
Alucinaciones

Los medios fabrican la realidad; a sus fantoches Aznar les da consignas para que agiten lo más posible a este país cuyas fronteras, emocionalmente, están cada día más desdibujadas, y Rajoy agita a sus alcaldes para que lo alboroten todavía más. Al final vivimos permanentemente alucinados. Ese 'España se rompe' es consecuencia directa de una de esas alucinaciones que sólo pueden venir del chute o del vino peleón. Y pensar que son ésos los que quieren volver a gobernar...
No vivimos la realidad misma: la que se huele, se oye y se toca. Para nada nos sirven los cinco sentidos además del común. Es más, los sentidos nos estorban. Vivimos la vida de otros. De ellos, unos, que, dígase lo que se diga, no sabemos quiénes son, se dedican a poner bombas con metralla, y otros, que aparecen a todas horas en la televisión, se dedican a hacerlas estallar con la palabra vana. Seamos pues sinceros.
No vivimos nuestra propia vida. Vivimos la suya, y además absolutamente falseada y contrahecha. Se dice que en España, pese a editar mucho se lee muy poco y se piensa mucho menos. Pero es que ¿quién, en estas eternas condiciones de ruido y de amenaza de balcanización, puede escuchar tranquilamente una serenata musical o leer con el espíritu transido de emoción un libro de calidad que no haya escrito otro agitador, generalmente periodista mal informado?
Estas preguntas me las vengo haciendo hace mucho tiempo sobre las gentes, por ejemplo, que viven en países como Palestina e Israel. ¿Quién podrá allí solazarse, cultivarse, cuando día tras día, año tras año, un año y otro y otro acechan las bombas, las razias y la muerte? Pero no hay mucha diferencia del clima que se vive por aquí.
Digamos que una pequeñísima parte de inestabilidad y de miedo la ponen tíos en la sombra que todos, de Euskadi hacia abajo, dicen que pertenecen a una banda armada que quiere la independencia. Pero es que la parte del león de esta atmósfera irrespirable que nos impide siquiera reflexionar un poco, aparte el aturdimiento que procura la televisión todo basura, la ponen estos frenópatas ansiosos de poder.
Y es que ellos lo saben muy bien: tan horripilante como perder la libertad es sentirla permanente y gravemente amenazada. Y a eso, a hacernos sentir que la libertad retrocede cuando son ellos los que la merman, se dedican los esbirros de esta muy innoble Oposición.
A propósito de su compulsiva necesidad de escribir, decía la laureada Lessing el 24 de octubre del 2001 en ABC que siempre estamos al borde de la locura y necesitamos algo que nos mantenga equilibrados... Por eso yo escribo a diario. Si no fuese así, estos especímenes: tanto los que mandan en el mundo como los que de hecho mangonean en España, para soportarlos, tendrían que acabar los loqueros poniéndome la camisa de fuerza.
No se puede oír tanto disparate y hacerse tanto daño al país y a la humanidad sin hacernos perder el juicio. Una de tres, o se tiene una mente muy fuerte pese a verse rodeado cotidianamente de estúpidos y de malas personas que ladran por megafonía, o se va uno de este país, o decimos por escrito o en voz alta lo que pensamos sobre ellos y expresamos la repulsa que nos inspiran para expulsar las toxinas que nos inoculan.
Esto último, es lo que hago. Pero ya estoy harto. Esto pensando ya en la segunda solución. Veo que mi destino está realmente en Laponia, donde los ancianos, cuando ven que les llega su hora, se van a morir al hielo para ser devorados por los osos.
Prefiero morir mil veces así y allí, que abrasada el alma por la gentuza que tanto abunda en este país que todavía anda buscando neciamente letra para un himno que nada dice ya. Y allá, pronto, habré de ir.
Pero desde la Laponia finlandesa espero contaros todavía alguna vez, cómo veo desde allí la bandera rojoigualda, al tío del bigote en la penumbra y al otro tío barbudo recién estrenado en el youTube, y, además, lo bonita que resulta cada fiesta, como la de la horrible Hispanidad, celebrada al final sólo para convertirla en Auto de fe para apear de la Moncloa al gobierno de turno que no sea ultraconservador.
Jaime Richart

























































































