
Mr. W. sigue con pesadillas


Hace apenas unos días Mr. W. volvió a hacer algo que convirtió en tradición durante sus fracasados casi ocho años en la Oficina Oval: recibir a mercenarios mal nacidos en Cuba y a sus familiares, para congraciarse un poco más con sus cúmbilas de la mafia miamense, que lo clavaron en el poder en el 2000, con el más escandaloso fraude en la historia de Estados Unidos.
A los congresistas que cada vez en mayor número demandan al menos reformas en la política de ese país contra Cuba, el Hijo de P… apá respondió que "Estados Unidos no necesita cambiar nada, el que necesita cambiar es Cuba".
Por tanto, Cuba debe cambiar todo lo que Estados Unidos quiere que cambie, y a su vez Estados Unidos continuará por su camino geoexpansionista, bombardeando ciudades, masacrando civiles, menospreciando a la inmensa mayoría de la población mundial, esos que vivimos en "60 ó más oscuros rincones del mundo", matándonos de hambre por utilizar nuestros alimentos para elaborar combustibles, contaminando las aguas, el aire que respiramos y losa árboles que nos dan sombra y oxígeno, y amenazándonos con robarnos aún más nuestros recursos naturales, si es que acaso dentro de unos años nos quedan algunos.
NADA CAMBIARÁ EN ESTADOS UNIDOS
"Estados Unidos no necesita cambiar nada", dijo Mr. W. Y la frase también explica su postura de rechazo a que se condene a la práctica del eufemísticamente llamado "submarino" como método de tortura.
Continuarán entonces los vuelos secretos, que de secreto no tuvieron nada, cargados de sospechosos de terrorismo, para encerrarlos de por vida y sin nombres ni apellidos en campos de concentración como el que pretenden modernizar para hacerlo eterno en la base que ilegalmente ocupan en el territorio cubano de Guantánamo, la más antigua e inoperante de Estados Unidos en el Planeta.
Proseguirán las escuchas telefónicas, la violación de correspondencia privada, los correos electrónicos, las cuentas bancarias y hasta las postales de felicitación de todos los ciudadanos estadounidenses, que con sus cuantiosas contribuciones son los que pagan toda esa parafernalia de hacer guerras contra ellos mismos, para que el precio del barril de petróleo continúe subiendo aceleradamente, ellos tengan que gastar más por el combustible que utilizan y se enriquezcan hasta cifras impresionantes los magnates de las transnacionales, verdaderos promotores e instigadores de esta sed de sangre por hidrocarburos.
La palabrería de Mr. W. no se detuvo en la frase comentada, sino que repitió como copia al carbón más de lo mismo de siempre: "El Gobierno cubano debe empezar un proceso de cambio democrático pacífico, debe liberar a todos los prisioneros políticos, debe respetar los derechos humanos de palabra y de hecho, y allanar el camino para unas elecciones libres y justas".
En esta ocasión no lo repitió, pero está bien escrito y firmado en leyes estadounidenses: después de que Cuba, hipotéticamente aceptara doblegarse y cumplir con las órdenes de la Casa Blanca, el Presidente de Estados Unidos estudiará la posibilidad de introducir algunos cambios en su política, como por ejemplo, levantar el bloqueo económico, comercial y financiero que ya dura casi medio siglo, levantar las restricciones de viajes a los estadounidenses, que se mantienen en franca violación de la propia Constitución de ese país y permitir que los cubanos residentes en territorio norteamericano puedan enviar sus remesas a los familiares cuando lo deseen y en la cantidad que quieran, como hacen todos los extranjeros residentes allí y en otras naciones industrializadas.
Por supuesto, cuando Mr. W. emplea el término "prisioneros políticos" se refiere a sus mercenarios mal paridos en Cuba y amamantados y criados por sus nodrizas de la Oficina de Intereses que ese país mantiene en La Habana como cuartel general de la contrarrevolución fomentada por ellos y apéndice de la mafia miamense.
Todavía no se ha aclarado el escándalo de los millones de dólares que se evaporaron en pasta de cangrejos, bicicletas montañesas, grabadoras, equipos de video, comelatas y fiestones, que esa pandilla de asalariados despilfarró en Cuba, aunque buena parte de la tajada se quedó en los bolsillos de Miami.
Y en cuanto al "camino para unas elecciones libres y justas", al parecer Mr. W. no fue informado por sus más allegados colaboradores de lo ocurrido en Cuba el pasado 20 de enero, cuando más de ocho millones de cubanos acudimos a las urnas custodiadas por niños pioneros, y en inmensa mayoría ejercimos nuestro derecho al Voto Unido para elegir a nuestros diputados a la Asamblea Nacional y a los delegados a las asambleas provinciales.
Claro, esas no son las "elecciones libres y justas" que Mr. W. quiere que celebremos en Cuba cada cinco años. Él pretende que las hagamos de forma similar a las que se realizan en Estados Unidos, con robo de votos, como ocurrió con las que lo llevaron a la dirección de ese país en el año 2000 y por la decisión de un solo juez republicano en la Corte Suprema.
Su idea es que nuestros candidatos sean postulados por los partidos Republicano y Demócrata, y que inviertan y derrochen en las campañas electorales hasta tres mil millones de dólares, diciéndose hasta alma mía unos a otros, con el único objetivo de adueñarse del poder, para que todo siga igual o peor en Estados Unidos y en el mundo.
CUBA Y LOS CAMBIOS
Lo bueno deL discursito de W. estriba en que se le fueron algunas frases que constituyen la mejor evidencia de su fracaso y frustración en relación con Cuba.
El genocida de la Casa Blanca criticó a los gobiernos que apoyan a Cuba y añadió unas palabritas que denotan su falta de información y la soberana estupidez de su equipo de halcones asesores: "la lista de esos países es bastante corta y las democracias ausentes de esa lista son mucho más notables".
Curioso que nadie le haya enmendado la plana, recordando la última votación en la Asamblea General de Naciones Unidas en contra del bloqueo: 184 junto a Cuba, una abstención y cuatro en contra. Estados Unidos, Israel, Palau y las Islas Marshall.
Nadie, al parecer, se enteró en la Casa Blanca de que acaba de visitar a Cuba el comisario de la Unión Europea para el Desarrollo y la Ayuda Humanitaria, Louis Michel, y la subdirectora general de la UNESCO, Francoise Riviere.
Antes lo había hecho el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, que todo el Planeta sabe que es un cargo equivalente al de un Primer Ministro.
El canciller Felipe Pérez Roque acaba de sostener amistosos encuentros con el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon y con otras personalidades de la política internacional, en Nueva York y Ginebra.
Se olvidaron estos belicosos que Cuba preside el Movimiento de Países No Alineados, que con 118 naciones miembros es la mayoría de las representados en la ONU y otros foros internacionales.
No es necesario mencionar las frecuentes visitas de nuestro hermano el presidente bolivariano Hugo Chávez Frías, ni la reciente presencia del mandatario brasileño Luis Inacio Lula da Silva, ni la de dignatarios de África que han viajado a Cuba para estrechar los lazos de colaboración, amistad y solidaridad entre nuestros pueblos.
Quizás no sepan que Cuba mantiene relaciones diplomáticas con más de 180 países y organismos internacionales. Y pretendan ignorar que los médicos cubanos, en cifra superior a los 70 000 han salvado millones de vidas en "60 ó más oscuros rincones del mundo", esos mismos que Mr. W. bombardea con misiles inteligentes o pretende bombardear para matar y que maten a sus soldados.
Más de un millón de humildes han recobrado el precioso don de la vista gracias a los médicos cubanos mediante la Operación Milagro; miles de jóvenes, incluso hasta de Estados Unidos, se forman en Cuba como médicos de forma absolutamente gratuita; otros estudian en la escuela de deportes y más de dos millones de analfabetos de todas las latitudes geográficas han aprendido a leer y a escribir gracias al método cubano de alfabetización "Yo sí puedo".
Al parecer nadie le ha dicho a esta pandilla que más de un millón de cubanos participamos en asambleas abiertas y democráticas, en las cuales, sin que nadie lo impidiera, formulamos más de cinco millones de propuestas para cambiar todo lo que tenga que ser cambiado y perfeccionar la sociedad que nos da la gana edificar.
Ante todo lo expuesto, cabe una simple pregunta: ¿Quién es el que tiene que cambiar, Cuba o Estados Unidos?
La respuesta no admite discusiones: los dos, Cuba para mejorar su economía y servicios, y Estados Unidos para no invadir, bloquear, matar, robar, mentir, torturar y pretender erigirse en modelo de democracia, ese sistema tan manido y vapuleado de gobierno que Mr. W. se ha encargado de pisotear y enlodar hasta el ridículo.
Hector Arturo















































































