
Cuba: el oscuro rincon sitiado


En 1962, el gobierno de Estados Unidos estableció una "lista negra de barcos" que participaban en el comercio con Cuba, con el fin impedir esa participación. Pero contrario a ese deseo banderas de muy diversas naciones ondeaban cada vez más en mercantes rumbo a puertos cubanos, y era imposible enlistarlas a todas. La lista fue abolida en 1977 por el propio Congreso de Estados Unidos.
Entonces, bajo el mandato del presidente James Carter y como parte de cierta distensión en las siempre tirantes relaciones con la Isla, el legislativo del país del Norte autorizó negocios con Cuba a subsidiarias de empresas estadounidenses en otros países.
Mas, el perro huevero, aunque le corten el hocico. En abril de 1992, Bush padre, a la sazón presidente, decidió nuevas prohibiciones y sanciones a compañías que prestaran servicios a embarcaciones involucradas en el comercio con la Isla, y meses más tarde, durante la campaña por la reelección en octubre del mismo año, firmó la Ley Torricelli, que prescribía permanentemente la prohibición de entrada durante 180 días a puertos de Estados Unidos para los buques que hubiesen tocado antes puerto cubano.
"Hoy, incluso los barcos que tienen licencia del Departamento del Tesoro de EE. UU. para transportar productos que compañías de aquel país están autorizadas a vendernos, tienen que descargar la mercancía y regresar en lastre, es decir, vacíos. No pueden cargar nada aquí para llevarlo a otro destino. Eso, por supuesto, lesiona los intereses de las navieras involucradas, más del 70 por ciento de las cuales son norteamericanas o contratadas por compañías norteamericanas", apunta la licenciada María de la Luz B‘Hamel, directora de América del Norte del Ministerio de Comercio Exterior (MINCEX).
Esa es una de las manifestaciones del bloqueo, pero no la única.
"Tenemos que ser muy duchos no solo en lo específico del comercio exterior, sino en los mercados —asegura Anais Montequín Jiménez, especialista de la misma Dirección del MINCEX—, pues hay empresas que responden que no pueden relacionarse con Cuba, porque saben a qué se exponen, pero otras no lo saben, inician el negocio y llega el momento en que les impiden el envío del producto o, si intentan cumplir el acuerdo mediante un tercero, se ven perseguidos. A veces tenemos un suministrador estable que de repente se vincula a Estados Unidos y, si el destino es Cuba, se acabaron los suministros. Estamos forzados a saber todo y prever todo".
EL CASO CORACAN
La empresa mixta CORACAN S.A. de capital cubano-canadiense, constituida para la producción y comercialización de alimentos de preparación instantánea, se vio afectada a partir de la cancelación de las operaciones de apertura de cartas de crédito por parte de un banco radicado en un tercer país, en respuesta a las regulaciones de su casa matriz en los EE.UU., que le impedían hacer pagos por concepto de embarques destinados a Cuba. Ello representó para la empresa un incremento de sus gastos financieros en un 80 por ciento. Con posterioridad, un hecho similar con otro banco provocó una pérdida para esta empresa de unos 49 mil 500 dólares.
Esta cita, del informe presentado este año por Cuba a las Naciones Unidas es muestra del acoso en el área de los alimentos.
"Dependemos en gran medida de la importación de varias materias primas —amplía el ingeniero Armando Álvarez Gálvez, director general de CORACAN—, la principal, azúcar de una calidad específica. Teníamos un suministrador brasileño al que pagábamos mediante carta de crédito abierta en un banco de primera línea, antes del embarque de nuestros pedidos.
"Esta gestión la hacía el dueño extranjero de la empresa en un tercer país, pero al trasladarse para un banco relacionado con Estados Unidos, y que por tal razón no podía abrir cartas de crédito para mercancías destinadas a Cuba, tuvimos que acudir a bancos radicados aquí, con la dificultad de que la transferencia del dinero a Brasil deben realizarla por vía de otra entidad bancaria de primera línea en el extranjero.
"Aunque la carta de crédito es muy confiable, el suministrador, por el bloqueo y el ‘riesgo Cuba’, no nos despachaba el azúcar hasta confirmar el ingreso de nuestro pago en su cuenta. Y ese dinero tenía un tránsito tan largo que muchas veces nos llegaba el azúcar y no podíamos desembarcarla hasta que a la naviera transportista no le confirmaran el ingreso".
Todo eso era complicado, pero funcionaba. Hasta que el suministrador decidió colocar acciones en la bolsa de Nueva York. Inmediatamente canceló sus relaciones con Cuba, pese a haber firmado un contrato por un año, hasta abril de 2008. "Nos dijeron: ‘no les podemos vender más, ni con carta de crédito, ni con dinero, ni con nada’, lo que nos puso en una situación difícil a mitad de este año, pues tuvimos que detener la producción durante ocho días", rememora el ejecutivo.
CORACAN comercializa en el mercado interno en divisas los refrescos Piñata, las natillas y gelatinas Arcoiris y el chocolate Te doy, cuya presencia en las tiendas no fue afectada gracias a soluciones de emergencia que adoptó la empresa. No obstante, sus gastos financieros han aumentado, a raíz de los tortuosos recorridos de los pagos.
La entidad también gastaría menos, si pudiese adquirir materias primas como el ácido cítrico anhidro en EE.UU., donde la tonelada cuesta 60 ó 65 dólares, mientras que en China, donde lo compra hoy, el precio es el doble, entre otros conceptos por el flete, según la licenciada Iris García Almaguer, directora económica.
"Con China la operación hay que iniciarla dos meses y medio antes, considerando el transporte, mientras que con Estados Unidos requeriría 20 días máximo, incluyendo el transporte. La diferencia supone para nosotros dinero ‘muerto’, inmovilizado en ese plazo tan largo", acota la directora de Operaciones, licenciada Ana María Alfián Bernaldo.
Potenciales proveedores latinoamericanos han mostrado interés en suministrar esa y otras materias primas, pero, como explica el viceministro de la Industria Alimenticia, licenciado Eduardo Hernández Antich, "ahí entra en juego la extraterritorialidad del bloqueo, porque si el proveedor que decide hacer el negocio tiene en su empresa acciones de entidades de Estados Unidos u otro vínculo, como sucede comúnmente, al declarar que la mercancía tiene destino CU, es decir, Cuba, viene la negativa, la prohibición".
¿PLATEAU? NI PLATA EN MANO
Otro caso:
En 2002, representantes del Ministerio de la Industria Azucarera (MINAZ) apreciaron en Brasil la eficacia del nuevo herbicida Plateau, aplicado en el control de malezas en campos de caña de azúcar. Regresaron a Cuba con la buena nueva y la propuesta de adquirirlo. La dirección del MINAZ estuvo de acuerdo y comenzaron las gestiones con el productor y comercializador, la firma alemana BASF Ag, cuyos especialistas vinieron a la Isla para las correspondientes pruebas y el registro previo a la introducción de productos de ese tipo, que concluyó en 2004.
"Evidentemente, si los alemanes dieron ese paso fue porque estaban interesados. Pero se complicó el negocio. Por dos años consecutivos, 2005 y 2006, el MINAZ lo incluyó en su estrategia de importaciones, salíamos al mercado a buscarlo y por un motivo u otro, todo se desvanecía, nunca hubo una oferta concreta. El problema —nos planteaban— es que el ingrediente activo del producto tiene un origen complicado. Querían decir que se fabricaba en Puerto Rico y que para exportarlo a Cuba tenían que basarlo en otro país, cosa que al final no sucedió y no hemos podido comprar el herbicida", detalla Lipsy Ruiz Rodríguez, especialista principal del Grupo de Plaguicidas, de la empresa importadora QUIMIMPORT.
BASF Ag ha alegado que por ser de origen estadounidense el ingrediente activo del Plateau, no puede venderle este a Cuba, ni desde Alemania, ni desde sus sucursales en América Latina. Fin de la historia. Los agricultores cañeros cubanos tendrán que seguir usando herbicidas menos eficaces y quizá tanto o más caros que el Plateau, e invirtiendo más recursos y esfuerzos para incrementar sus rendimientos en caña y en azúcar.
Cuba, según puede verse, no es víctima de un "embargo" como eufemísticamente insiste el gobierno de Estados Unidos, sino de un bloqueo que pretende rendir a los cubanos por hambre y penurias materiales, destruir la Revolución y devolver este "oscuro rincón" —como definiera el presidente George W. Bush— al estado de desgracia, no de gracia, anterior a 1959.
Heriberto Rosabal

























































































