Entrevista a Magdalena Oleada: Bibliotecaria devenida escritora

Imagen de Jesus Dueñas Becerra

“Soy las dos cosas, porque las amo con todas las fuerzas de mi ser, y me he dedicado a ellas en cuerpo, mente y alma”, fue la respuesta inmediata de la licenciada Magdalena Oleada, una de las trece fundadoras del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (CNICM), y por extensión, de la bibliotecología médica en la mayor de las Antillas.

En homenaje al Día del Bibliotecario, que en la ínsula caribeña se celebra el día 7 de junio, en honor a Don Antonio Bachiller y Morales, padre de la bibliografía cubana, decidí entrevistar a la destacada bibliotecóloga y laureada escritora, para que les relatara a las lectoras y los lectores de nuestro blog cómo nació y creció esa vocación por los libros y por las letras.

Sin más preámbulo, los dejo con la licenciada Magdalena Oleada.

¿Podría explicarnos cuál fue la motivación fundamental que la llevó a matricular la especialidad de Información Científica y Bibliotecología en la Universidad de La Habana, institución que este año celebra el aniversario 280 de su fundación?

La motivación por esa especialidad surge desde pequeña por mi amor a los libros, comencé leyendo libros de cuentos y más tarde “devoraba” todo lo que encontraba. Me acostumbré a ir a la biblioteca y estudiar en ella.

A los 16 años de edad, me presenté a una convocatoria librada por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), para el curso de Técnico en Información y aprobé el examen de ingreso.

La preparación técnica me ayudó muchísimo para elegir la especialidad de Información Científica y Bibliotecología, ya que en cualquier soporte intercambias con el usuario, desarrollas destrezas y habilidades, y por supuesto, mantienes un nivel de actualización a través de todas las vías que te facilita el medio.

¿Qué representa para usted ser una de las fundadoras del CNICM, y concretamente, de la Hemeroteca Médica (hoy Biblioteca Médica Nacional), y qué le aportó desde los puntos de vista profesional, humano y espiritual?

En el CNICM di los primeros pasos como trabajadora, lo cual -a su vez- me permitió continuar estudiando. Al graduarme como técnica, pude matricular el curso introductorio de un año (era un curso de nivelación para los que no terminamos el preuniversitario). Más tarde, comencé la Licenciatura en Información Científica y Bibliotecología en la Universidad de La Habana.

Me agradaría destacar el hecho de que, en todo momento, tuve mucho apoyo para estudiar, principalmente por la dirección del CNICM (en aquel entonces, el colega Joaquín Torres Collazo se desempeñaba como director de esa emblemática institución). No obstante haber tenido que alternar el estudio con el trabajo, me sentía intelectual y espiritualmente muy bien.

Por otra parte, su pregunta me hace evocar a un grupo de colegas con unos valores humanos excelentes que me trasmitieron conocimientos, honestidad y amor al trabajo, principalmente mi madre, quien laboraba en la imprenta, y al igual que yo, está jubilada e integrada al Circulo de Abuelos “Las Mariposas”, que funciona en Infomed (portal cubano de salud).

De las muchas anécdotas, vivencias, experiencias acumuladas por usted durante los años que laboró en el CNICM, ¿podría relatarnos una que haya quedado registrada en su memoria poética (“archivo” donde se conservan los momentos más bellos en la vida de un ser humano), y por ende, haya contribuido a su crecimiento desde todo punto de vista.?

Una de esas vivencias fue el haber sido elegida -casi recién egresada de la capitalina Alma Mater- para impartir clases de Bibliografía Médica; designación que me honró en grado sumo, pero me obligó a prepararme mucho más y me despertó el interés por ayudar a formar a los mismos bibliotecarios médicos; esa enriquecedora experiencia también me sirvió para recibir -con posterioridad- la categoría docente.

Al entrar a la Biblioteca Médica Nacional, y ver que la licenciada Bárbara Lazo -la actual directora- había sido mi alumna hace ya algunos años, pienso que la labor instructivo-educativa (las dos caras de una misma moneda), hace crecer al binomio maestro-discípulo desde todo punto de vista.

Según sus propias palabras, usted se ha entregado en cuerpo, mente y alma no sólo al ejercicio de la bibliotecología, sino también a la praxis literaria: ha escrito poemas, cuentos y relatos cortos que han recibido lauros en certámenes literarios. ¿Podría develarles a los lectores cómo nació esa vocación por el arte de escribir…, que es amar, según el Apóstol?

Con apoyo en el hecho de que he ordenado bien mis gustos, lo cual me ha permitido “descifrar” los fascinantes “secretos” de la actividad bibliotecológica, le confieso que sentí en lo más hondo de mi ser la necesidad intelectual y espiritual de escribir.

Desempeñar diversas funciones (entrevistar al usuario, preocuparme por las solicitudes de diversos temas e investigar para dar respuestas a sus necesidades cognoscitivas), me mantiene actualizada, y en ese contexto, todo lo que se ofrece es información en disímiles soportes.

Todo ello -unido al nacimiento de un nieto, que es un amor nuevo para mí, su risa, su llanto- me motivó -¡y de qué forma!- a escribir un cuento “Mi nieto Samir”, el cual envié al concurso “Abdala”, auspiciado por la Unión Árabe de Cuba, y me lo premiaron. A partir de ahí, me vi en la necesidad de contar, de transmitir lo que pienso y lo que siento y todo eso es información. ¿No es así, periodista?

¿Alguna sugerencia o recomendación a los jóvenes que se inician, tanto en el campo de la Información Científica y la Bibliotecología, como en el de la literatura?

Recomiendo a los jóvenes que escogieron -por vocación, no por otro motivo- la especialidad de Información Científica y Bibliotecología que estudien mucho, que traten de dar una buena imagen ante el usuario, que cuando no sepan una respuesta deben dar la mejor salida e informarse, nunca quedarse con la duda, ya que el mundo de la información es casi infinito y quienes debemos utilizar sus herramientas y dar respuestas concretas somos los que estamos inmersos en él.

Si hacemos un buen uso de todas esas herramientas (escritura, imágenes y audio), y las sabemos distribuir y divulgar racionalmente nos acercaremos -¿quién lo duda?- a la literatura y el periodismo.

Jesús Dueñas Becerra

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