blog de Viejoblues

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La insoportable levedad de Internet según EEUU

Tienen razón los que ven con suspicacias la aparente buena noticia de que Estados Unidos permitirá a las empresas proveedoras de ciertos servicios en Internet, particularmente a las que ofrecen mensajería instantánea, chat e intercambio de imágenes, que abran sus aplicaciones a Irán, Cuba y Sudán sin miedo de que caiga sobre ellas una multa millonaria.

Hasta el pasado 8 de marzo sobre esas compañías sobrevolaba la posibilidad de una severa sanción por “comerciar con el enemigo”, aunque el Departamento del Tesoro se había hecho siempre el de la vista gorda con Google, Twitter y Facebook, por citar tres bastante conocidas incluso para los países “beneficiados” por la nueva normativa.

En el océano de notas que ha circulado al respecto, suele exagerarse el entusiasmo hacia la medida del gobierno del Primer Ciberpresidente de la Historia Imperial, como si a estos tres países les estuvieran haciendo el regalo del siglo, cuando en realidad las grandes favorecidas son la empresas de servicios de Internet, que se repartirán el botín dispuesto por el Departamento de Estado para la subversión en esos países utilizando la Red de Redes, eje de lo que la Secretaria Hillary Clinton ha llamado la “Diplomacia del Siglo XXI”.

En su discurso del pasado 21 de enero, un clásico de la soberbia política en la Era de la Sociedad de la Información, Clinton nos advirtió que los diplomáticos norteamericanos -y obviamente sus agentes de Inteligencia- están trabajando ya en 40 países para “ayudar” con tecnologías de telecomunicaciones a las personas que compartan con Estados Unidos su particular modo de concebir la “democracia”, aunque la visión estadounidense de cómo se gobierna y se somete a un país se encuentre en la antípodas de lo que puedan desear para sí los pueblos de esas 40 naciones.

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¿Aplicamos la legislación de otros países a los “disidentes” cubanos?

En Cuba existen cerca de 50 personas a las que los grandes medios de comunicación etiquetan como “presos políticos”, “presos de conciencia” o “disidentes”. Los gobiernos de los países más poderosos y ricos del mundo se apoyan en este argumento para presionar al gobierno cubano y tratar de forzar los cambios en la Isla acordes a sus intereses políticos y económicos.

La conocida y prestigiosa organización Amnistía Internacional también califica con estos términos a algunas de estas personas. Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello?

Hay que recordar que ninguno de los llamados “disidentes” ha sido penado por delitos de opinión, sino por su colaboración directa con el gobierno de Estado Unidos a través de diferentes medios, básicamente la recepción de fondos económicos.

Esta superpotencia, cuya economía representa hoy cerca de un tercio de toda la economía mundial, mantiene un bloqueo económico que provoca graves privaciones a la población de la Isla y que ha sido condenado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 18 ocasiones.

Además, protege en su territorio a personas responsables de centenares de víctimas por actos terroristas en la Isla, y mantiene ocupada una parte del territorio del país, la Bahía de Guantánamo, contra la voluntad expresa del pueblo y del gobierno cubanos.

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Argentina: La cuadratura del circulo

Pino Solanas tiene mareados hasta a los periodistas. Ha dado tantas vueltas sobre el pago o no de la deuda externa que ni los profesionales de la comunicación saben si plantea pagarla o no pagarla.

El martes 9, Pino largó la penúltima versión: “pagarla en consignación”. Lo hizo en el programa de TN “palabras más, palabras menos”. Zlotowiagzda, notoriamente no entendió de qué hablaba Solanas, aunque esto obedezca quizás a las limitaciones del periodista.
Pagar en consignación es como hacer un depósito judicial; el acreedor no cobra, pero el deudor demuestra voluntad de pagar.

Para Solanas sería una forma de condicionar el pago a una previa investigación de la deuda. Por el plazo que dure la disputa, nos jodemos a mismo título que nuestros acreedores, porque ellos no cobran, pero nosotros nos privamos de los recursos correspondientes. No parece una salida nacional y popular sino una parodia.

Hay algo más. La jurisdicción para dirimir controversias sobre deudas externas no es Buenos Aires sino Nueva York o Londres.

Así ha quedado establecido en los contratos. Un pago en consignación significa dejar en manos de un juez extranjero la solución del caso.

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¿Danza con lobos?

En el 2004 fueron emitidos dramáticos mensajes y fotos sobre cuatro contratistas norteamericanos ejecutados en Irak. El suceso hizo suponer a los desprevenidos que se trataba de civiles a cargo de reparar lo destruido por los invasores, pero pronto se supo que eran mercenarios.

Poco antes habían circulado detalles relativos a empresas formadas con ex soldados y oficiales, sobre todo de los ejércitos norteamericano y británico, quienes actuaban en cualquier sitio con el único requisito de ser pagados en efectivo o con recursos naturales. Dinero, minas, o acciones en empresas africanas, por ejemplo.

Estas corporaciones son fruto del modelo neoliberal que antepone el mercado y las ganancias superlativas a cualquier otra consideración ética y coloca el destino de un país, o el de sus habitantes, en carácter de artículo vendible o comprable.

Dicho de otro modo: las guerras fueron privatizadas, tal como se hizo con industrias, yacimientos, sistemas sanitarios o infraestructura de servicios. Sobre esas bases surgen firmas como la Blackwater (hace poco rebautizada con el esotérico sello de Xe Services LLC, para lavarse la cara tras ser prohibida su presencia en Irak, debido a la injustificada matanza de civiles).

La DynCorp (otra favorita del Pentágono) o, entre tantas, la muy beneficiada Development Alternatives, Inc. (DAI), que según testimonio del ex agente Philip Agee, es uno de los instrumentos de la CIA destinado a desestabilizar países donde no hay el tipo de "democracia" que Estados Unidos quiere imponer. Opera en Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua y otros países.

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¿Quién mató a Jon Anza?

Pasó que- imaginemos- que yo mismo llego con un hombre con un infarto no terminal a un hospital. Supongamos que llamo a los bomberos, por supuesto nunca llamaría a una ambulancia, pues es sabido que un infarto de corazón puede ocasionar un incendio en la calle.

Supongamos que ya está dentro del hospital y que como es un desconocido sin identificación alguna, porque es evidente que todos los infartados pierden la documentación o la tiran antes del infarto -no está bien visto que a uno le acusen de ser un enfermo de corazón, pierde caché en la tele- más aún si es un expreso de las cárceles españolas donde pasó 21 años; supuesto esto en el hospital nadie hace preguntas, nadie quiere hacer preguntas.

Supongamos que muere después de 15 días sin que se le hayan tomado muestras biológicas, o las simples huellas dactilares. Supongamos que al muerto no se le entierra después de muerto porque como no hay quien lo reclame lo meten en un frigorífico. Supongamos que los muertos hablaran y que el inmigrante africano hubiera muerto en las mismas circunstancias, le diría a Jon Anza: “claro, como tú eres vasco, pues al fresquito, y a mí que me zurzan”.

Supongamos que todos los no identificados se pasan años en los frigoríficos de los hospitales franceses y que después de diez años –tiempo que las legislaciones comparadas establecen para dar por desaparecido a un ser humano- se le entierra en tierra firme, nunca en cal viva. Los hospitales franceses tienen unas morgues de varias plantas y miles de frigoríficos donde se ubican a quienes se les llaman “zombies”

Supongamos que el hombre que yo vi en la calle enfermo estuviera desorientado y casi muerto, le robo la documentación, el dinero –menos unos 500 €, para despistar- , aunque sé que dejarle 500€ es un desperdicio del que se apropiará alguien en el largo trecho de su escasa vida.

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Willy Toledo: Cada día somos más y no nos van a parar


Carta a quienes me han apoyado

En esos días los marines ya andaban tomando posiciones en Haití, el pueblo afgano enterraba a sus muertos tras la última masacre cometida sin querer en nombre de su libertad y su dignidad, la mayor fosa común encontrada en América, con dos mil cadáveres descuartizados, se sellaba en Colombia con tierra nueva y censura antigua protegiendo a los responsables de cavar el agujero.

El periódico Egunkaria seguía secuestrado y sus trabajadores periodistas (que no empleados, como se lleva ahora) silenciados; un palestino miembro de Hamás fue asesinado fuera de su tierra por un grupo de sicarios en nombre de Israel con pasaportes (pasaporte físico, del otro también) de distintas democracias europeas escrupulosas defensoras de los derechos humanos.

El cincuenta por ciento de la riqueza mundial seguía en manos de las cien familias más poderosas del planeta y Tony Blair, José María Aznar, George Bush, el grande y el chico, y Javier Solana disfrutaban de todos los respetos y beneficios obtenidos en pago por sus crímenes de guerra.

En fin, abreviando que me voy, los banqueros seguían en la calle y los políticos que nos mienten y los jueces para la democracia que los protegen (a políticos y banqueros) andaban entretenidos en sepultar para siempre -para que no queden dudas de que nunca existió, por si acaso se repite- la Memoria Histórica; la Memoria Histórica del pueblo aplastado, claro, no la memoria histórica de esa democracia que nos dejó a modo de advertencia, impuesto por las urnas y bajo las armas, a un rey que guarda consigo las llaves que cierran el paso a la sepultura del pasado que esconde la brutal y dura verdad; y una vez en faena, aprovechan para enterrar también al juez ambiguo que, no hay que olvidarlo, ha ilegalizado partidos políticos demasiado incómodos y respaldados por parte de la población, emprendiendo en casa el equivalente patrio de la guerra global contra el terrorismo que se ha dado en llamar el “entorno de ETA”, una guerra que recurre también al método de la tortura y que, dicho sea de paso, no sólo este “entorno” parece sufrir.

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El silencio del parlamento europero

La memoria puede jugarle una mala pasada, incluso a los instrumentos más eficaces de la política de los países desarrollados. Aquellos que definen lo que es bueno o malo, magnifican las deficiencias de los demás, los clasifican y se arrogan el derecho de indicarles la conducta a seguir, acorde a sus propios modelos. Juzgar a otros no es un simple entretenimiento, sino que aplica una propaganda diferenciada para estigmatizar a quienes son censurables, en un ejercicio peligroso que linda con la injerencia en sus asuntos internos.

Cómo definir la mala conducta es un artilugio que puede maravillar a los más eruditos en el quehacer internacional. Por ejemplo, en la clasificación emanada de las instituciones de la Unión Europea sobre el resto del mundo resulta más evidente la ecuación.

Sus Estados miembros se hallan en la primera categoría, le siguen los Estados aliados (no importa los desatinos que cometan) y, en último lugar -aunque constituyan la mayoría del planeta reconocidos por la Organización de Naciones Unidas- están los terceros Estados. Queda claro que a estos últimos hay que “orientarlos”, monitorearlos, censurarlos y hasta castigarlos, si es preciso.

La historicidad obliga. En 1996 el Consejo de la Unión Europea impuso la Posición Común, que todavía condiciona las relaciones bilaterales al “comportamiento y respuesta del régimen cubano”. La citada Posición se suma al bloqueo estadounidense, pero a la usanza elegante de los europeos.

Las campañas orquestadas contra Cuba no son nuevas. En 2004, 2006 y 2007 el Parlamento Europeo emitió resoluciones sobre “la situación de los derechos humanos en Cuba”. Por esas razones a nadie debe sorprender la Resolución del reciente 11 de marzo.

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Las Líneas de Chávez: Con Marx, con Cristo, con Bolívar

El pasado lunes, 8 de marzo, se cumplieron cien años de haberse instituido el Día Internacional de la Mujer: fuimos al Panteón Nacional a conmemorar este luminoso centenario, pleno de significación revolucionaria y socialista.

En ese gran día quedó constituido el Frente de Mujeres Bicentenario 200, para profundizar el proceso de liberación de la mujer, de todas las mujeres, con el rumbo cierto que nos marca la vía venezolana hacia el socialismo.

Dice la intelectual venezolana Alba Carosio en su texto Los retos del socialismo feminista del siglo XX (2009): “El socialismo sólo puede afirmarse sobre nuevas relaciones sociales sin dominación, lo cual implica la revolución en lo inmediato, en la vida cotidiana, e incluye una nueva manera de ser mujer y hombre. La transformación socialista está entrelazada con la transformación de la institucionalidad que subordina a la mujer”.

Comparto plenamente la visión de Alba Carosio sobre la centralidad que tiene la vida cotidiana: allí es donde tiene que hacerse tangible el socialismo. Igualmente, la transformación de la institucionalidad es decisiva: el hecho de contar con mujeres en cargos públicos, de alcanzar determinado porcentaje, es importante pero no equivale automáticamente a que desaparezca la relación de subordinación y exclusión de la mujer.

No se puede construir el socialismo si los antivalores del machismo no son pulverizados por todas y todos. Sirvan unas palabras de Bolívar de julio de 1819 como inspiración y guía: “La mujer, la mujer…

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UniKornio azul

“No me digas quien te critica, porque no te diré quien eres”. “No es tanto problema que pongas palos en la rueda. El problema es que quieran dinamitar el sulky” (aforismos implicados)

“No es una pizca de exagerado, hablar de operaciones destituyentes. Las hay, las conocen, las ventilan, las analizan, las promueven o son cómplices por omisión. No lo blanquean porque son golpistas u oportunistas. Y si no hay ni habrá destitución, no es porque la oposición defienda la institucionalidad ni la Constitución, sino porque la gente no come vidrio, y porque en este país ya hemos sufrido demasiado”. (Sandra Russo. Lo destituyente una vez más)

“De este modo, si simplemente se restablecieran los aportes patronales, se anularan las prebendas a las corporaciones y se impusiera un mínimo gravamen a las transacciones financieras, el Estado tendría aproximadamente 42.000 millones de pesos, equivalentes a unos 11.000 millones de dólares, que casi duplican las reservas del DNU.

En esta breve síntesis, esbozada como base para un debate serio y sin exacerbar conflictos, sobre el futuro de la Argentina en el marco de la actual crisis mundial (Zaiat, Página/12, 6/2/10), puede percibirse que Proyecto Sur no es funcional a los neoliberales ni promueve ajustes en los salarios y el gasto social.

Más bien es posible preguntar quién es funcional al neoliberalismo. Somos una fuerza política comprometida con el interés nacional y el futuro de las mayorías sociales, en particular el de nuestros chicos y jóvenes condenados a la pobreza y la indigencia; no tenemos compromisos económicos con nadie ni estamos en oferta: nuestra decisión es hacer lo imposible por frenar el saqueo iniciado con la dictadura militar al costo brutal de 30.000 desaparecidos y sus consecuencias, el otro costo brutal en vidas humanas por hambre, miseria y enfermedades curables.

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Chile: Sebastián Piñera y la agenda privatizadora

El 11 de marzo asumió el gobierno Sebastián Piñera. El nuevo presidente ha anunciado un plan de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto.

Un periodista de Los Angeles Times que me entrevistó (Daniel Hernández, 5 de marzo 2010), me pregunta si este plan de reconstrucción no será la oportunidad para que Piñera le entregue la tarea al sector privado, más que al Estado.

La pregunta es muy penetrante, porque hace pensar que frente al drama humano y la necesidad económica urgente, el terremoto crea el gran espacio para reintroducir una agenda privatizadora más agresiva que permaneció contenida durante los 20 años de centro izquierda en gobierno.

El ajuste estructural a las economías de los años 80 del siglo pasado, el cual Chile empieza a aplicar después de la crisis del 82, suponía como condición un ajuste permanente y regulado de acuerdo a su evolución.

Su eje principal es la privatización de la economía y la reducción del Estado a un nivel máximo de funcionamiento en la gestión de la economía. Se podría decir el Estado en un punto 0 como agente económico, para rentabilizar al máximo la energía del libre mercado.

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