Para que la nueva democracia camino al socialismo tenga presente

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El despliegue de la actual crisis capitalista, que es mucho más que una crisis financiera, vuelve a poner en el centro del debate el presente y el futuro de la democracia y del socialismo, a partir de los reveses sufridos, de las lecciones aprendidas y de los resultados concretos tanto de la restauración capitalista en vastas zonas del mundo como de los cambios sufridos en el capitalismo mundial a raíz de su reestructuración material e ideológica bajo la égida del neoliberalismo y del poder militar unipolar de EEUU, en su condición de única superpotencia mundial.

Estos retos, para ser respondido de la mejor forma, precisan de dos negaciones de signos diferentes, aunque muy interrelacionadas:

1. La negación del capitalismo existente, del capitalismo neoliberal, a través del accionar revolucionario y transformador.

2. La negación superadora del tipo de tránsito al socialismo que fracasó en la URSS y en el Este europeo.

Lo primero está relacionado con la profundización de las luchas contra el neoliberalismo y sus efectos, con el combate por una democracia participativa e integral, con el desplazamiento del poder y la pérdida de hegemonía de las clases y sectores beneficiarios del modelo neoliberal, con la recuperación de la soberanía y la autodeterminación desde una lógica antiimperialista y con la conversión de la opción anti-neoliberal en proceso pos-capitalista.

Lo segundo precisa de reformulaciones y planteamientos nuevos que dejen a un lado presupuestos seudo-socialistas fallidos y contengan ideas más a tono con las experiencias vividas a superar; exige definir los ejes básicos del socialismo del siglo XXI sobre bases más consistentes, tales como:

· Que es falso que no exista diferencia entre el socialismo como tránsito y el tránsito al socialismo, pues lo contrario condujo a denominar como socialismo a procesos bajo su orientación que por razones histórico-concretas estaban muy lejos del ideal que es posible prefigurar.

· Que el tránsito al socialismo en países de escaso desarrollo de las fuerzas productivas, en el marco de un orden mundial y de un mercado predominantemente capitalista, no podía ser corto como se suponía, sino que necesariamente deberá ser largo, y contemplar procesos ascendentes de acumulación originaria (material, espiritual, cultural, institucional)… que posibiliten la permanencia de la diferencia en cuanto a valores esenciales respecto al orden capitalista dominante, sin graves crisis estructurales y sin retrocesos como los registrados en escenarios nacionales y regionales hace diez años.

· Que los valores del proyecto de transformación socialista deben ser previamente asumidos y practicados por sus fuerzas motrices o sujetos político-sociales del cambio y que, visto como proceso, esos valores necesitan forjarse aún antes de la ruptura revolucionaria; mientras las ideas, espacios, fuerzas y poderes que lo encarnen deberán comenzar a gestarse en el curso de las luchas que anteceden a la construcción de la nueva sociedad y dentro del accionar subvertidor del orden opresor establecido.

· Que nada humano debe ser ajeno a ese proyecto emancipador, el cual no debe reducirse a las esferas de la economía y las relaciones de propiedad.

· Que la vida ha demostrado que la propiedad estatal no equivale a propiedad social y mucho menos a socialismo, aunque ella, acompañada de determinadas formas de gestión (autogestión, cogestión, cooperativización…), puede ser uno de los componentes de una propiedad social más diversa y de un determinado proceso de tránsito revolucionario y de construcción socialista.

· Que el socialismo puede tener diferentes modelos, ritmos y formas en el tránsito hacia él y en su propia fase de maduración y desarrollo, dependiendo del punto de partida de la superación del capitalismo y de las características dominantes, y el nivel de desarrollo de ese sistema, de sus fuerzas motrices, de la idiosincrasia de los pueblos, del espacio geopolítico, de las modalidades de opresión a superar, de las esencias culturales, las identidades nacionales y regionales…

· Que el proyecto de emancipación social que responde al nombre de socialismo fue y debe ser concebido como un proceso multilateral, esto es, de carácter integralmente liberador y, en consecuencia, como una nueva relación de poder en todos los órdenes: en el del dominio de clase y de género, en las relaciones sexuales, en el vínculo entre generaciones, en la relación con la naturaleza, entre los componentes étnicos dentro de la sociedad, en las relaciones de familia, en los procesos formativos de conciencia, en el plano cultural y espiritual, en la participación y la toma de decisión, en la correlación entre minorías y mayorías de diferentes signos, en el tratamiento de las diferencias físico-mentales entre seres humanos…

· Que toda reducción, toda limitación del proceso en esos y otros aspectos, deben ser valorados como carencias que afectan su plenitud y ponen en riesgo su avance y permanencia.

· Que la relación entre el proceso de socialización de la propiedad, que conlleva la eliminación del trabajo asalariado y el traspaso de los medios de producción y distribución a los/as trabajadores/as, debe ser armónico con la socialización del poder y de las relaciones de poder y que, por tanto, la democracia en lo económico y en lo social sin democracia en lo político, en lo cultural, en las relaciones entre géneros y etnias, tendría un resultado trunco e inconsistente.

· Que la burocratización de la propiedad y del poder estatal, generalmente vinculada a la falta de democracia, equivale a la negación de valores socialistas fundamentales y lleva consigo consecuencias nefastas ya conocidas.

· Que si bien es posible y necesario hacer avanzar las transformaciones de orientación socialista en limitados escenarios nacionales y regionales, y si es preciso reconocer que esos escenarios resultan ineludibles y además constituyen las primeras instancias de ese proceso transformador, es preciso asumir que el carácter internacional del capitalismo obliga a pensar y actuar desde el proyecto prosocialista nacional o regional en términos mundiales. En consecuencia, es obligatorio oponer al internacionalismo del gran capital, ahora bajo el rótulo de globalización neoliberal, el internacionalismo de las fuerzas del trabajo, de la cultura liberadora y de la rebeldía de todos los sujetos explotados, oprimidos o excluidos a escala planetaria.

· Que el proyecto socialista, y mucho menos el tránsito hacia él, no equivale a la completa anulación del mercado, a la uniformidad de la propiedad social, a la anulación "ipso facto" de todo tipo de propiedad privada empresarial o individual, a la centralización extrema, al aplastamiento de la sociedad civil por el Estado, a la anulación de la diversidad política e ideológica, a la fusión del partido y del Estado en todos los planos, a la identidad absoluta de la política exterior del Estado con la de las fuerzas políticas y de las organizaciones sociales que sustentan y motorizan las transformaciones. Esto sin negar, más bien impulsando el proceso de superación progresiva del mercado y de la economía basada en el intercambio de mercancías con precios, a través de una economía de equivalencias basada en el intercambio de valores.

· Que no es cierta la total incompatibilidad del mercado con la planificación en el proceso de transición, y la de ésta con la participación democrática de todos los actores sociales y políticos interesados en el desarrollo y el bienestar social.

· Que los procesos de orientación socialista agredidos o las revoluciones sitiadas no deben elevar sus dignas restricciones, sus medidas de excepción y defensa en el terreno militar y policial, a principios o virtudes eternas del proyecto y que, además, no ayuda al constante avance transformador, la mitificación de los procesos compulsados por poderosas fuerzas externas y forzadas temporalmente al recorte de libertades y derechos esenciales al ideal socialista.

· Que la necesaria coerción anti-burguesa en los procesos de tránsito al socialismo y la propia esencia de clase del socialismo jamás deben confundirse con despotismo de Estado, de partido o cúpulas burocráticas, y jamás deberán volcarse contra los (as) trabajadores (as) y el pueblo.

· Que la colectivización y socialización como proceso nunca debe imponerse contra los actores sociales que son esenciales a ellos, que deben ser procesos conscientes basados en la educación popular e impulsados por líderes auténticos (as) de sectores y comunidades.

· Que el predominio del interés social debe ser armonizado con el interés y los derechos individuales y las metas nacionales nutridas con las necesidades y anhelos que brotan de la cotidianidad, puesto que no es auténtico el proyecto colectivo que irrespete sus componentes y que no atienda lo que toca el alma de cada ser en su vida diaria.

· Que el proyecto socialista y sus actores políticos deben ser portadores de una moral y una ética que reúna los valores más nobles en el comportamiento de los seres humano y en sus relaciones (de pareja, familia, vecindad y comunidad laboral o social); que potencie la honestidad, la franqueza, la solidaridad y el amor en todas sus acepciones y que cuide de no dañar a otros seres ni físicamente ni espiritualmente, y no afectar el avance hacia la felicidad individual y colectiva, ni obstruir el desarrollo libre, integral y solidario de la humanidad.

· Que la transformación, vía nuevos procesos formativos y culturales, de los seres humanos en nuevos hombres y nuevas mujeres, plenos de bondad y solidaridad, libre de egoísmos y mezquindad, es un objetivo central del nuevo proyecto socialista

De las experiencias pro-socialistas fallidas y del ambiente decadente, enajenante, explotador, opresor y destructor que impone el capitalismo actual se derivan éstas y otras consideraciones útiles para recrear la utopía y el mito revolucionario que esta nueva época exige.

Del fenecido socialismo irreal y del capitalismo brutal y en crisis profunda que sufrimos, brota la necesidad de un proyecto renovado que recoja lecciones, construya pautas como éstas y otras cargadas de iguales intenciones, y desate las energías creadoras de los pueblos hacia nuevas sociedades nacionales, regionales y planetarias donde prime la justicia, la honestidad, la solidaridad y el avance hacia el bienestar y la igualdad.

Narciso Isa Conde

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