Paraguay: Los desafíos de un ex obispo con los pies en la tierra


La mitad de la población paraguaya vive en extrema pobreza.
Lugo, un ex obispo católico que renunció al sacerdocio en el 2006 para ocuparse de la política como medio de mejorar la calidad de vida de su empobrecido pueblo, tiene ante sí una ardua tarea dejada por 60 años de gobierno del Partido Colorado, de ellos 35 bajo la dictadura militar de Alfredo Stroessner, dos décadas de política neoliberal y su secuela de calamidades en el orden económico y social. El país, según estudios, no ha crecido en el plano económico en los últimos 25 años.
Paraguay, que en guaraní significa Aguas del Mar, está situado en el corazón de Sudamérica y es el segundo país más pobre de América Latina después de Bolivia. Con cerca de seis millones de habitantes, aunque es mediterráneo, posee dos grandes ríos (Paraguay y Paraná) que le permiten la salida al mar. Su economía se caracteriza por el predominio de sectores agroganaderos, comerciales y de servicios. Considerado el socio de economía menor del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), del cual es fundador, cuenta con un comercio fortalecido por sus productos importados, cuyos bajos precios son buscados por turistas y negociantes de países vecinos.
Líder de la Concertación Nacional — una alianza de nueve partidos y 20 movimientos sociales que lo llevó como candidato a las elecciones de abril último — el futuro Mandatario deberá iniciar un proceso de transformaciones estructurales que espera la población que le favoreció en las urnas al ganar con el 40,1 de los votos, un 10 por ciento por encima de la candidata del Partido Colorado, Blanca Ovelar, a pesar de la gran campaña mediática lanzada por esa organización para apoyarla y tratar de influir en el electorado sobre lo negativo que podría resultar para Paraguay la elección del llamado Candidato de los Pobres.
A estas alturas, con seguridad Estados Unidos ya trazó su estrategia para lidiar con el nuevo Gobierno paraguayo, pues aún cuando la práctica demuestra lo contrario, a los antiguos amos de América Latina les resulta inaceptable la implantación de nuevos regímenes de izquierda y la imposibilidad de continuar con la política de ordeno y mando, aun cuando, infelizmente, hay quienes le hacen el juego, como es el caso de Colombia.
Aún cuando Lugo se ha pronunciado por la integración sudamericana, y posee un historial de lucha —incluso fue expulsado del país por sus sermones subversivos, según el régimen militar — también deberá adoptar una posición objetiva ante Estados Unidos, debido a la presencia de tropas de ese país norteño en la base aérea Mariscal Estigarribia, de enorme estrategia para los planes militaristas norteamericanos de intervención rápida, pues se encuentra situada a 200 kilómetros de Argentina y 300 de Brasil.
Ya la administración de George W. Bush recibió un golpetazo del gobierno de Ecuador, cuyo presidente, Rafael Correa, advirtió que el año próximo las tropas del Pentágono deberán abandonar la base de Manta, cuando expira el convenio entre los dos países, que Quito no renovará.
No es difícil imaginar la posible reacción de Washington si Lugo, en decisión soberana, también exige la salida de Mariscal Estigarribia, lo cual seguramente traería un fuerte enfrentamiento y planes de desestabilización contra su gobierno, pues el imperio perdería el control militar en el sur del continente.
Otro tema delicado a tratar es la decisión pública de la Casa Blanca de apoderarse del Acuífero Guaraní, una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo ante la ya evidente escasez del preciado líquido que se prevé para los próximos años a nivel mundial.
Antes de su elección, Lugo fue invitado por la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) y el Partido Demócrata de Estados Unidos a sostener conversaciones en México.
Entrevistado después por la prensa sobre el resultado de sus pláticas con los demócratas, Lugo ofreció una idea de lo que puede ocurrir en el futuro. "Les he dicho, precisó, que desde Paraguay y desde América Latina, muchas de las acciones de Estados Unidos, sobre todo a nivel internacional, son muy cuestionadas, y que, ojalá que cuando el Partido Demócrata pueda reorientar su política internacional, podamos conversar de igual a igual en términos de relaciones internacionales, sobre todo en la composición de las relaciones de fuerza dentro del planeta."
El antiguo sacerdote sabe que tendrá que batallar a la vez en varios frentes. En el orden interno lo que prevalece ahora es el análisis con los sectores nacionales sobre la situación real del país para poner en práctica su política de unidad nacional, y su estrategia de que las soluciones no pueden salir sólo del Ejecutivo, así como el papel que deben desempeñar las diferentes organizaciones.
Esta semana, por ejemplo, el ex prelado se reunió en Asunción con líderes campesinos, ganaderos y cultivadores de soja, en un seminario en el Hotel Granados Park. El tema fue dialogar sobre la situación en el campo, "Es un taller de información sobre Reforma Agraria, en donde se posibilitarán las experiencias boliviana, brasilera y mexicana en reforma agraria y que propiciamos desde el grupo de la Alianza a los referentes más importantes del campesinado", puntualizó Lugo a la prensa en Asunción.
Con una fuerte tradición agrícola, sólo el 2,5 por ciento de la población acumula más del 70 por ciento de las tierras cultivables, signo inequívoco de la necesidad de cambiar la correlación productiva agrícola, donde existe un llamado cinturón de pobreza formado por más de dos mil asentamientos familiares. Un 50% de los paraguayos vive de la agricultura.
"Tanto a los sin tierra como a los grandes empresarios les pertenece la nación, por lo que queremos sentarnos en la mesa y con reglas claras diseñar, dibujar el país que queremos los paraguayos, sin fricciones, sin violencia", advirtió el Presidente electo a los asistentes, lo que ya va marcando la diferencia sobre lo que será su política en el orden interno.
Este será uno de sus problemas más peliagudos, pues en la nación guaraní, idioma que habla el 90% de la población, Lugo deberá está bajo los ojos de una pequeña pero fuerte oligarquía habituada al entreguismo, la corrupción, el fraude y el clientelismo. Es decir, tendrá que abrir diversos frentes de batalla para ganar la guerra por una sociedad de justicia.
Tras dos décadas de neoliberalismo, 35 de dictadura, una población mayoritariamente pobre y analfabeta, los programas de proyección social están priorizados en su proyecto gubernamental, y para ello la estrategia del futuro Mandatario se basa, entre otras posibilidades, en la suscripción de nuevos contratos en lugar de los obsoletos tratados hidroeléctricos de Itaipú y Yaciretá. Hace pocos días, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, informó que se reunirá con Lugo para el análisis de los nuevos convenios, con precios más justos, que generarán ganancias a ser empleadas en los prometidos proyectos de justicia social.
En la actualidad, las presas de Itaipú y de Yaciretá suministran energía a precios de costo a Brasil y Argentina, respectivamente, que son dos de las economías mas fuertes del subcontinente y socios de Paraguay en el MERCOSUR. Por razones de simple lógica, Lugo no puede permitir que su empobrecido país subsidie a sólidas economías.
Por delante tiene otros enormes problemas para solucionar pues las posibilidades del acceso a la salud, educación, viviendas, empleo, entre otros, están virtualmente en cero. Sólo entre el 2005 y el 2007, la pobreza extrema aumentó un 40% en Paraguay debido al incremento de los precios de los alimentos en la canasta básica. En cifras redondas, otras 270 mil personas cayeron en la indigencia. El 35 por ciento de la fuerza laboral enfrenta problemas de desocupación y subocupación.
Sin embargo, este sacerdote barbudo es un hombre optimista, que no dudó en renunciar a los hábitos para servir a su pueblo, en el que ha puesto su fe. La transformación radical del país mediante la instalación de una ya anunciada Asamblea Constituyente que reestructure las bases económicas, políticas y sociales, es otro de los grandes desafíos para los próximos meses.
La mayor carta de triunfo, según Lugo, es su propio pueblo."Yo creo que el país, precisó, ha crecido en conciencia y hoy podemos decir, que es un pueblo que tiene propuestas concretas para salir y poder superar las dificultades. Y eso para mi ha sido de gran alegría, porque un político en Paraguay nunca ha ido a preguntar a la ciudadanía, ni de sus necesidades y menos aún de sus propuestas; es más, darle la oportunidad de ser sujeto transformador de la historia y de la creación de la nueva sociedad a esta masa electoral, que tiene un rostro, un nombre, una persona y que quiere ser sujeto de transformación".
Lidice Valenzuela
























































































