías y milicianos partieron a ocupar sus puestos en los batallones de combate, en espera de la inminente agresión, que ya había zarpado en buques yanquis, escoltados por la Marina y la Fuerza Aérea yanquis, desde puertos centroamericanos.

17 DE ABRIL

A las 02:40 HRS una barcaza de desembarco, repleta de mercenarios, conminó a los milicianos del Batallón 339, de Cienfuegos, que se encontraban atrincherados en Playa larga, para que se rindieran.

La respuesta fue similar a la de Alegría de Pío, tras el desembarco del yate Granma, en 1956: un rafagazo y un Patria o Muerte que superó al estruendo de los proyectiles.

Más de 1 000 mercenarios reclutados, organizados, entrenados, financiados y dirigidos por la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca, desembarcaron por Playa Larga y Playa Girón, sitio que ellos denominan con el nombre geográfico que aparece en los mapas de Cuba y que les viene como anillo al dedo: Bahía de Cochinos.

Los integrantes de la Brigada 2 506 eran esbirros, asesinos y torturadores de la tiranía batistiana, terratenientes, banqueros, politiqueros, proxenetas, lumpens y toda la escoria de la sociedad cubana, que habían encontrado seguro refugio y amparo en la actual República Bananera de Miami.

Por cierto, uno de aquellos mercenarios invasores pudo haber sido Luis Posada Carriles, pero ya desde entonces se las ingeniaba este asesino en serie para permanecer lejos y a buen recaudo a la hora de cometer sus horrendos crímenes, y a última hora no subió a bordo de los buques en los que se transportaron personal, tanques de guerra, cañones, morteros, armamentos de todo tipo, municiones y suministros de aseguramiento.

La aviación yanqui, una vez más enmascarada con las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria, no solo protegió el desembarco, sino que atacó con bombas, metralla, cañones, cohetes y Napalm a las tropas cubanas.

Comenzaba el primer combate por la defensa del Socialismo en Nuestra América.

18 DE ABRIL

Los mercenarios invasores lograron apoderarse de algunos puntos clave de la zona del desembarco. Las órdenes del Comandante en Jefe fueron precisas: pongan un infierno de fuego en cada sitio donde estén los mercenarios.

Y así hicieron los soldados del Ejército Rebelde, los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria y los milicianos llegados desde todos los rincones de Cuba, para salvar a la Patria de la agresión.

El enemigo, en su pérfido plan, concibió la idea estratégica de apoderarse de Playa Larga y Girón, que contaba con un pequeño aeropuerto construido precisamente por la Revolución, para constituir allí un Gobierno provisional formado por elementos de la peor calaña, que solicitarían de inmediato la intervención de la OEA, que significaba, ni más ni menos, que la intervención directa de Estados Unidos en Cuba.

19 DE ABRIL

Muchas veces los yanquis se han equivocado con Cuba, pero la de abril de 1961 fue una de las primeras y más desastrosas y vergonzantes para ellos.

Erraron el lugar seleccionado por sus estrategas de inteligencia para el desembarco: la Ciénaga de Zapata, por tratarse de una zona apartada en el centro-sur de Cuba, con una sola vía de comunicación entre pantanos y manglares, de muy difícil acceso.

No tuvieron en cuenta que esa región, la más olvidada y abandonada del país por todos los gobiernos de la caricatura de República que instauraron los yanquis en 1902, comenzó a transformarse a partir del mismo 1º de Enero de 1959.

La vía de acceso la estaba haciendo la Revolución, pues antes no existía. En Playa Larga y Girón se habían construido centros comerciales, escuelas, postas médicas, viviendas dignas para los pescadores, leñadores y carboneros y se laboraba en un centro turístico.

Fidel era visita frecuente en esos páramos otrora desamparados, donde incluso celebró la Navidad de 1959 y esperó la llegada del Año Nuevo de 1960, con sus amigos los cenagueros olvidados de siempre, que ya sentían que comenzaban a ser tratados como seres humanos.

Poco antes de las 17:00 HRS del 19 de abril de 1961, el último reducto mercenario caía en poder de las tropas cubanas, Playa Girón, tomado por asalto.

Los soldados rebeldes, los policías, los milicianos, los Niños-Héroes de la Artillería Antiaérea, los pilotos de aquellos destartalos aviones que no pudieron ser destruidos, el pueblo todo, aniquiló a los mercenarios, y cuando los tanquistas mojaron las esteras de sus tanques esteras en la playa, en cumplimiento de una orden del Comandante en Jefe, no habían transcurrido aún 72 horas del inicio de los combates, tiempo más que suficiente para que el imperialismo yanqui sufriera su primera gran derrota militar en América Latina.

EPÍLOGO

Derrotados los yanquis, el presidente John F. Kennedy se vio obligado a reconocer el fracaso. Hasta horas antes, él mismo había negado que Estados Unidos fraguara planes militares contra Cuba.

Su propio representante ante Naciones Unidas, Adlai Stevenson, hizo el papelazo del siglo al jurar allí que las denuncias cubanas eran falsas, tras lo cual tuvo que retractarse.

Varios pilotos yanquis cayeron en manos de las tropas cubanas y sus cadáveres, después de haber sido negados primero y olvidados después por sus propias autoridades, fueron devueltos a los familiares muchos años después.

Por cierto, hace poco los tribunales yanquis accedieron a pagar millones de dólares de indemnización a los parientes de estos agresores, mediante un burdo procedimiento judicial en el cual los jueces tienen que haberse embolsado cuantiosas sumas de dólares de los usurpados a Cuba.

Arrestados los mercenarios, fueron sometidos a juicio público, con todas las garantías procesales y sancionados a diferentes penas de prisión.

Muchos suscribieron declaraciones en las cuales confesaron la participación yanqui en la agresión contra Cuba y todos reconocieron que jamás habían sido maltratados, vejados ni torturados por sus captores ni custodios, a pesar de que vinieron a matar y a traer sufrimientos a su pueblo.

Cuba prosiguió con la Campaña de Alfabetización. Nada se detuvo. El Socialismo emergió victorioso en la América de José Martí y Simón Bolívar y el Comandante en Jefe Fidel Castro pronunció entonces una frase que pudiera servir de epitafio al imperio: "Desde Playa Girón, los pueblos de América son un poco más libres…"

Pero nadie debe olvidar aquellas jornadas épicas, porque los yanquis siguen ahí, a escasas 90 millas, ahora mucho más fuertes y también más desmoralizados, con su afán secular de apoderarse del Planeta, como vienen haciendo desde hace más de 200 años.

Los que hoy tienen 60 años de edad, apenas tenían 14 en los días de Playa Larga y Girón. Pero los menores de ahora ni siquiera vivieron la leyenda escrita por los cubanos, con la cual se demostró al mundo que cuando un pueblo se dispone a luchar por sus ideas y principios, no hay poder imperial que pueda detenerlo y mucho menos vencerlo.

Hector Arturo


Viejoblues, un espacio libre ∆