La Conciencia Europea

Hace poco se conmemoraron los 28 años de la matanza en la embajada de España en Guatemala, una época espantosa que se aunó al dolor de la guerra guatemalteca de una sociedad que fue testigo del genocidio de los indígenas mayas.
La Audiencia Nacional Española, siempre creyente de su omnipoder, está buscando a los culpables de estas muertes, tiene testigos, muchos de los cuales ya han estado presentes a un juez. Y ha lanzado una orden de captura internacional para dar con los culpables de las matanzas.
Claro que yo no me opongo a nada de esto, solo veo las paradojas de la conciencia, o de la inconsciencia.
Hoy los jueces españoles viven un momento de conciencia internacional, lo mismo juzgan a Pinochet que a los responsables en Guatemala de la guerra. Pero España nunca se juzgara a ella misma por uno de los genocidios más intensos, inmensos y terribles que hayan sucedido en la historia de la humanidad: la colonización de América.
Pero todos los gobiernos europeos viven hoy ese momento histórico, que no sé si es para limpiarse sus mismos pecados, o para aparecer como los civilizados, como los únicos capaces de denunciar las atrocidades.
Los belgas y holandeses también siguen la misma práctica. Juzgan a corruptos presidentes africanos, a los responsables del genocidio en Ruanda y otros. Todo como debe ser, de nuevo, no me opongo a estos enjuiciamientos. Pero ahora Europa busca hacerse mostrarse en ese espacio mundial como el continente de la civilización, de los defensores de los derechos humanos y de la nueva era humanista. Cuando Europa misma fue la magna maestra de los peores genocidios e impunidades de los que se tengan memoria. Africanos, asiáticos y americanos, todos sufrieron la “civilización europea”, todos siguen sufriendo los estragos de esta.
Francia juzga y denuncia a sus ex colonias africanas, pero esa misma Francia que entrenó a esos gobiernos no se hace factura propia. El gobierno francés impone en el oeste de África el sistema económico actual y, sobre todo, su legado colonialista. Pero Francia parece haber olvidado todo lo que hizo en sus ex colonias. Hoy puede juzgar a un presidente, digamos, de Costa de Marfil, por corrupción, y también les hace exámenes a esos gobiernos para parar la emigración de esos países a su querida Francia.
¿Quién juzgara a los belgas por sus clasismos hacia las tribus de Ruanda, que, por cierto, desembocó en el genocidio que todos conocemos?
¿Quién le dirá a Francia que a los emigrantes que hoy les niega la entrada son producto de su propio colonialismo?
¿Quién demandara al gobierno español por las acciones de su propia historia?
¿Por qué no el rey Juan Carlos, en un voto de sentido común, le dice a Latinoamérica perdón y, después, juzguen a los nuevos malos de la historia? Solo después de eso, el rey y su comitiva tendrán la conciencia limpia para juzgar a sus tan devastadas ex colonias.
Christian Sida.
























































































