
Santa Cruz del Sur, símbolo del pueblo que merece su Revolución


Allí fallecieron al menos 3 mil personas, según los dudosos datos oficiales de la época, considerada la mayor catástrofe sufrida en la Isla, que cada año recibe el embate del algún ciclón, al igual que sus vecinas caribeñas.
Sin embargo, otra afirmación de un anciano, también lejos de Santa Cruz, me golpeó por el poder de la memoria colectiva de generación en generación. Dijo el hombre: “y eso que nadie habla de los tantos que se suicidaron cuando se vieron en la desolación”.
Ahora, el simbolismo que adquiere Santa Cruz del Sur viene a resumir los 47 municipios muy afectados, 35 por los huracanes Gustav e Ike, y 12 por anteriores eventos meteorológicos.
Nacionalmente, se trasladaron a sitios seguros más de 1 200 000 habitantes, casi el 18% de ellos (unos 220 000) ubicados en 1 448 albergues, y el resto en hogares de familiares y amigos en habitual gesto solidario.
En menos de 48 horas, durante la evacuación hacia las instalaciones seguras que ofrecieron alojamiento provisional, fueron empleados más de 4 000 medios de transporte automotor y 13 trenes, así como cerca de 500 máquinas ingenieras y tecnología de comunicaciones.
Los daños por Gustav e Ike representan nueve mil 349 millones de dólares, a lo que hay que sumar lo ocasionado por Paloma. De los gastos en prevención, el Presidente cubano dijo: "las medidas preventivas son costosas, pero valen la pena por tal de preservar las vidas humanas".
¿Cuántas personas colaboraron y cuánta comprensión y disciplina aportaron los afectados? Imposible saberlo, es algo que no cabe en estadísticas.
Esta vez nadie falleció, pero la coincidencia histórica del lugar y la fecha, añadió sobre los pobladores una sobre vivencia de recuerdos trágicos que no se daría en otro sitio de Cuba, que no fuera Guayabal a 35 kilómetros de allí.
Las autoridades locales lo comprendieron, y con sensibilidad y respecto reaccionó también el gobierno nacional, como ha sido históricamente habitual. El vicepresidente José Ramón Machado Ventura y otros altos dirigentes departieron con los damnificados y evaluaron la situación a horas de los sucesos.
A los moradores de Santa Cruz se les mostraron las imágenes de su localidad antes de ser transmitidas por la televisión, especialmente del barrio conocido como La Playa, donde la furia del mar apenas dejó nada en pie. Olas de 4 metros de altura y recorrido de las aguas hasta kilómetro y medio tierra adentro fueron como un tsunami.
A los niños se les dio un tratamiento especial. Hubo consenso en que los hombres fueran primero al lugar para organizar facilidades transitorias para las mujeres, ancianos y los niños. Con ellos conversó Raúl donde se alojan en la Universidad de Camagüey.
Mientras observábamos las imágenes del intercambio en la Televisión eran visibles la concentrada atención y hasta la tranquilidad poco habitual de nuestros niños desinhibidos por naturaleza.
Las viviendas destruidas o averiadas en el municipio de Santa Cruz del Sur llegan a 9 889, de ellas 1 353 con derrumbes totales. Según testigos y comprobaciones.
Durante su estancia en el centro de evacuación, el Segundo Secretario del Comité Central del Partido conversó con los esposos Elia Rosa Pérez y Wilfredo Nemesio Sánchez, quienes siendo niños vivieron la tragedia de 1932. Ahora, les aseguró Raúl, trabajaremos para que vuelvan a tener una casa bonita, reportaron desde el lugar.
Tras constatar el optimismo de los santacruceños, dijo que ese es el espíritu que nuestro pueblo ha demostrado siempre en los 50 años de Revolución, ante agresiones armadas, actos de terrorismo y bloqueo genocida.
Raúl concluyó su diálogo entre lo pobladores con la frase: "Confíen en la Revolución, como nosotros confiamos en ustedes". En aquellos rostros había cambiado la seria concentración y se escuchaba algarabía y un aplauso cerrado.
Pero además, en el conjunto de las imágenes conmovedoras que nos han entregado en estos días los corresponsales de la televisión en Camagüey, son imborrables las del señor que dijo: “Estoy vivo… si estoy vivo no puedo estar sentado”.
Y, las de la señora que lloraba desde el impacto y lo profundo de los recuerdos, pero que al reponerse le expresó al reportero: “Soy revolucionaria. No me doy por vencida”.
Es el pueblo que merece su Revolución.
Norelys Morales Aguilera

























































































