Precepto de incitación fatídica

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De todos los capítulos de las leyes de inmigración de Estados Unidos, el más generoso, expedito y de mayor aplicación ha sido, y probablemente seguirá siendo por muchos años, la archiconocida Ley de Ajuste Cubano (LAC)".

Así comienza un artículo del abogado Manfred Rosenow, periodista especializado en los temas de inmigración, el 13 de mayo último en el diario Nuevo Herald, uno de los de mayor circulación en el sur de la Florida, vinculado estrechamente con los intereses de la extrema derecha cubano-norteamericana.

"Esta especialísima ley", como la califica el autor del artículo, fue promulgada el 2 de noviembre de 1966 por el gobierno de los Estados Unidos para promover el éxodo de cubanos en función de sus objetivos propagandísticos contra la Isla.

En esencia, ha sido el instrumento que ha propiciado que muchos miles de cubanos, atraídos -como tantos millones de otros latinoamericanos y ciudadanos del tercer mundo- por el más alto nivel de vida estadounidense y estimulados por un tratamiento privilegiado del que no disfrutan los demás latinoamericanos, arriesguen sus vidas y, en una elevada proporción, las pierdan en aguas del Estrecho de la Florida. De ahí que se le conozca como la "Ley Asesina".

El artículo del Miami Herald exalta el hecho de que, gracias a esa ley, la inmensa mayoría de los cubanos que han logrado pisar tierra estadounidense han adquirido el estatus de residente legal permanente, en apenas "un año y un día".

"Tampoco se le exige al cubano haber entrado legalmente a EEUU y, si llegó sin visa, por la frontera, etc., el gobierno le concede parole (admisión bajo palabra) y de esa manera también cumple con lo exigido por la ley", proclama jubiloso el periodista.

Al solicitante de ''ajuste cubano'' no se le exige garantía de una tercera persona con solvencia económica como es requisito para ciudadanos de cualquier otra nacionalidad y especialmente si el aspirante procede del tercer mundo.

Pero, "todas las cosas buenas del mundo (…) tienden a agotarse y extinguirse, y así también la Ley de Ajuste Cubano ha sido objeto de intentos de anulación por parte de sectores menos tolerantes del Congreso en Washington", cuenta el apologista de la Ley Asesina.

"Así y todo, los representantes a la Cámara Lincoln Díaz-Balart y su hermano Mario, igual que la representante Ileana Ros-Lehtinen y el senador Mel Martínez (todos cubanos de la Florida) han dado con éxito la gran batalla por la defensa de esta ley y han logrado detener su abolición, condicionándola a que se establezca en Cuba un régimen democrático, cosa que, como todos sabemos, no ha ocurrido todavía", concluye el articulista del Miami Herald, al tiempo que exterioriza sus deseos de que la LAC tenga "¡larga y saludable vida! ".

Esta ley expresa una contradicción flagrante en la política contra Cuba de los gobiernos estadounidense desde que triunfó la revolución que puso fin al dominio semicolonial de la Isla en 1959.

Así lo ve la publicación digital La Alborada, de Washington, DC, en un artículo titulado "Misterios de la Ley de Ajuste Cubano" (Mysteries of the Cuban Adjustment Act) difundido el 13 de mayo en el que se hace notar que esta ley no encaja en la legislación general sobre inmigración y tampoco juega con la política anticubana que lleva a cabo hace casi medio siglo el gobierno estadounidense.

"El propósito de esta política, especialmente desde que fueran promulgadas la extraterritorial Ley Torricelli de 1992, la Ley Helms-Burton de 1996 y las reglas administrativas de Bush de 2004, es crear, mediante estrangulamiento económico, una situación de tanta miseria en Cuba que provoque un alzamiento general. Pero la LAC estimula la salida de aquellos que son o pudieran convertirse en desafectos. Cambia la orientación de la conducta a que se pretende inducir a los cubanos, de rebelión a emigración. ¿Quién participará en el alzamiento?", opina y se pregunta el artículo de La Alborada.

"La práctica estadounidense de otorgar o negar visas está más en línea con esa política (…). La denegación es consistente con la idea de mantener a los ciudadanos en una Cuba bloqueada para que ellos originen desórdenes civiles. Pero este objetivo se cancela con la LAC, porque hasta aquellos que no califican para recibir una visa pueden ser aceptados si llegan a Miami o la frontera mexicana mediante una salida ilegal y una entrada ilegal."

El artículo de La Alborada apunta que la combinación de la presión económica contra la Isla, el incumplimiento por parte de los Estados Unidos de sus compromisos relativos al otorgamiento de visas a cubanos y los cantos de sirena de la LAC llevan a muchos a arriesgar la vida en el Estrecho de la Florida o el Canal de Yucatán.

Y otra curiosidad que recuerda La Alborada: "la LAC es ahora interpretada a través de la política de "pies secos/pies mojados" que ofrece que si un emigrante ilegal es interceptado por guardacostas estadounidenses, es regresado a Cuba, pero si logra llegar a la costa floridana será bienvenido en los términos de la LAC".

Esto ha dado lugar al floreciente desarrollo del negocio de los traficantes de personas en lanchas rápidas, casi siempre gente anteriormente dedicada al tráfico de estupefacientes y por ello especializada en evadir los guardafronteras.

Así, –dice La Alborada- para quien se sienta infeliz por vivir en una isla bloqueada y subdesarrollada, y quiera probar suerte en el Norte consumista, aquí están las reglas. Solicite su permiso en el consulado estadounidense, o no lo haga; si lo rechazan o ignoran, puede intentar usted mismo la travesía por mar. Si lo detectan durante el viaje por mar, no será bienvenido; pero si logra llegar, lo será con privilegios. No importa si antes el consulado lo rechazó, una vez que llega usted a Miami será difícil excluirlo.

Esto, naturalmente, si usted es cubano. Si es usted haitiano, dominicano, jamaicano o de alguna otra isla subdesarrollada, no tiene usted suerte. Muy especialmente si es mexicano, aunque México no sea una isla.

Manuel E Yepe

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