
Las fotos que exhiben los bares de Ares


(Protestas airadas de uniformados con capucha)
Estas últimas semanas, la Ertzaintza, ese aguerrido cuerpo de muchachotes, formado en las técnicas de lucha cuerpo a cuerpo contra todo tipo de espécimen racional (aunque destacándose en la batalla contra los peligrosísimos ancianos, las aguerridas mujeres y los sospechosos niños), entra con pasamontañas a las tabernas vascas, armado hasta los dientes, con el único objetivo de retirar todas las fotografías de reclusos que allá se hayan colocado, e incluso de líderes mundiales.
Porque así cree cumplir lo que han ordenado jueces tan celosos de los códigos como Baltasar Garzón, su hermano espiritual Grande-Marlaska, o su primo profesional Del Olmo, el virtual Tribunal de Orden Público, que actúa impunemente, vestido de gótico y nominado eufemísticamente Audiencia Nacional, amén de unos cuantos más que colocan sus posaderas en confortables asientos de Juzgados y tribunales de de todo tipo.
(Gritos de “¡Cállate ya, Tena, mamón!”)
No les afecta que lo aprendido en la Facultad fuese todo lo contrario de lo que se les exige desde el Ejecutivo, vía Palacio de la Zarzuela. Han olvidado el significado de la palabra derecho, teniendo por meta la aplicación de leyes ilegítimas, que saben violan determinados artículos de códigos internacionales.
Por tanto, podría llegar el caso de que fueran acusados de prevaricación a nivel global, eso sí, amparados en la eficacia para coartar las libertades públicas que muestra el Parlamento español, tan heredero de las Cortes de Franco como las niñas de Zapatero de Marilyn Manson. ¡Ay, las fotos…!
(Voces de “Arriba lo Gótico, viva la catedral de Burgos y la de León”)
¿Por qué la Ertzaintza no ha entrado a saco a la sede de la agencia EFE, o de la revista Diez Minutos y ha requisado esos documentos, impidiendo que las indefensas descendientes del mandatario fueran objeto de vejaciones de toda clase?
Y para colmo, el viaje de la familia, a bordo de un avión más parecido a un hotel de lujo que a un Boeing normal, ha sido abonado por toda la sociedad española, sin que siquiera se le haya consultado previamente, aunque todos supongamos que los gastos serán sufragados con la subida de impuestos a los más débiles. Como debe ser en un sistema democrático, presidido por un gabinete de corte socialista.
(Toses y murmullos)
Estamos de acuerdo en que las dramáticas fotos de la familia ZP, no lo son tanto como las de los presos vascos… ¿Había algún retrato del terrorista Lenin (según la particular deducción de Rudoff Hess, digo Ares) en la Herriko Taberna de Deustu? ¿Saben con certeza Patxi López, o Garzón, que Vladimir perteneció a ETA, o a su rama político-militar?
(Rumores de “¿Ese Lenin era de Mondragón?”)
Entre las fotos de las nenas de Zapatero, las de Farruquito bailando como si nada, tras haber provocado la muerte de un peatón, las del asesino ex general de la Guardia Civil Rodríguez Galindo disfrutando de libertad, las de los no menos delincuentes Amedo y Domínguez, las de Barrionuevo y Felipe González abrazados tras la condena del primero, tan entusiastas de la democracia como el Rey de la reivindicación de los ciudadanos masacrados por su padrino político Francisco Franco, las del demócrata Vera atrapado con las manos en los maletines repletos de millones, destinados a la guerra sucia (es decir, al terrorismo de Estado).
Entre toda esa ristra de documentos gráficos, insisto, los que menos rechazo producen en la sociedad vasca son las de los reclusos, que no pueden cumplir su condena en las prisiones más próximas a su domicilio.
¿O acaso es delito que las familias de condenados, exijan al gobierno que las celdas donde se ubican sus allegados, se hallen cerca del lugar donde residían? ¿Es que el sadismo y la miseria moral acaso tienen las facciones de Patxi López y Rodolfo Ares?
(Telón. Gritos de protesta y vivas a Franco, Ares, López, la Falange y el 18 de Julio)
Carlos Tena

























































































