Uribe se auto incrimina

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El señor Álvaro Uribe Vélez estuvo el pasado 16 de agosto en nuestro país, invitado por su homólogo Leonel Fernández a la ceremonia de continuidad de su mandato presidencial.

Leonel se reeligió a “papeletazos” sucios frente a un contrincante de la partidocracia tradicional postulado por la también corrompida y neoliberal cúpula del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Ese día inició su tercer mandato. El primero fue del año 1996 al 2000 y el segundo del 2004 al 2008.

A la ceremonia de “toma de posesión” fueron convocados todos los presidentes de América Latina y el Caribe, con la pretensión de reunir un espectro diverso de expresiones políticas de izquierda, centro y derecha.

Leonel siempre batea a la derecha. Pero cuando se dispone a mirar del aeropuerto hacia fuera y a pensar en los beneficios de PETROCARIBE, se cuadra a la “izquierda”. Esas poses momentáneas les son altamente rentables.

Esta vez no se le dio el menjurje. Ni Chávez, ni Correa, ni Evo, ni Cristina… se dispusieron a visitar la “Primada de América”. Prefirieron –y con razón- darle el espaldarazo al Obispo Lugo, que luce más afín a la onda progresista y dispuesto a alianzas firmes con el “eje del bien”. Cuba también envío al Paraguay a su nuevo primer vice-presidente Machado, mientras Esteban Lazo estuvo en Dominicana.

De los(as) nuevo(as) “progre” solo estuvo la Bachelet, que luce significativamente derechizada y sumamente identificada con la capacidad de simulación del presidente dominicano, conocido por su locuacidad postmoderna, por su adhesión a la impronta globalizadora, por su empeño en privatizar, por la corrupción que arropa su gestión gubernamental y por su amor a la fatuidad del poder y a los espectáculos mediáticos.

El resto de la corte invitada estuvo fuertemente impregnada de aquellos componentes de la nueva la derecha, de los “líderes” de la caverna moderna del continente, entre los que sobresale el señor Uribe Vélez, presidente de un estado narco-terrorista, de un sistema político fascistoide y de un para-militarismo grotesco y criminal.

La denuncia sobre el plan criminal en mí contra dirigido desde Colombia, precedió a la referida ceremonia, con precisos señalamientos de la responsabilidad del señor Uribe, la CIA y sus sicarios. Los medios escritos, radiales, televisivos y digitales del país recogieron con pelos y señales el contenido de la carta que deposité en la Procuraduría General de la República describiendo la referida trama.

El tema estaba en el ambiente político nacional y más allá, lo que motivó que algunos periodistas, especialmente pertenecientes al staff de los periódicos El Nacional y Hoy interrogaran al señor Uribe Vélez sobre lo denunciado.

Uribe respondió diciendo “no conozco los detalles de eso” e inmediatamente arremetió contra las FARC-EP, calificando de “terroristas” y “matones” a sus integrantes y afirmando que entre esa organización insurgente y el narcotráfico “no había diferencia”.

Palabras significativas para cualquier entendedor: no conoce los “detalles”, pero si el meollo de esa determinación.

Quiso ser evasivo, pero la mala conciencia lo traicionó y para salir rápidamente del hoyo desvió la mira de su ametralladora verbal contra las FARC y arremetió en los términos señalados ¡Bien se ha dicho que el ladrón siempre juzga por su condición y Uribe no es una excepción!

Al invitado especial del Presidente Fernández se le “salió el cobre”. Se le rasgó el traje de gala, después de enviar días antes -y muy discretamente- a sus jefes matones y oficiales de inteligencia en busca del respaldo de las autoridades militares y civiles dominicanas a sus funestos propósitos criminales, oportunamente denunciados.

Uribe habló y de hecho confirmó sus intenciones.

Leonel Fernández “escurrió el bulto”. Y hasta ahora ha guardado silencio, pese a que en la denuncia hablé de peligrosas visitas y reiteradas diligencias colombianas perfectamente conocidas por el presidente dominicano.

Claro, nadie se atrevió a preguntarle sobre estas cosas al mandatario dominicano para no ponerlo en apuros en su tercera fiesta presidencial.

Me dicen que el Procurador Radhamés Jiménez, con supina irresponsabilidad, le dijo a un medio electrónico que él “no podía hablar de lo que desconocía”; cuando, con su aprobación, esa dependencia oficial está directamente conectada con una ciudadana colombiana “encargada” de mi “caso”, siempre en relación con personal “especializado” de las embajadas de Colombia y de los EEUU. Habló mentira, mientras sus superiores callan.

El procurador, el presidente y los jefes militares y policiales saben perfectamente a que han venido los generales y agentes colombianos.

Saben también que una importante figura de la diplomacia colombiana en República Dominicana, recientemente designada, es un paramilitar consumado, verdugo vestido de gala con varias cicatrices en su cuerpo, vestigios de heridas recibidas a lo largo de sus múltiples fechorías.

El tema salió de la oscuridad.

El silencio quedó atrás y la opinión del pueblo entró en escena: ¡no pasarán¡

Narciso Isa Conde

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