Pérdida irreparable para la enseñanza artística y la cultura cubanas

Imagen de Jesus Dueñas Becerra


”Hasta muertos, dan ciertos hombres luz de aurora”.-José Martí-

A principios de los años 2000, Dios y la vida me concedieron el privilegio de tratar “cara a cara” al doctor en Ciencias Filosóficas José Orlando Suárez Tajonera (1928-2008) (en la foto, al lado del autor), profesor emérito del capitalino Instituto Superior de Arte (ISA) y miembro activo del Centro de Estudios Arquidiocesanos de La Habana (CEAH)…, hasta su lamentable deceso, ocurrido el 12 de junio de 2008, como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.

No obstante, ese ilustre nombre me resultaba familiar desde la década de los sesenta del pasado siglo, ya que era, es y será una de las figuras emblemáticas en la enseñanza de la Estética, no sólo en la ínsula caribeña, sino también en Iberoamérica, donde dejara una huella indeleble en la memoria sensible de sus discípulos, a quienes no sólo les enseñó los “secretos” de esa disciplina filosófica, sino también les alimentó -¡y de qué forma!- el intelecto y el espíritu, porque -al igual que Martí- estimaba que “[…] no hay monstruos mayores que aquellos en que la inteligencia está divorciada del corazón”. 1

La carismática personalidad del doctor Suárez Tajonera convocaba tanto a la sabiduría como a la incondicional entrega afectiva, ya que pertenecía a esa casta de seres superiores, pero NO por su erudición, sino por lo que era: un maestro único e irrepetible, caracterizado por la modestia, la sencillez, la humildad, el respeto absoluto a la otredad, así como a la dignidad humana del estudiante, al que jamás humilló con su cultura filosófica y general, que era ancha y lejana como la pampa argentina.

Con apoyo en la martiana ciencia del espíritu, 2 el profesor Suárez Tajonera sabía tender puentes, no establecer diferencias abismales entre él y los estudiantes, a quienes percibía como a jóvenes ávidos de conocimientos, pero también de ternura y de afecto, que sólo los verdaderos educadores -desde Varela hasta él- pueden dar… sin exigir ni esperar nada a cambio; por otra parte, los enseñó a dudar que es sinónimo de pensar. 3

Tuve el placer inefable de ser uno de esos “discípulos informales” que se enriquecieron intelectual y espiritualmente con sus valiosos consejos, sus apreciaciones de grueso calibre, sus críticas constructivas que tenían la suavidad de la seda y el sabor de la miel, y por encima de todo, con su sincera amistad, que guardo -cual preciado tesoro- en lo más hondo de mi ser…, hasta tanto pueda encontrarme con su espíritu en ese espacio infinito, lleno de música, luz y color, a donde van los hombres y mujeres que, al decir del Apóstol, “aman y fundan” […]. 4

El doctor Suárez Tajonera recibió en vida toda clase de reconocimientos científico-académicos, tanto en Cuba como en el exterior…, pero en esta evocación literaria -“escapada” de lo más hondo de mi yo íntimo- sólo me referiré a dos de ellos: Miembro Fundador de la Comisión Nacional de Grados Científicos; distinción que le fuera entregada, en junio de 2007, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, y que generó una entrevista, 5 publicada en las páginas de Librínsula, boletín electrónico de la Biblioteca Nacional José Martí.

A finales de ese año, el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional de la Enseñanza Artística, motivo por el cual la colega Aracelys Bedevia, 6 periodista de Juventud Rebelde, lo entrevistó para ese medio de prensa, mientras que el autor de esta semblanza le dedicó la crónica “Enseñar es crecer”, 7 publicada en la revista Palabra Nueva, no sólo por el lauro obtenido, sino también por sus ocho décadas de fecunda vida y más de 45 años de consagración en cuerpo, mente y alma a la educación superior cubana e iberoamericana.

Por último, el doctor Suárez Tajonera y el M.Sc. Alfredo Martínez, también profesor del ISA y entrañable hijo intelectual y espiritual, escribieron -a cuatro manos- una reseña de mis libros La danza vista por un psicólogo 8 y La danza vista por un crítico teatral. Arte danzario y periodismo cultural, 9 donde hacen una disección crítica de esos materiales, cuyo objetivo fundamental no es otro que establecer el vínculo ciencia-arte, así como la relación arte-danza-periodismo-cultura.

Me despido de mi virtuoso maestro y amigo del alma con un aforismo vareliano: “[…] la juventud a quien consagré en [este] tiempo mis desvelos, me conserva en su memoria, y dícenme [sic] que la [futura generación] no [escuchará] con indiferencia mi nombre”. 10

¡En paz descanse, doctor José Orlando Suárez Tajonera, que usted cumplió con creces su cristiana misión en la tierra: amar, perdonar y servir al prójimo!

NOTAS

1. Valdés Galarraga, Ramiro. Diccionario del pensamiento martiano. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2002: p. 318.
2. Véase al respecto: González Serra, Diego. Martí y la ciencia del espíritu. La Habana: Editorial Si-Mar, 1999; Dueñas Becerra, Jesús. “José Martí y la ciencia psicológica”. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. 2003; 94 (1-2): pp. 145-148.
3. Bedevia, Aracelys. “Dudar significa pensar”. Juventud Rebelde. 43 (58); 4 de enero de 2008: p. 4 (cultura) (Entrevista al doctor José O. Suárez Tajonera, Premio Nacional de la Enseñanza Artística 2007).
4. Valdés Galarraga. Ob. Cit.: p. 291.
5. Dueñas Becerra, Jesús. “Una vida consagrada a la enseñanza artística” (Entrevista al doctor José Orlando Suárez Tajonera). Librínsula. 4 (182): 29 de junio de 2007 www.bnjm.cu.
6. Bedevia, A. Ob. Cit.
7. Dueñas Becerra, Jesús. Enseñar es crecer. Palabra Nueva. 2008; XVI (170): pp. 66-67.
8. Dueñas Becerra, Jesús. La danza vista por un psicólogo. La Habana: Ediciones Vivarium, 2004.
9. Dueñas Becerra, Jesús. La danza vista por un crítico teatral. Arte danzario y periodismo cultural. La Habana: Ediciones Vivarium, 2006.
10. León Ortiz, María Margarita. Pensamientos de Félix Varela y Morales. La Habana: Ediciones Bachiller, 2008: p. 98.

Jesús Dueñas Becerra, Crítico y periodista

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