
Criticar la monarquia es un acto de higiene democratica


No es justo prohibir expresar ideas legítimas. Las leyes injustas carecen de autoridad para obligar
La libertad es ilimitada: intentar prohibir el anhelo democrático de todo un pueblo -o más de uno-, es un esfuerzo tan inútil como tratar de detener el mar con las manos. Allí donde exista un trabajador consciente de su ciudadanía, brotará la semilla de la desobediencia frente a lo injusto.
No es el deseo de quemar un Ser Humano,
sino el testimonio gráfico de que la institución
se encuentra en llamas: después de siete décadas,
no reconocemos como jefe de Estado a un militar
Algunas personas jamás leerán un artículo de opinión, ni mucho menos un ensayo o un tratado de filosofía, pero nada puede evitar el efecto instantáneo de quien presencia una imagen que despierta la duda...
Empecemos a hacernos preguntas: ¿Acaso el rey es más que yo? ¿Qué hay de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Por qué el rey es rey? ¿Quién le puso ahí? ¿Cuánto hace de eso? ¿Por qué no intervenir? ¿Puede ser democrática una monarquía? ¿Tanto mérito puede tener alguien, como para negarnos la capacidad para decidir? ¿Prohibido? ¿Prohibido, por qué?
¡Estamos en 2008! Los fachas tienen razón en una cosa: hace ya mucho de la guerra (en realidad, un golpe de Estado, seguido de una cadena de atentados terroristas masivos de una parte del ejército contra su propio pueblo)... hace mucho de todo eso... tanto, que sus efectos han prescrito. No hay razón para que todo siga igual, el orden constitucional debe restituirse. La jefatura del Estado debe ser devuelta al pueblo.
Si alguna vez lo fue, España ha dejado de ser monárquica.
¡Salud y República!
Jaume d'Urgell






































































