Diferendo en Sudamerica: primero lo primero

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La derrota de la maniobra imperial será más completa si además de la denuncia de la flagrante violación de la soberanía ecuatoriana, se logra alertar a la opinión pública internacional acerca de los peligros que la alianza entre la oligarquía colombiana y el imperialismo norteamericano significan para América Latina, se realiza la hazaña de salvar el proceso de liberación de los civiles retenidos por las FARC y se prueba la buena voluntad de las FARC y la idoneidad de Venezuela como interlocutor.

En materia de estrategia nunca escuché un punto de vista más sabio que la sentencia de que: "Evitar la guerra equivale a ganarla". Llevado a nivel global este pensamiento significa trabajar por imponer al imperio, agresivo y militarista una estrategia de paz.

En las guerras grandes y en los procesos políticos de largo aliento, la victoria se relaciona con la capacidad para tomar y conservar la iniciativa estratégica. De lo que en realidad se trata es de imponer la voluntad propia al adversario, obligarlo a combatir en terreno ajeno y desgastarlo en acciones que aunque pueden ser aparatosas, no son decisivas para el desenlace final.

Hasta la batalla de Stalingrado, Hitler no hizo otra cosa que avanzar y obligar a los soviéticos a defenderse y antes de Normandía los ocupantes fascistas en Europa occidental sólo tuvieron que ocuparse de masacrar a la resistencia. La victoria soviética en el Volga y el desembarco aliado en las costas de Francia cambiaron el curso de la guerra, cuando los nazis, en lugar de atacar, fueron obligados a pasar a la defensa y en vez de avanzar, a retroceder.

Frente a la brillante y generosa estrategia bolivariana impulsada por el presidente Chávez para América Latina, el imperialismo se desconcertó, se quedó sin respuesta y sus acciones se limitaron a ineficaces manotazos, exabruptos y a una torpe retórica; otro tanto ocurrió con la oposición interna y con la oligarquía regional.

En América Latina no hay manera de confrontar procesos revolucionarios que en democracia, en un clima de paz, normalidad institucional y amplias libertades, impulsan la lucha contra la pobreza y la exclusión, auspician una distribución más equitativa de la riqueza social, convocan a las mayorías y en el plano internacional, avanzan en la integración latinoamericana, practican una ejemplar política de solidaridad energética y realizan en meses lo que no se ha logrado en dos siglos de independencia.

En los últimos años, para confrontar esos procesos, especialmente la Revolución Bolivariana y más recientemente a la Revolución Ciudadana que auspicia el presidente Correa, el imperio ha maniobrado tratando de crear un escenario político como el propiciado por la irrupción de tropas de Colombia en territorio ecuatoriano, que es la más peligrosa situación que pueda ser imaginada.

El incidente originado por el bombardeo e intervención aerotransportada de tropas colombiana contra efectivos de las FARC que, a espaldas del gobierno ecuatoriano, vivaqueaban en la selva de ese país y que al originar tensiones en las fronteras de Colombia crea ambientes propicios para nuevas provocaciones y sobre todo, coloca a la vista el riesgo de que por accidente o provocación la situación quede fuera de control.

No hay que omitir el hecho de que cuando se trata de manipular las emociones, reivindicar el nacionalismo y el chovinismo, hacer prevalecer la patriotería y la ideología por sobre los argumentos y la razón, el imperio y las oligarquías se sienten como peces en el agua. Nadie lo hace mejor que ellos que, con el respaldo de los Estados Unidos, disponen de una inmensa capacidad de desinformación y manipulación que puede escamotear la verdad y confundir a la opinión pública, a los gobiernos e incluso a los organismos internacionales.

Para todas las fuerzas políticas latinoamericanas, desde la izquierda tradicional, los radicales y los moderados, los partidos políticos, los movimientos populares, el clero de base, las guerrillas y las fuerzas patrióticas que actúan en las instituciones militares, lo más importante ahora es desactivar el contencioso creado por la operación militar colombiana contra Ecuador e impedir que los movimientos políticos en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina Brasil y otros lugares sean apartados de sus prioridades y absorbidos por un contencioso militar, cuyas consecuencias serían lamentables.

El escenario que en apenas una semana se ha configurado en América Latina y que asume la forma de un conflicto que puede desencadenar la guerra, no puede ser peor. No hay por tanto tarea política más importante que desmontar la crisis y sacarle presión a la caldera.

En las presentes circunstancias, junto a la firmeza y el apego a los principios, la moderación y la tolerancia, la preferencia por el diálogo y los pasos al encuentro de soluciones pacificas son las cualidades más apreciadas.

La derrota de la maniobra imperial será más completa si además de la denuncia de la flagrante violación de la soberanía ecuatoriana, se logra alertar a la opinión pública internacional acerca de los peligros que la alianza entre la oligarquía colombiana y el imperialismo norteamericano significan para América Latina, se realiza la hazaña de salvar el proceso de liberación de los civiles retenidos por las FARC y se prueba la buena voluntad de las FARC y la idoneidad de Venezuela como interlocutor.

Jorge Gomez Barata

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