Argentina: Un modelo que no redistribuye la riqueza

Imagen de Sandra Urbana

El gobierno afirma que continúa 'la baja de la pobreza'. Se apoya para eso en los más que dudosos números del Indec. Una catarata de estudios de diverso signo muestra lo contrario. El desempleo -que volvió a crecer- y la inflación son los motivos por los que ya 12 millones de argentinos se registran en la categoría de 'pobres'.

'Hoy podemos exhibir con orgullo el descenso de la pobreza y de la indigencia'. La frase fue pronunciada el 12 de mayo por la señora Presidente Cristina Kirchner. Al día siguiente, como si fuera una reafirmación científica del discurso, la intervención del Indec dio a conocer los 'números' de la pobreza. Se trata de un dato que va camino a tener la misma credibilidad que el índice oficial de inflación.

Veamos los valores ofrecidos por el organismo oficial: la pobreza habría disminuido al 20,7% en el período que va desde octubre del 2007 a marzo del 2008. El índice de indigencia, a su vez, estaría en el 8,2%. Esto quiere decir que, para el gobierno, hay aproximadamente 8 millones de pobres y 2 millones de indigentes. Para afirmar que la pobreza disminuyó, se procedió a comparar los datos con el 23,4% que el mismo organismo había registrado en el primer semestre del año pasado, dato ya cuestionado en su momento.

No vamos a detenernos acá en el rosario de desprolijidades 'técnicas' que contiene el informe. Desde que se ignora porqué se demoró tanto su anuncio, que debía haber sido dado a conocer en los primeros días de abril; pasando a que se desconoce absolutamente quien realizó la toma y cálculo de datos, ya que el equipo que históricamente lo realizaba, liderado por Cynthia Pok, fue desplazado a mediados del año pasado; hasta el hecho más escandaloso de un dato de la serie histórica, el de julio-setiembre del 2007, que directamente nunca se calculó, 'salteándose' la serie estadística.

Los verdaderos números

Es increíble la cantidad de estudios que desmienten al gobierno. Según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el porcentaje de la población bajo la línea de pobreza aumentó entre fines del 2006 y fines del 2007, de un 25% a un 30 o 32%.

Como la medición se hace sobre hogares, y los de menores ingresos tienen estadísticamente más niños, su cálculo es que la pobreza medida en personas debe estar alcanzando ya al 40% del total de los argentinos. Por su parte el Instituto de Estudios y Formación de la CTA, asegura que el número de pobres estaría cerca de los 13 millones (32,9%) y los indigentes 5 millones (12,7%). Otro estudio, de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) de Ernesto Kritz, mide la pobreza en un 30,4%.

Número más, número menos, todos los estudios concluyen en lo mismo: los datos oficiales se 'comen' a 4 millones de pobres. Ya sólo en el 2007, y sin contar la inflación del 2008, hay un millón y medio de pobres más.

¿Por qué aumenta la pobreza?

Se trata de un dato de trascendencia mayor para un modelo económico que tiene como una de sus afirmaciones centrales 'que está redistribuyendo la riqueza'. Se puede afirmar que hay un sostenido aumento de la pobreza desde el año 2006, revirtiendo las mejoras en los indicadores que el crecimiento económico había generado en los años anteriores.

Dos son las causas centrales: la inflación y el desempleo. Analicemos el primer componente: por cada 'punto' que aumentan los precios, 150.000 personas caen bajo la línea de pobreza. No fue gratis la inflación real de alrededor de 25% del año pasado, ni el hecho de que este año ya se acumule otro tanto.

Por tomar un solo dato: según el relevamiento mensual de Adelco, los artículos básicos de marcas líderes ya llevan una suba del 3,4% sólo en el presente mes de mayo. O comparar los propios índices de inflación dados a conocer por los institutos provinciales de estadística. Quiera esconderse esos datos o no con los números falsos del Indec, ya casi no hay debate en la Argentina sobre la realidad de una inflación muy por encima de la oficial (aproximadamente entre el doble y el triple) durante el 2007 e incluso una aceleración en lo que va del 2008.

Pero hay otro motivo, tan preocupante como el anterior, pero mucho más 'novedoso': está comenzando a aumentar nuevamente la desocupación. Es un fenómeno que comenzó a mediados del año pasado, con la recordada 'crisis energética', pero la tendencia parece acentuarse en el 2008.

Si miramos los propios números del gobierno, observamos que existe una evidente desaceleración en la creación de empleos. Obviamente también los números del Indec en este rubro están sospechados, ya que a partir del segundo trimestre del 2007 se dejaron de publicar las bases de datos del cálculo; sólo se publica el resultado.

Según esos datos, la tasa de desocupación sería del 8,5%. Esto considerando como 'ocupados' a los casi 600.000 que cobran los 150 pesos de los planes jefas y jefes de hogar. Si le restamos este número, el valor sube al 8,8%.

El gobierno manipula la presentación de los datos, ya que en su informe compara los valores con el primer trimestre del año pasado, y por eso dice que 'bajó' el desempleo, en vez de contrastarlo, como corresponde, con el último valor: el del mes de octubre del 2007. Comparando desde entonces, hay 150.000 desocupados más. Se puede aducir técnicamente que es por la 'estacionalidad', ya que normalmente la medición de octubre da más empleo que la de mayo. Es cierto en general, pero no en este caso.

No se puede esconder que disminuyó lo que técnicamente se llama 'población económicamente activa', o sea que hay trabajadores que se retiraron de la búsqueda activa de empleo, por encontrarse desalentados al no hallar trabajo. Podemos aceptar el debate sobre si se trata de un aumento de la desocupación abierta o un factor coyuntural. Pero es un hecho que aún economistas simpatizantes con la actual política económica reconocen que, al menos, hay una fuerte 'desaceleración' en la creación de empleos.

Siempre según los datos oficiales, si sumamos a la desocupación la subocupación, tenemos 2,7 millones de personas con problemas de empleo, 14,2% del total de la fuerza de trabajo. Agreguémosle a ello que más del 40% de los que efectivamente tienen trabajo están en negro.

Luces amarillas que van camino a rojas

Con todos estos datos, no sorprende entonces que seis de cada diez entrevistados por el Barómetro de la Deuda Social Argentina afirmen que sus ingresos no les alcanza para vivir con decoro, que un 30% de los hogares no satisface sus consumos básicos en alimentación, transporte, educación y vestimenta y que un 52% tiene problemas en el acceso a los servicios de salud.

El gobierno sostiene que todas sus políticas tienen como norte la 'redistribución de la riqueza'. Pero eso no se sostiene ni siquiera cuando comparamos la ejecución presupuestaria. Increíblemente destina al gasto social un 9% menos que lo que le dedicaba Menem (lo que ya es mucho decir), y un 14,3% menos que lo que se hacía en el 2001. Es algo que no tiene explicación en un país con 50.000 millones de dólares de reservas y superávit fiscal récord.

Es evidente que la mejora de los indicadores sociales (desempleo, subempleo, pobreza e indigencia) que habían 'rebotado' desde los valores de catástrofe que tenían en el 2001-2002, ha llegado a su fin, y empieza una contratendencia. Por un lado, porque nunca bastó con el mero derrame del crecimiento económico. De hecho fue bastante pobre la performance de los indicadores citados en una economía que crecía con tasas récords. Muchas veces señalamos que, incluso, la distribución del ingreso empeoró, ya que los sectores más concentrados se beneficiaron mucho más del auge que los del fondo de la pirámide.

Pero ahora es peor: estamos llamando la atención acerca de una nueva tendencia, visible desde fines del 2006 para todos, y que incluso lo sería para las estadísticas oficiales si no hubieran sido falseadas: está volviendo a crecer la pobreza y la indigencia. Y a velocidad acelerada.

Es indispensable que el gobierno acabe con la retórica, la búsqueda de falsos chivos expiatorios y, si efectivamente se plantea como objetivos de su política económica la redistribución de la riqueza, se haga cargo de esta tendencia.

José Castillo, Profesor de Economía Política y Sociología Política en la UBA.

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