Recordando el día en que murió un joven inocente

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Hoy se conmemora el aniversario 12, del asesinato del joven italiano Fabio Di Celmo, provocada por una explosión colocada en el hotel Copacabana, de La Habana, donde se alojaba.

También en esta fecha estallaron explosivos en los hoteles Tritón y Chateau Miramar y en La Bodeguita del Medio. Raúl Ernesto Cruz León, salvadoreño, fue el autor intelectual de esos macabros hechos, quien formaba parte de la red de mercenarios centroamericanos contratados por el terrorista de origen cubano, Luis Posada Carriles y financiados por la Fundación Nacional Cubano Americana.

Posada Carriles, que fue indultado en 2004 por el gobierno de Mireya Moscoso en Panamá, cuando cumplía una condena de ocho años de cárcel por intentar asesinar al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en 2000, es también prófugo de la justicia venezolana por la voladura de un avión comercial cubano en octubre de 1976, en la cual murieron 73 personas.

A raíz de los hechos del cuatro de septiembre, el diario The Miami Herald publicó un artículo con una investigación sobre las bombas colocadas en esos hoteles cubanos y la conexión con una banda de El Salvador, asaltantes de bancos, residencias y ladrones de autos.

Ese diario determinó que Posada Carriles fue el "cerebro gris" de los mencionados hechos. Y casi un año después del crimen, en una entrevista pública para The New York Times, el connotado terrorista admitió que era él quien había puesto precio a aquellas bombas: «Ese italiano estaba en un lugar y en un momento equivocado, pero yo duermo como un bebé», declaró el asesino que hoy anda libre por las calles de Estados Unidos, protegido por el gobierno de ese país, mientras nuestros Cinco Héroes antiterroristas siguen presos en sus cárceles, a pesar de ser inocente de los cargos por cuales se les acusan.

Cuando recuerdo esta triste fecha, me convenzo cada día lo importante que resulta continuar insistiendo en el interés mundial para que se juzgue a Posada Carriles. La solidaridad internacional crece con ese fin y estoy segura que no decaerá hasta que se logre.

Fabio Di Celmo nació el primero de junio de 1965, en Génova, Italia. Sus padres, Giustino Di Celmo y Ora Bassi, se habían casado varios años atrás y después de vivir un tiempo en Argentina, donde nacieron Tiziana y Livio, sus dos primeros hijos, habían regresado definitivamente a Italia. Muy pequeño Fabio comenzó a estudiar y el ansia de conocer le acompañó ya por siempre.

Compartía con sus padres y hermanos la pasión por la buena lectura. Nació y creció entre los libros que cubrían buena parte de las paredes del hogar y su gusto por ellos aumentó con el tiempo. Sus padres se ocuparon de que su preparación fuese amplia y sólida. Cuando Fabio cumplió cinco años, Giustino y Ora comenzaron a llevarlo todos los años a Canadá para que el niño aprendiera a comunicarse en las lenguas francesa e inglesa, idiomas que llegó a dominar plenamente.

El padre, hombre apasionado por el arte y la historia de su tierra natal, había bautizado a su primera hija con el nombre de Tiziana, en homenaje al eminente pintor italiano Tiziano Vecellio, representante máximo del Renacimiento veneciano. Al segundo, lo llamó Livio, como el héroe de la antigua Roma y, siguiendo la tradición que ya había iniciado, a su tercer hijo lo bautizó con el nombre de Fabio. Según Giustino, Fabio vino a Cuba porque a él no le gustaba la injusticia en ningún sentido.

Mi hijo sintió el deseo de ayudar, y la única forma que tenía de hacerlo era ofreciendo su modesta experiencia y su trabajo. Desde el primer momento en que pisó tierra cubana sintió una emoción muy fuerte. Mucho había soñado con conocer a este pueblo hospitalario, humano y cariños

Wilmina Chapman Peralta

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