Tambien hay salvapatrias de izquierda

En el boletín de "solidaridad postal" de diciembre 2007 hay un artículo llamado La revolución de los pastores. Lo coloco aquí porque los salvapatrias siempre aparecen como fascistas que proponen la "solución definitiva", el cambio que solucioná rápidamente todos los problemas de la sociedad; a cambio de modificar la sociedad como ellos quieren. Su lema más suave es "perder para ganar".
Pues desde las posiciones de izquierda también hay iluminados, lee:
La revolución de los pastores
El objeto de dicha revolución serían las sententa cabras que ellos mismos vigilaban junto con sus cuatro perrros. La revolución debería liberar a las cabras del suplicio de servir al ser humano y otorgarles un mundo libre donde vivir sin la opresión humana.
Ellos, por supuesto, ya no eran seres humanos, sino revolucionarios, que guiarían a las cabras hacia la revolución. Se reunieron en asamblea revolucionaria y cada uno de los cuatro pastores expuso su visión de cómo realizar la revolución. El primero, el idealista pensaba que las ideas son la base de las revoluciones, y que por tanto si no tenían un ideario jamás podrían realizar ninguna revolución. Sin teoría no tendrían práctica.
El segundo, el organizador concretó que para que una revolución sea llevada a cabo con éxito, todo debe estar bien organizado, con una jeraquía de mando y cargos establecidos. Porque de lo contrario sucumbiría al desorden y al caos y la revolución jamás saldría adelante.
El tercero, el radical dijo la única forma de llevar a cabo la revolución sería mediante el uso de la violencia, matando a todo lo que se impusiera contra la revolución. Si no nadie les tomaría en serio y la revolución sería derrotada. Y acto seguido se levantó del suelo y con una piedra les abrió la cabeza a los cuatro perros. Sus compañeros se quedaron sobrecogidos, él les calmó diciéndoles que los perros son enemigos de la revolución, ya que sirven a los humanos para reprimir y controlar a las cabras. Nadie le llevó la contraria.
Por último, estaba el cuarto, el justo que opinó, que si las cabras querían hacer una revolución, deberían hacerlas ellas mismas, si no la revolución no tendría sentido. Sus compañeros rieron. "Pero compañero, ¿no te das cuenta de que las cabras son tontas?, no tienen ideas" le dijo el idealista. "Son demasiado estúpidas, por eso necesitan que nosotros las guiemos y seamos sus revolucionarios" le dijo el organizador. "Las cabras no harían nada en su bien aunque les fuera la vida en ellos" terminó el radical. El justo calló.
Discutieron y debatieron largo y tendido hasta que la noche les alcanzó, como no se pusieron de acuerdo en qué camino tomar para la revolución, acordaron que cada uno tendría un día en el que probaría su estrategia, y la que mejor funcionara sería la elegida. Así se durmieron bajo el cobijo del árbol esperando al día.
En la mañana del primer día, el idealista reunió a sus tres compañeros y les comenzó a instruir en la creación de una teoría para la revolución. Les dijo que las revoluciones son la actuación de llevar a la práctica unas determinadas ideas. Por lo tanto, si no tienen un cuerpo doctrinal de ideas bien constituido, la revolución no sería más que una revuelta infantil. Para que la práctica sea revolucionaria debe estar sustentada con una teoría revolucionaria. Así que les dio papel y lápiz y comenzaro a elaborar lo que sería el manifiesto de su revolución.
Entre escrito y escrito tuvo la lucidez el idealista de preguntarles a las cabras acerca de sus ideas. Según el, sus respuestas fueron tan incoherentes como obvias, no eran las cabras quienes debían tener las ideas, sino los revolucionarios. Tanto se preocuparon por la teoría que debería llevarles a la revolución que pasaron todo el día escribiendo y cuando les alcanzó la noche, el idealista no había podido hacer su revolución.
Para llevar a cabo una revolución, había dicho el organizador, todo debe estar bien organizado. Y esta fue la tarea primera que realizó cuando a la mañana del segundo día comenzó a organizar la revolución. "la revolución - dijo - debe tener un líder con grandes aptitudes para guiar a las cabras hacia su liberación". Y con esa premisa se autonombró Presidente de los Comités Revolucionarios y les repartió cargos a sus tres compañeros.
Al idealista lo nombŕ Presidente del Comité de Doctrina y Propaganda, y sería el encargado de crear la doctrina y propagarla en la revolución. Al radical lo nombró Presidente del Comité para la Seguridad y el Orden Revolucionario, bajo la función de mantener el orden y la seguridad de los revolucionarios, pues dijo que siempre hay agentes contrarrevolucionarios que conspiran de la mano de los opresores humanos.
Y por último nombró al justo Presidente del Comité Revolucioanrio para la Revolución que sería el encargado de que el espíritu revolucionario fuera siempre acorde con la estrategia denominada por el organizador como: "La Revolución es organización".
El organizador concretó que cada comité se reuniría una vez al día y que estaría formado por los dos pastores restantes, pues él, el Presidente, tenía tareas organizativas más importantes y no podría asistir. Cada comité, al finalizar su reunión, elaboraría un informe que más tarde debería ser ratificado por el Presidente de los Comités Revolucionarios, tras la ratificación, los comités ya podrían comenzar a desarrollar lo acordado en el informe. Durante toda la mañana estuvo el organizador explicándoles el funcionamiento de la organización a la que nombró como: Partido Cabreril Revolucionario de Liberación, que en adelante debería ser el abanderado para la lucha revolucionaria. Después de comer y con la predisposición de continuar organizando la revolución.
El organizador ordenó a las cabras según tamaño, pero como no le convenció como táctica revolucionaria, luego las ordenó por el color de su pelaje, cuando pensó que así serían más detectables para el enemigo, las ordenó organizarse con lo que llamó "táctica de camuflaje desordenado" con lo que las cabras parecerían que estaban como de costumbre pero en realidad estaban ordenadas con sumo cuidado para cuando estallara la revolución. Para cuando habían realizado las reuniones y los informes habían sido ratificados y cuando hasta la última cabra vomitó por el mareo de órdenes para ordenarse, la revolución y el turno del organizador había concluido.
Cuando la mañana del tercer día apenas se había vislumbrado en el horizonte, el radical ya los había puesto en pie dispuesto a aprovechar todo el día para demostrarles que su forma de hacer la revolución era la más idónea, y añadió: "Tú idealista perdiste tu turno intentando dar ideas a la revolución, cuando se sabe desde hace años que se consigue más con pocos días de violencia revolucionaria que con años de propaganda revolucionaria, la revolución es violencia, no ideas" y continuó "y tú organizador malgastaste tu oportunidad intentando encauzar la revolución en comités inútiles, cuando la revolución son actos descontrolados e impulsivos".
Como primera medida revolucionaria, el radical degolló a los tres machos cabríos más grandes, alegando que su fuerza podría hacer peligrar la revolución en caso de que se volvieran en contra de los revolucionarios. Más tarde ordenó degollar a las cinco cabras más débiles, pues dijo que su debilidad podría hacerlas caer en las manipulaciones de los contrarrevolucionarios.
Cuando justo se negó a matar a ninguna cabra, el radical ordenó al idealista y al organizador que lo ataran al árbol por ser un espía humano y le espetó que más tarde un tribunal revolucionario lo juzgaría por traidor a la causa. No contento con esto, ordenó que fueran ejecutadas cinco cabras más, como advertencia a posibles espías infiltrados.
Después de un interrogatorio de torturas y violencia, justo se vio obligado a mentir para vivir y confesó que había colaborado con siete cabras más para derrocar la revolución. Así que siete cabras más fueron asesinadas. Se tarda más de lo que uno piensa en matar a una cabra y para cuando ya habían atado al último animal, la noche acompañó el entierro y el justo fue liberado.
Esa noche, mientras el idealista, el organizador, el radical y el justo dormían bajo el imponente árbol, se realizó el primer acto revolucionario de cuantos se habían intentado. Las cabras pro iniciativa propia, aplastaron con sus pezuñas la cabeza de los cuatro jóvenes pastores, y por fin pudieron liberarse de la opresión y del suplicio que los cuatro humanos les habían hecho padecer. Justo como dijo el justo.
Fin.
























































































