
Dinosaurios en el jardin


La acción de una firma contra un Estado en un tribunal que, a espaldas de una de las partes, falla contra un país soberano sin escuchar sus descargos ni tomar en cuenta las implicaciones de semejante decisión, retrocede a los tiempos en que la United Fruit Company, respaldada por los gobiernos norteamericano, derrocaba gobiernos latinoamericanos, incorporando al lenguaje político una expresión que retrató la prepotencia imperial y el maridaje entre la oligarquía nativa y el capital extranjero: “Repúblicas bananeras”.
La exhibición de poder e impunidad de la Exxom-Mobil, heredera directa de la Standard Oil, creada en 1882, en su tiempo la más emblemática empresa norteamericana, madre de todos los monopolios, primer trust surgido en los Estados Unidos y gonfalón del más connotado de los apellidos del capitalismo americano: Rockefeller, es la evidencia del retorno del imperio a sus peores prácticas.
La Standard Oil, creada en 1882, por John D. Rockefeller, originalmente una pequeña refinería dedicada a producir kerosén para el alumbrado y otros usos, fue una hija bastarda del capitalismo americano que por sus prácticas ilegales y carentes de ética se convirtió en la más perseguida, sancionada y repudiada de las empresas estadounidenses.
En los Estados Unidos la Standard Oil que fue dos veces condenada a la disolución por las ilegalidades y fraudes fiscales en que incurrió para controlar la refinación y el mercado del petróleo y sus derivados. Tres presidentes norteamericanos, Chester Arthur en 1882, Teodoro Roosevelt en 1911 y Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión en los años treinta, confrontaron a los pulpos de la industria petrolera.
El negocio del petróleo del que Estados Unidos fue primer productor y exportador hasta la primera parte del siglo XX, se tornó el más lucrativo del mundo cuando, a fines del siglos XIX, se inventaron los motores de combustión interna y apareció el automóvil; proceso que se disparó durante la Primera Guerra Mundial, cuando debutaron las máquinas de matar con motor y alcanzó cumbres siderales a partir de 1922, cuando Henry Ford lanzó su modelo “Ford T" que inició la era del automóvil.
La problemática petrolera fue originalmente un fenómeno interno de los Estados Unidos donde se extraía, refinaba, consumía y exportaba la mayor parte y todavía en 1918, al concluir la Primera Guerra Mundial, cuando sus reservas parecían infinitas, el presidente, Woodrow Wilson, autor de los tratados de Versalles y artífice del segundo reparto territorial del mundo, no tuvo reparos en ceder a franceses y británicos el control del Medio Oriente, cuyas reservas petroleras entonces no eran totalmente conocidas ni codiciadas.
Cuando en la II Guerra Mundial la carencia de petróleo se tornó un handicap insuperable para Alemania y Japón y la importancia estratégica del combustible se hizo evidente, Estados Unidos, cuyos yacimientos comenzaron a flaquear, con las transnacionales como punta de lanza, cambió su política, petrolera, trató de preservar sus yacimientos y se lanzó a la conquista de las reservas, para su beneplácito ubicadas en empobrecidos, débiles y políticamente corruptos países del Medio Oriente y América Latina.
Hasta hoy, la conquista y el control de los yacimientos petroleros es la más vasta, sostenida, inescrupulosa y despiadada campaña para apoderarse de una materia prima estratégica, librada por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y otros países europeos que no han vacilado en emplear todos sus recursos militares, sus capitales y su capacidad para corromper y chantajear. Irán e Irak, Arabia Saudita, Kuwait, los estados del golfo, México y Venezuela por sus enormes yacimientos fueron objetivos priorizados.
En la lista se añaden sucesivamente aquellos países donde aparecen yacimientos y que inmediatamente pasan a ocupar lugares de privilegio en las políticas imperiales. No para adquirir sus hidrocarburos a precios justos y mediante operaciones comerciales decentes, sino para aplicar las mismas políticas de extorsión y saqueo de hace 100 años.
Al referir la anécdota que ahora involucra a PDVESA, no debe omitirse el antecedente de que en 1930, cuando el petróleo no tenia el significado estratégico de hoy ni existían las razones políticas que el imperio alega contra Chávez, en Argentina, contra el presidente Hipólito Irigoyen, que no era revolucionario y ni siquiera nacionalizó el petróleo, sólo por crear los Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la Standard Oil protagonizó el primer golpe petrolero en la historia latinoamericana.
Jorge Gomez Barata

























































































