Rogelio Cobas: Soy artista desde que nací

Imagen de Jesus Dueñas Becerra


“La constancia no está en empezar, sino en perseverar” -Leonardo da Vinci-

El ejercicio del periodismo me ha permitido establecer contacto con personas y realidades que -de otro modo- no hubiera ni siquiera imaginado en mis más bellos sueños infanto-juveniles.

Una de esas personas es el maestro Rogelio Cobas, personalidad relevante del arte caribeño contemporáneo, a quien entrevisté en su casa-estudio, en el municipio de La Habana Vieja, en la capital cubana, con la “complicidad” de los artistas de la plástica Jesús Lara Sotelo y Omar Godínez Lanzó, quienes propiciaron mi encuentro con el insigne escultor.

Rogelio Cobas es un artista octogenario, conocido por su fecunda obra escultórica dentro de la geografía insular y fuera de ella, de hablar pausado, pero seguro, y con cada palabra -“escapada” de su mente y de su alma- me convencía de que la vejez es la edad de la sabiduría y de la paciencia, con encantos y atractivos, que sólo el anciano puede “descubrir”… en el centro mismo de su “yo”.

A la pregunta de cómo surgió en él la motivación por el arte, me contestó de inmediato: “ yo soy artista desde que nací. En la escuela, comencé a dibujar, y a esa actividad le dedicaba atención, energía, pasión , hasta que, en la adolescencia, logré matricular en la Academia “San Alejandro”, donde pude encauzar mi vocación hacia las artes plásticas”.

No sé por qué curiosa asociación de frases interiores, mi memoria evoca un aforismo martiano: “ las cualidades esenciales del carácter, lo original y enérgico de cada hombre, se deja ver desde la infancia en un acto, en una idea, en una mirada”.(1)

En la Academia “San Alejandro”, “ tuve la suerte de conocer a un maestro de la talla de Mario Santí, quien despertó mi interés hacia la escultura, a la cual me he dedicado en cuerpo, mente y alma durante una buena parte de mi vida. Santí era de esos maestros que no sólo enseñan lo mucho que saben, sino también aguijonean el intelecto y el espíritu del estudiante”.

Mi entrevistado es contemporáneo del maestro Wilfredo Lam, uno de los grandes genios del arte universal, cuya emblemática obra “ admiré profundamente. Cuando Lam venía a La Habana, lo visitaba para intercambiar opiniones y recibir sus valiosas enseñanzas. Coincidimos en varias ocasiones, tanto en entrevistas periodísticas, como en exposiciones personales y colectivas ”.

Cobas interrumpe su fluida exposición para aclarar: “ yo soy un amante apasionado de la vida y la obra de Wilfredo Lam, de quien fui amigo en el plano personal , pero jamás se me ocurrió imitarlo ni tratar de parecerme a él (ni a nadie), porque cada artista es único e irrepetible [o como diría el filósofo francés Buffon: ‘el estilo es el hombre’)”.

El maestro Rogelio Cobas ha dedicado una buena parte de su existencia a la enseñanza artística, a la que se incorporó en la Escuela de Arte de Camagüey primero y de Santiago de Cuba después.

En esos planteles educacionales, “ trabajé mucho y me relacioné con un grupo de jóvenes, deseosos de aprender los ‘secretos’ de la plástica en general y de la escultura en particular”.

“Con mis estudiantes me llevaba muy bien, como un padre con sus hijos -precisa- pero siempre acaricié la idea de dar el ’salto cualitativo’ hacia la capital , hasta que lo conseguí”.

Cobas hizo realidad su aspiración de ejercer la docencia artística en la carpenteriana Ciudad de las Columnas, donde “ me ‘estrené’ como profesor de la Escuela de Instructores de Arte, que dirigía el maestro Núñez Buco, quien me abrió de par en par las puertas de dicha institución”.

En la Escuela de Instructores de Arte, “ inicié mi despegue como escultor, ya que comencé a participar en exposiciones (como parte del proceso de superación del propio creador), y a predicar con el ejemplo: el mejor código ético en que puede estructurarse la labor pedagógica del maestro, no sólo como formador de artistas, sino también de seres humanos dignos y virtuosos”.

Para el destacado escultor y profesor, “ siempre se aprende mucho del discípulo, sobre todo por su espontaneidad y frescura juvenil; alimentos indispensables para el intelecto y el espíritu del maestro. Por último, puedo decirle -sin temor a equivocarme- que yo he aprendido mucho más de mis estudiantes que ellos de mí ”.

Cobas percibe a sus discípulos Jesús Lara Sotelo y Omar Godínez Lanzó como “ excelentes artistas y magníficas personas, en quienes descubrí talento y sensibilidad; por esa razón, traté por todos los medios de que se acercaran a mí para ver de qué forma podía seguir ayudándolos y orientando su proceso de crecimiento artístico, humano y espiritual, que se halla en pleno desarrollo”.

A título de despedida, el maestro Rogelio Cobas les recuerda a los jóvenes que se inician en el campo de las artes plásticas, que el “secreto” para triunfar es muy sencillo: “ trabajar, trabajar, trabajar, porque el trabajo es la base, la columna vertebral, en que descansa el poderoso edificio del arte [en su acepción más amplia]”.

NOTAS

1. Martí, José. “Músicos, poetas y pintores”, en La Edad de Oro. La Habana: Editorial Gente Nueva, 2004: pp. 128-9.

Jesús Dueñas Becerra, Crítico y periodista
Foto: Jesús Lara Sote
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